josé maría calleja. periodista

"Tratamos la violencia de género como una rutina"

-Casi toda su trayectoria profesional la ha pasado en la trinchera de la lucha contra ETA. Ahora dedica la mirada a las víctimas de la violencia de género en su libro La violencia como noticia.

-Hay elementos concomitantes: falta de comprensión, aislamiento social, el miedo en el que viven. Las mujeres víctimas de violencia de género son tratadas muchas veces como se trataba a las víctimas de la violencia etarra.

-¿Qué propone?

-Hacer lo mismo que tanto tiempo nos llevó con las víctimas del terrorismo, situarlas en el centro del debate, un reconocimiento político. Piense que las víctimas de ETA durante los años 70 y 80 aparecían en un breve o no aparecían. Hasta muy entrados los 80 no logramos dar con un vocabulario adecuado para enfocar lo que estaba sucediendo. No sabíamos nada de las víctimas, pero sí sabíamos de sus verdugos, que tenían un alias y hablábamos de comandos, infraestructuras...

-¿Cuál es el principal pecado de los medios con respecto a la violencia de género?

-La falta de proporcionalidad. En los últimos diez años han muerto 800 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. Son casi las mismas que mató ETA en 40 años. No es un suceso, no es un hecho aislado. Nos encontramos ante un grave problema social. ¿Qué pasaría si hubieran muerto 800 jueces, 800 futbolistas...? Pensaríamos que teníamos un serio problema ¿no? Pues tenemos un serio problema.

-Un serio problema que siempre ha existido.

-Sin duda, sin duda. Y no voy a negar que se ha mejorado mucho. Cuando estuve en la cárcel en el año 73, con 18 añitos, me crucé con un preso que con voz aguardentosa decía 'he matado a lo que más quería' y daba bastante miedo, la verdad. Partimos de los tiempos de El Caso cuando se hablaba de crimen pasional. El lenguaje es importante. Si leíamos crimen pasional se trataba de un la maté porque era mía. El crimen pasional es un producto de la España nacionalcatólica en la que el hombre que tenía aventuras fuera de casa era bien visto y la mujer, si las tenía o pudiera tenerlas, era una adúltera. Nadie habla ya de crímenes pasionales, pero sí que se sigue observando, como demuestro en el libro, cierto contexto exculpatorio sobre el asesino e inculpatorio sobre la víctima. El horrible algo habrá hecho.

-¿A qué se refiere?

-Trato casos concretos. Por ejemplo, el crimen de El Salobral, en el que un hombre de 39 años asesina a una niña de 14. En el tratamiento informativo encontramos a la madre del asesino diciendo que la niña le había vuelto loco, que la niña vestía de tal modo, que la madre de la víctima era alcohólica, estaba separada... Todo parecería indicar que la víctima había empujado a su asesino a matarla.

-También examina el caso Bretón, que asesinó a sus dos hijos en Córdoba...

-Porque es un caso especialmente interesante en el sentido de que el tratamiento que se le dio fue el de un suceso. Sí, él era un monstruo, un horror, pero no se enfocó como violencia de género cuando el único objetivo de aquel crimen era que su mujer, tanto como los niños, fuera la víctima. Entonces observamos términos sobre él como calculador, metódico, inteligente, que son, de alguna manera, positivos, mientras que de ella se dice que era buena persona, como si fuera tonta. Es por eso que hablo del vocabulario. Es lo que subyace en ese vocabulario lo que nos hace errar en el modo de enfocar este problema.

-Pero uno podría pensar que es más bien al contrario, que la violencia de género sí está muy presente en los medios.

-Es posible, pero se hace de una manera rutinaria, sin nervio, apenas si sabemos nada de la víctima y, con el tiempo, se olvida. Nadie regresa al lugar de los hechos para saber qué sucedió después de esa tragedia, algo que sí que hacemos con otro tipo de sucesos.

-Pero sí hay más concienciación.

-La ley de 2004 fue muy importante y supuso un cambio de mentalidad. Fíjese que hasta entonces no había un listado de las mujeres víctimas de la violencia machista. Si no hay listado, no existen. Como ocurría con las víctimas de ETA. Yo publiqué en 1997 un libro en el que el verdadero impacto lo causó el que, por primera vez, se publicara una lista de las víctimas. La gente parecía entender mucho mejor la magnitud del problema. Como con los accidentes de tráfico. Pero queda mucho por recorrer. Ningún medio tiene periodistas especializados en violencia de género, por ejemplo, cuando los periodistas somos tan dados a especializarnos en las cosas más nimias, como equipos de fútbol locales y esas cosas.

-Hablaba de ese algo habrá hecho. Todavía, sobre todo en las redes sociales, sigue teniendo su tirón.

-Sí, y asusta un poco. Recuerdo la pegada que tuvo ese tuit de Toni Cantó en el que hablaba de las denuncias falsas con un dato que, ese sí, era absolutamente falso. Es sólo un indicio de lo que hay debajo de ese pensamiento que oculta el problema. ¡Tengo compañeras que son catedráticas y que desconocían que sufrían violencia de género! Hay frases muy populares como esa de mi marido me pega lo normal o mi marido no me pega porque yo no le doy motivos. Es terrible.

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