Luis Álvarez Duarte Escultor, imaginero y restaurador

"Para alterar una imagen, yo prefiero hacerla nueva"

  • Hizo la Virgen de los Dolores, de San José Obrero, de Sevilla, a los 12 años. Tiene obras en las ocho provincias andaluzas, y en 14 comunidades. En América tiene tallas muy conocidas como la Macarena de Nueva York.

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-¿Cuántas imágenes ha tallado a lo largo de su vida?  

-No las he contado. Son tantas.... Deben ser más de 200, pero me acuerdo de todas. Si me preguntan por cualquiera de mis imágenes, la recuerdo.

-Hizo hasta una Macarena para Nueva York.

-En América tengo varias obras, incluidas algunas en colecciones particulares. La Macarena de Nueva York sigue el estilo de la de Sevilla. Marmolejo le hizo la orfebrería y el taller de Esperanza Elena Caro los bordados.

-Una imagen suya salió en procesión por el Vaticano.

-Sí, la Virgen del Mayor Dolor, de los Escolapios de Granada, en 2000. Fue la primera procesión en paso de palio por el Vaticano. El Papa Juan Pablo II estuvo allí y la elogió. Me bendijo cuando supo que yo era el autor. 

-¿Cuáles son sus últimos trabajos?

-He restaurado la Virgen del Mayor Dolor, de la cofradía de las Aguas, de Sevilla, que ha sido complicado, más en lo interior que en el exterior. También he restaurado el Cristo de la Expiración de Linares y la Virgen de la Angustia, del Descendimiento de Málaga. Y nuevos, un San Antonio para la provincia de Granada, la Virgen de los Ángeles de Málaga, estoy terminando otra Virgen para Elche… Después de Semana Santa me pondré con el Cristo de la Columna, de Alcalá de Henares (Madrid), que va a ser una obra muy importante. Diría que puede ser la mejor de las mías.

-La obra que le hizo famoso es la Virgen de Guadalupe de Sevilla.

-Yo tenía 15 años cuando la presenté a la cofradía de Las Aguas. Siempre les estaré agradecido. Para mi supone un cariño especial, porque me recuerda a mis padres y a muchas cosas de entonces.

-Usted mismo restauró a su Virgen de Guadalupe.

-Le hice nuevo candelero y nuevas manos y se patinó. Estaba ennegrecida y se limpió con un respeto absoluto.

-He oído que aprovechó para retocarla.

-No es cierto. Las imágenes se hacen en una época y yo no soy partidario de alterar su morfología. Es posible hacerle unas manos nuevas. Pero la cara de la Virgen de Guadalupe se quedó como estaba desde el principio.  

-Antes se decía restaurar, pero era retocar.

-Hace tiempo, ahora ya no se suele hacer. Antes sí se retocaban.

-¿Se lo han pedido?

-Me lo han pedido muchos. Yo siempre digo que para alterar una imagen prefiero hacerla nueva.

-¿Fue difícil restaurar la Esperanza de Triana?

-Éste fue un caso especial. A la Virgen se le dio una policromía que era exactamente igual que la originaria. Se dijo que le había tallado el cuello. No es así. El profesor Hernández Díaz garantizó aquella restauración. La policromía ya tiene 22 años y ha cogido pátina. Ahora está bellísima. Para mí es un honor cuando los trianeros más mayores me dicen que ésa es la Esperanza que ellos habían conocido.

-¿De quién se debe considerar la autoría?

-Sobre esto hay que decir que existen imágenes mucho más retocadas. Castillo Lastrucci la remodeló, pero no es obra de él. Es una talla del XVII. La tocó Ordóñez, como la habían tocado Gabriel Astorga y Juan Astorga. Castillo Lastrucci fue el último que la tocó.

-¿Y Álvarez Duarte?

-Fui el último que dio la policromía. En el cuello lo que tiene es una pátina especial, un efecto, pero no se tocó.

-También estuvo en la restauración del Gran Poder.

-En el Gran Poder estuve en la comisión para la restauración del 87 con los Cruz Solís. También hice los trabajos de reparación tras el ataque que sufrió en 2010.

-¿Estaba muy dañado?

-Fue una salvajada lo que hizo ese individuo. Ojalá no lo hubiera visto nunca como lo vi. Tenía desperfectos en la rótula y magulladuras por los golpes. Mi trabajo se hizo con respeto y mucho cariño.

-¿Sintió algo especial en una restauración como ésa?

-¡Ufff! Yo sentía escalofríos… Era una gran impotencia, al ver lo que le hizo y lo que pudo pasar.

-¿Un imaginero debe restaurar, o eso debe quedar para otros profesionales?

-Depende del conocimiento de restauración que tenga el imaginero. Yo estudié en Florencia, estuve en Roma, me he formado... Un imaginero que no sepa restaurar no lo debería hacer.

-Otro episodio suyo fue el de la Virgen del Patrocinio.

-Después del incendio en el templo del Cachorro, había que hacer una nueva Virgen del Patrocinio para sustituir a la que se quemó. Estaban todos los imagineros ofreciéndose, pero Hernández Díaz le dijo a la hermandad que se la encargaran a Álvarez Duarte. Al principio, querían una réplica de la que se perdió. Yo les dije que haría una réplica que la recordara, pero no una copia. Se parece y tiene mi impronta.

-¿Qué pasó con la mascarilla de la Virgen?

-Ahí recuerdo a un cofrade como fue Juan Moya Sanabria. La mascarilla la partimos y se tiró al río, y se le echaron claveles rosas. Fue impresionante. Para mí haber tallado a la Madre del Cachorro significa mucho.

-Menos mal que se salvó el Cachorro…

-Los Cruz Solís hicieron un trabajo excepcional. Se salvó, aunque tenía ampollas en la policromía. Impresionaba el olor que desprendía, como a cedro quemado, pero era madera viva.

-¿Martínez Montañés fue el dios de la madera para los imagineros?

-Para mí, sí. Y el gran genio del Barroco es Ruiz Gijón. 

-¿Juan de Mesa no era mejor que Montañés?

-Son distintos. Juan de Mesa es la fuerza. No hay palabras para expresar esa anatomía, esas medidas del Señor del Gran Poder. Verlo sin túnica es increíble.

-¿La imaginería está infravalorada en la escultura?

-Es más probable que un imaginero sea buen escultor que al revés. A veces, la imaginería se toma en plan despectivo por ciertos políticos.

-¿Qué le queda por hacer a Álvarez Duarte?

-Me gustaría hacer otra Virgen y otro Cristo para Sevilla. Y me gustaría hacer un misterio de una Piedad con un Cristo muerto, que no lo hice nunca.

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