Jorge Díaz. Escritor y guionista

"Dicen que los argentinos son italianos que hablan español"

  • Ganador del premio Ondas y el TP, ha firmado guines para series como 'Hospital Central', 'Acacia 38' y 'Víctor Ros'. 'Tengo en mí todos los sueños del mundo' es su cuarta novela.

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Nieto de un sastre portugués y de un médico que se exilió a Puerto Rico, nunca fue en barco a América. "En Brasil coincidí con el dibujante Milo Manara, que tardó un mes en un barco mercante". Guionista de series como Hospital Central, Acacias 38 o Víctor Ros, esa faceta le dio a Jorge Díaz (Alicante, 1962) un premio Ondas y otro TP. Tengo en mí todos los sueños del mundo (Plaza y Janés) es su cuarta novela. Antes, Los números del elefante, La justicia de los Errantes y Cartas a Palacio. Se llama igual que un novelista cubano, un dramaturgo chileno y el coautor de Yo fui a EGB.

-¿Tratan bien las novelas del guionista?

-Ésta es la primera que ha salido en un Telediario.

-Su título no es muy comercial.

-El título que barajaba al principio era Camino a Buenos Aires, pero como es la historia de gente que emigra buscando una nueva vida, una vida mejor, un sueño, di con esos versos de un poema de Pessoa, Tabacaria, Tengo en mí todos los sueños del mundo. A mi editora le gustó, a mí me parecía muy largo y me dijo que los títulos largos están de moda. Propuse abreviarlo, pero Todos los sueños del mundo se titula un libro de Reverte.

-Primeros meses de 1916. Dos naufragios casi consecutivos. El del Príncipe de Asturias y el del Sussex donde viaja y muere el músico Enrique Granados...

-Inicialmente yo pensaba que Granados iba en el Príncipe de Asturias. Leí las dos historias cuando me documentaba para Cartas de Palacio.

-¿Los que van a Argentina se buscan a sí mismos?

-Dicen que los argentinos son italianos que hablan español.

-Naufraga el Príncipe de Asturias. Los republicanos estarían encantados.

-Algún amigo me decía que si no funcionaba el libro iba a naufragar yo.

-Un año antes naufraga el Lusitania frente a las costas irlandesas...

-Con el Príncipe de Asturias se dijo que podía haber sido un submarino alemán o un barco inglés con espías alemanes. Simplemente chocó con una roca frente a las costas brasileñas de Ilhabela.

-En el Lusitania Churchill queda en entredicho.

-En este caso no hay ningún trasfondo político. Era noche de carnaval. El capitán creía que el barco estaba a ocho nudos de la costa y estaba sólo a uno. Para nosotros es el Titanic español. Para ellos, en el centenario, el Titanic brasileño.

-Raquel, la cupletista, recuerda El apartamento de Billy Wilder...

-La utilizo para desengrasar la novela, darle algo de humor, y se convirtió en mi personaje favorito. 

-¿Es real el cura casamentero que le buscaba novia a los emigrantes?

-Lo encontré en un periódico de Mallorca. Era como una agencia matrimonial.

-¿Visitó todos los escenarios de su novela?

-Todos menos Ucrania. Para la recreación de la vida de la chica judía me inspiré en la película El violinista en el tejado. Lo cierto es que yo nunca he viajado en barco y después de esto no sé si lo voy a hacer.

-¿El periodista es un guiño autobiográfico?

-Es un personaje que me encanta. Es un cobarde que se desata cuando se sienta a escribir y monta un expolio que le obliga a irse a Argentina.

-Escritores como Trapiello novelaron a los exiliados del barco Sinaia que va de Francia a México...

-Me interesa más la emigración, una constante en mis novelas. Y eso que mi abuelo se exilió al acabar la guerra y mi madre se crió entre República Dominicana y Puerto Rico. Eran vecinos de Juan Ramón y mi tío tenía una edición firmada de Platero y yo

-Como autor alicantino...

-Nací en Alicante porque era verano. Media hora antes y nazco en Albacete. Me considero madrileño.

-Se lo decía por Miguel Hernández, que lo detienen en la frontera portuguesa cuando Neruda lo esperaba en Lisboa para que cogiera un barco...

-Me gusta Miguel Hernández, Orihuela, pero desconocía ese detalle.

-Es paisano de Matilde Asensi...

-Y vecino de Julia Navarro.

-¿La literatura le da más que el periodismo? 

-Al periodismo me dediqué muy poco tiempo. Enseguida me pasé a los guiones. Pero yo quería escribir desde que con quince años leí Al filo de la navaja de Somerset Maugham. Ningún niño sueña con ser guionista. Yo quería hacer una novela y ya llevo cuatro.

-En Cartas de Palacio descubre un nuevo Alfonso XIII...

-Yo tenía una imagen mala de ese rey y mi idea era reafirmarla en la novela, pero me encontré con otra persona. Un hombre agradable, campechano, preocupado por los demás, que no sé si lo he descubierto o me lo he inventado.

-¿El guionista juega con ventaja?

-Para ponerme con una novela le pido tres cosas: que no sea un acontecimiento muy conocido, que me interese y que tenga cierta capacidad evocadora. Soy guionista y me enseñaron que el primer y único mandamiento es el de no aburrir. Pero a medida que iba entrando en la novela me encuentro con que es un reflejo, una metáfora de Europa. Una Europa que se hunde se sube a un barco que se hunde.

-¿Historia o novela?

-Hay cosas de 1916 que en 2016 siguen vigentes: la trata de blancas, los refugiados, dicen que en el barco podrían ir trescientos sin papeles, y que un siglo después el mejor cocido de Madrid es el de Lhardy.

-¿Autores de referencia?

-Tengo pasión por Vargas Llosa, me fascinan las primeras novelas de Camilo José Cela, aunque no fuera amable con los jóvenes, y más que como lector admiro la forma de Ken Follett de construir sus novelas.

-¿Ya hay quinta novela?

-Sexta, porque tengo una sin publicar. Seguiré en el primer tercio del siglo XX, pero en el norte de África.

-Antonio Soler, Pablo Martín Domínguez o usted mismo han novelado vidas de anarquistas...

-No se puede entender la primera mitad del siglo XX en España sin tener en cuenta al anarquismo. Es el único país donde el anarquismo triunfa. Triunfa entre los judíos rusos, los españoles y los italianos y los tres se encuentran en Argentina.

-La historia arranca en Cádiz...

-Es una ciudad que he descubierto hace poco. Una ciudad que se construyó para el comercio. La Casa Pinillos de los armadores del barco, hoy museo, servía para ver qué barcos llegaban, si traían tabaco o algodón. Cádiz es fascinante y en cuanto pueda voy a situar una novela en Sevilla.

-El cuidado del capitán...

-José Lotina Aprisqueta, su nombre auténtico...

-Su cuidado con la correspondencia recuerda un relato de Cortázar, Cartas a mamá, epistolario en barco entre Buenos Aires y París...

-Eso es una licencia. Pensé titular la novela El barco que llevaba cartas de amor.

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