Rocío 2018

Emigrantes viste las calles de Huelva de rojo y gualda

  • La junta gestora, presidida por Fernando Ramírez, fue a pie delante de la carreta del Simpecado

  • Despedida multitudinaria a los romeros en su recorrido por la ciudad

Cohetes en el cielo azul de Huelva anunciaban de bien temprano que Emigrantes se echaba a la calle en su camino para El Rocío. Una jornada especialmente festiva la vivida ayer, en la que la ciudad va sintiendo la alegría de la romería y que arrancaba tras la misa de romeros en la capilla de la hermandad, a la que asistieron las autoridades de la ciudad que acompañaban a la junta gestora, que preside Fernando Ramírez. Llegó ese momento en el que el presidente tuvo palabras de agradecimiento y de manera emocionada desearle a todos un buen Rocío.

Se había recuperado para este día algunas cosas de la partida, como es el recorrido que desde hacía 20 años se mantenía por el centro de la ciudad y detalles tan de Emigrantes como es la definición de los colores en el exorno floral, con flores en un vergel rojo y gualda, los colores del cordón de su medalla. La bandera de España siempre ha sido su seña de identidad, como españoles que emigraron a Europa y fundaron en Alemania esta hermandad.

A la hora del Ángelus llegaba este año a la Comandancia de Marina

A los cohetes se unía la música del campanil que anuncia la alegría de que el Simpecado estaba ya en la calle. Llegaban las nueve de la mañana cuando la concha peregrina era aclamada por todos y es cuando Fernando Ramírez desea que salga una buena romería, daba las gracias a su junta y les invitaba a disfrutar sabiendo que tenían la obligación de hacerlo bien. Unos vivas que este año eran más emocionados por el esfuerzo vivido de manera tan especial y para el que se ha contado con la ayuda de todos.

Se vestía así de alegría y un año más para que este tiempo provisional sirva para forjar aun más los pilares de la hermandad. La junta, como este año no había hermano mayor, fue toda ella recorriendo las calles andando y con una compañía muy especial, la del director espiritual, Luis Espina, quien había invitado a todos tras la misa de romeros a iniciar un camino en paz; también se unió a ellos el pregonero, Juan González.

Hay vivas y se canta una de las salves rocieras más hermosas, como es la de Emigrantes, la que exalta a la que es Madre de todas las madres, vestida de luz en este jardín marismeño donde es rosa temprana.

Las primeras visitas del Simpecado tienen lugar a las fuerzas de seguridad, en ese momento mismo en el que arranca por el Paseo de la Glorieta, cuando el sol besa al Simpecado. Así hay parada ante la Policía Local, la Policía Nacional y la Comandancia de la Guardia Civil. Los rocieros son agradecidos y saben de la labor que realizan tantos cuerpos para que la romería pueda ser una realidad sin incidentes.

Las palmeras del paseo de Santa Fe son centinelas y escolta para la carreta del Simpecado, que tiene una de sus estampas más bellas con el fondo catedralicio del primer templo de la Diócesis de Huelva. Aquí, en la Plaza de la Merced, el obispo de Huelva, José Vilaplana, despide a los romeros en nombre de la Diócesis, con el rezo de la Salve y desean a todos un buen camino y con un deseo: "nos vemos en El Rocío".

La comitiva caminó muy bien por Huelva, hubo tranquilidad para poder disfrutar de una salida que llena las calles de alegría y del color de sus carros. Carros tradicionales que son únicos, pero que cada año tienen más competencia con los tractores. El primero de los carros adornados con flores de papel blancas y amarillas, los colores del Vaticano, por el acontecimiento del 25 aniversario de la visita de San Juan Pablo II al Rocío.

Las calles también se llenaban de juventud, de niños que se acercan a la comitiva a las puertas de sus colegios, como el Moliere, Manuel Siurot , Santo Ángel, las Esclavas, las Agustinas o el María Inmaculada.

Los niños disfrutan y, además, las visitas ya son un clásico esperado. "Mira, mira, la petalada...". Es lo que se escucha en la calle Puerto cuando la carreta gira hacia el colegio para dejarle una alfombra de pétalos a los pies del Simpecado.

El sol vuelve a iluminar el caminar por esta cuesta que es sendero donde gusta ver a los carros tirados por los mulos, acercando un tiempo casi perdido, al menos en la ciudad. Una parada ante el monumento a la Inmaculada Concepción, donde el presidente realizó una ofrenda floral. Un recuerdo permanente a la Inmaculada, a la que es sin pecado concebida, lo que da nombre a los estandartes rocieros. Mirando al Paseo de Santa Fe, de nuevo los niños son protagonistas y vuelven a cantarle a la concha peregrina.

La comitiva rociera se adentró hacia la Gran Vía desde Marchena Colombo mientras la carreta del Simpecado se dirigía hasta El Punto para la ofrenda ante el monumento a la Virgen del Rocío. En esta entrada por la Gran Vía le recibieron los niños del Colegio María Inmaculada, que le cantaban la Salve. Paradas tradicionales en la Diputación y el Ayuntamiento, aunque no en la Subdelegación por estar en obras.

La eclosión de la despedida se vive a las puertas del Ayuntamiento, donde el alcalde de la ciudad, Gabriel Cruz Santana, recibe a los romeros y les desea buen camino reconociendo la fuerza de esta tradición rociera que llena de fuerza las calles. El reloj da las horarias de las once y se va a vivir uno de los momentos más emocionantes. Allí les canta sevillanas el coro Voces del Conquero y la Banda Sinfónica Municipal.

La comitiva recorrió las calles del centro llenándolo de júbilo, donde no faltaron las campanas de la Concepción ni sus feligreses, animados siempre por el cura Diego Capado.

Un detalle bonito de la comitiva fue la vuelta del Simpecado al grupo de tamborileros antes de entrar en la Plaza de la Comandancia, donde se le cantó la Salve Marinera a la Concha peregrina; ellos tuvieron en ese momento la posibilidad de tocar mirando al Simpecado. Eran las dos doce de la mañana, un especial ángelus rociero que se completó con las sevillanas del grupo Quitasueños. Emigrantes se iba ya hacia las marismas rocieras.

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