Una salida para la historia

  • La procesión se inicia con un paseo de la Virgen del Rocío por la Marisma y la capilla votiva

Es la salida que todos venían esperando. Volaba la Virgen del Rocío en este río de devoción que le ofrece Almonte y que comparten tantos peregrinos. Gusta verle en su paso en alto, navegando en un mar de plegarias y eso se consiguió en la salida de este Lunes de Pentecostés, que de seguro será historia.

La madrugada de ayer se intuía diferente, había detalles que lo hacían ver. La explanada delantera del santuario se encontraba libre de peregrinos, sólo se había quedado en los escalones de la ermita y en la zona baja del Paseo de la Marisma.

Almonte trabaja para que la procesión cada año sea más lucida

No había prisas. En el interior del santuario se abrió el pasillo de estos años y se esperaba que pudiera ofrecer una salida limpia, como así gusta decir en Almonte. En la calle Moguer el protocolo que acompaña al rosario procesional por parte de la Hermandad Matriz se dirige a su casa de hermandad. Sólo avanza el Simpecado escoltado por un cordón de la Guardia Civil, que permite acercarse hasta la propia concha peregrina, donde es arropado por los almonteños que lo esperan. Detrás camina una masa ingente de personas que copan ya toda la explanada del santuario. Tras llegar el Simpecado ante el paso, este comienza a bajar y lo hace sin ningún problema. En la nave de la iglesia todo avanza con el paso en alto y así hasta la misma explanada. La Virgen mirando a todos. En la calle, los cientos de móviles encendidos parecen velas de plegarias que alumbraran la presencia de la Virgen. Son las 3:34 y se posa en medio de la explanada.

La Señora deja ver una cara de sonrisa. El paso se levanta muy bien, al tirón, sin problema alguno. Ahora sin que nadie lo esperara va directamente hacia abajo, al Paseo de la Marisma, a una zona que habitualmente no forma parte de su recorrido. Todos tienen la alegría de ver a la Virgen. Vuelve a posarse ahí mismo, pero sube rápido e igualmente muy bien. Llega a la Puerta de las Marismas, donde también descansa, y desde aquí es como si bendijera todas las aguas. Ahora es hasta la capilla votiva para agradecer tantas súplicas y oraciones; lágrimas y alegrías que van en las miles de velas que cada día se le enciende en plegaria.

De nuevo mira a las marismas, son las 3:50. Y tras estos momentos tan especiales, en este paseo gozoso por las marismas, comienza el ritual de visita a todas las hermandades. Huévar tiene el privilegio de ser la primera.

Ha sido una procesión muy bonita, como tiene que ser. En este empeño está Almonte en los últimos años y en ello se trabaja. No es nada fácil, más cuando hay tantísimos almonteños dispuestos a llevarla en sus hombros y tienen que abrirse paso entre una gran masa de gente que, por otra parte, es la causa natural de una procesión, el encuentro de la Madre con sus hijos.

Así que como todo se quiere hacer lo mejor posible, se van dando algunos pasos en este sentido. La rotura del varal en El Real hace sólo unos años ha hecho pensar a todos en la necesidad de que la procesión sea así o, al menos, intentarlo, porque nada es fácil. El camino no es otro que el que este año se vivió en la salida de la Virgen, en una madrugada que no nos cansaremos de decir que ha sido histórica y en la que todos, absolutamente todos, hemos disfrutado de una manera muy especial, hasta emocionarnos como nunca. Así nos gusta que se pasee la Madre de Dios.

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