Fernando Martínez Laínez. Periodista y novelista

"Ningún novelista tiene el monopolio de la historia de España"

"Ningún novelista tiene el monopolio de la historia de España" "Ningún novelista tiene el monopolio de la historia de España"

"Ningún novelista tiene el monopolio de la historia de España"

-¿Una novela sobre Velázquez el año Murillo?

-El protagonista de la novela no es Velázquez, sino Ambrosio de Spínola, el general de Flandes que conquistó Breda. Velázquez, que nunca estuvo en Breda, llegó a coincidir con él en un viaje por el Mediterráneo.

-¿El vencido también pierde en la novela?

-Justino de Nassau era el antagonista. Un militar innovador. Fueron rivales durante muchos años.

-¿Como Guardiola y Mourinho?

-Algo así. Spínola era más generoso, no se ensañó con el vencido. Nassau, como buen holandés, era persona muy obcecada.

-¿Qué periodo narra?

-Cuando empiezan a manifestarse los primeros síntomas de la decadencia española. Los tercios en el siglo XVI eran invencibles, en el XVII empiezan a aparecer las primeras fisuras. España va empobreciéndose en continuas guerras.

-Flandes. ¿Se ha sentido profeta con todo lo que está pasando en Bélgica?

-No me extraña nada. En Bélgica todavía perdura un resentimiento subyacente hacia España. Es una caricatura de país sin un asentamiento político perdurable. Un país que en temas de derechos humanos tiene mucho que callar por lo que hizo en el Congo.

-Una política que noveló Vargas Llosa en El sueño del celta...

-El que mejor lo retrató fue Conrad en El corazón de las tinieblas.

-¿Le ha resultado fácil viajar del hoy del periodista al ayer de hace cuatro siglos?

-Los periodistas tenemos que ser muy devotos de la historia. El pasado es lo que explica el presente. La actualidad, que es de lo que vivimos los periodistas, no se entiende sin la historia. Un viejo profesor de la facultad decía que periodista con archivo, periodista invencible.

-A Puigdemont no le gustará saber que en el Ejército de Spínola había más flamencos que españoles.

-Bélgica era vasallo de la Corona española. Esa presencia todavía se nota en que tantos siglos después la mitad del país continúa siendo católica, en contraste con los holandeses protestantes. Se mantiene desde los tiempos de Felipe II.

-Primer libro de una trilogía. ¿Por dónde sigue?

-Tras el canto del cisne de Breda, el desastre general, que de manera simbólica se produce en Rocroi.

-¿El lector no asocia ese periodo con Alatriste y Pérez-Reverte?

-Hay espacio para todos. En un país tan amnésico, la historia de España en ese tiempo es tan rica, tan amplia, con tantos personajes desconocidos, sepultados por el olvido, que no hay riesgo de monopolio por parte de ningún novelista. Al revés, yo animo a que escriban novelas sobre ese periodo, el más importante de nuestra historia.

-Cual soldado del Tercio, usted se ha movido mucho como periodista...

-En Cuba conmigo se rompió el maleficio. El primer corresponsal de Efe duró una semana, el segundo quince días. Reuters y nosotros éramos las únicas agencias occidentales en la isla. Pese al bloqueo norteamericano, había un vuelo directo con La Habana.

-¿Allí surge el escritor?

-De allí sale mi primero libro, Palabra cubana, entrevistas con escritores cubanos, incluida una con Lezama Lima que se publicó en la revista Triunfo.

-¿Qué episodio contemporáneo ha vivido con la dimensión de Breda?

-Estuve en Moscú entre 1980 y 1983. Llegué poco después de los Juego Olímpicos de Moscú, donde el embajador Samaranch fue nombrado presidente del COI. Los soviéticos le estaban muy agradecidos por el papel que jugó contra el boicot. Viví el relevo de Breznev por Chernenko y Andropov.

-¿Vio la guerra de cerca?

-Fui a Buenos Aires después de la dictadura militar y la guerra de las Malvinas. Recuerdo que en Moscú, los argentinos estaban convencidos de que iban a derrotar a los británicos.

-El único que los derrotó fue Maradona...

-Con la famosa e innoble mano de Dios.

-¿En qué centraría una novela sobre Murillo?

-Tiene una gran novela. En la época napoleónica los franceses adoraban a Murillo. Sus cuadros fueron objeto de saqueo y rapiña tras la guerra de la Independencia. Antes de llegar a la frontera, era el primer equipaje del rey José, como escribió Galdós.

-¿Le extraña el nulo liderazgo moral de los novelistas en la crisis catalana?

-La cuestión cultural no es decisiva. La postura de los escritores tiene un valor testimonial, pero al final los que lo tienen que resolver son nuestros gobernantes y nuestro Estado.

-¿Sobre qué versará la segunda entrega?

-El personaje principal será el cardenal infante don Fernando, hermano de Felipe IV, que obtuvo la última gran victoria española, la batalla de Nördlingen sobre el Ejército sueco en la guerra de los Treinta Años. Murió muy pronto, como tantas grandes figuras de nuestra historia como el príncipe Baltasar Carlos.

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