Los últimos bailes con Ella

  • La aldea del Rocío vive con intensidad el Lunes de Pentecostés tras la procesión de la Virgen

  • Las hermandades ultiman los preparativos de cara a su regreso a casa

  • La capilla votiva acapara a los devotos

Los romeros aprovechan los últimos instantes para bailar sevillanas. Los romeros aprovechan los últimos instantes para bailar sevillanas.

Los romeros aprovechan los últimos instantes para bailar sevillanas. / alberto domínguez

La única nube que sobrevoló la aldea fue la de la nostalgia. El sol apretó como nunca y la Virgen brilló como siempre. Y los simpecados, caprichosos de la luz, se tornaron como girasoles sin querer perder la estela de una mirada que anunciaba la consumación. El epílogo de una romería que nunca pone el punto y final porque Ella nunca se acaba.

Si bien es cierto que el punto es seguido y tocó escribir el último párrafo de un capítulo que siempre mantiene la esencia que se contagia de la marisma. A medida que la Blanca Paloma se reflejaba en cada Simpecado, las hermandades filiales comenzaron a acondicionar el camino de vuelta. Muchas, las más lejanas, partieron de regreso durante el Lunes de Pentecostés, mientras que el resto hará lo propio en la jornada de hoy.

El ambiente se mantuvo intacto tras la procesión, aunque denotaba el postrero disfrute. Quizá, el que se toma con más ganas. El que se paladea como el regusto de un buen vino que mantiene el sabor en la garganta. El último baile por sevillanas. La última afinación de una guitarra con una fina capa de polvo que da el sentido a los acordes. Las últimas horquillas que sujetaron esa flor encendida en un traje de gitana. La última reunión en las casas de hermandad, que reúne a familia y amigos entre brindis y brindis. Los últimos detalles de un pozo inagotable de vivencias que no hacen terminar esta romería, sino comenzar la del año que viene. Porque Ella nunca se acaba.

Numerosos autobuses trasladaban a efectivos de seguridad a sus hogares tras trabajar en el Plan Aldea que finaliza hoy. Los remolques se multiplicaban para transportar charretes y las caravanas recogían todo un arsenal de momentos inolvidables. Alrededor de la ermita, todos los caminos conducían a la capilla votiva que mostraba un reguero de devotos con sus promesas en forma de vela.

Las despedidas no son tan amargas cuando la calle Moguer no entiende de finales. Ni cuando el repique de la campana de Huelva se apaga, porque el desayuno del Lunes de Pentecostés es diferente. La degustación fue gracias al hermano mayor, Antonio Garrido, en un gesto de compartir con los suyos. "Hoy es un día de felicidad", comentó Antonio Sánchez de Piña, el presidente de la Hermandad de Huelva, a unos fieles, mientras que hacía una valoración positiva de la romería y con vistas a seguir siempre mejorando detalles para próximos años. La Hermandad programó en la noche de ayer su misa de despedida para esta mañana tomar la salida en dirección a la Matilla a las 10:15.

En la casa hermandad de Madrid procedían a desmontar la carreta para comenzar su viaje de vuelta, así como tantas filiales bajaron sus persianas hasta el año que viene. Emigrantes también ultimó los preparativos para su salida hoy de regreso a casa.

Las tiendas de recuerdos completaron un círculo de emociones con la Virgen del Rocío como protagonista. Siempre con la vista puesta en Ella. Siempre con el corazón con Ella. Porque Ella nunca se acaba.

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