Doñana ilumina a los romeros

  • Huelva culmina el tránsito de su Simpecado con la llegada a la aldea

  • Miles de peregrinos engrosan una comitiva que pone fin a su recorrido de ida

  • La Charca y el barrio de Las Gallinas concentran la devoción

Con las palmas a compás. Con las palmas a compás, y agarrándose a las ruedas, cobijan a su Simpecado al grito de Huelva Huelva". Así reza la sevillana que tantos caminos comienza y termina. Así suena entre aromas de pinar y marismas rocieras. Así embriaga entre sueños de carretas y caballos bien domados que cabalgan por las arenas.

Y en La Charca se paró. Como un halo de luz y polvo que desciende de los cielos. Y en La Charca esperó a que le rezasen, a que llorasen, a que suplicasen que la misma vida se escribe con las letras de Huelva.

Y La Charca reflejó un corazón en forma de carreta que no late si no hay marisma rociera. Que no bombea otra sangre que la de las palmas por Huelva. Y en La Charca suspiró caricias por sevillanas que desde una garganta a caballo entonaba con la guitarra. La voz de Paco Millán inmortalizó Doñana al dibujar la sinrazón que cada año regala.

Las altas temperaturas marcaron el segundo día de camino entre los peregrinos

Y así vibró El Rocío, que no se entiende sin Huelva, cuando pasa su Simpecado por el Arroyo de La Rocina. Un instante que se tradujo en una larga espera de peregrinos cansados a la sombra del paraje. El pasar de los caballistas alumbraba el momento entre flauta y tamboril y sevillanas improvisadas. Los bautizos de los romeros que estrenaban su devoción en los caminos fueron una constante durante las horas previas a que apareciese la carreta entre la polvareda como telón de fondo. Un momento cumbre de la romería de Huelva que emocionó algunos minutos pasados de las 19:00 ante la presencia de miles de fieles, entre los que se encontraban la subdelegada del Gobierno en Huelva, Asunción Grávalos y el alcalde la capital, Gabriel Cruz, quien recorrió el trayecto hasta la entrada, como un peregrino más.

La Hermandad del Rocío de Huelva acompasó su segundo día de camino entre el vuelo de las cigüeñas y la humareda del camino. Despertó en La Matilla una comitiva que comenzó su andar con el brillo del sol sobre las 09:00. El calor fue una constante que acompañó a los peregrinos durante toda la jornada y que terminó bronceando hasta el sombrero de paja de cada uno.

Los senderos que bendecía a su paso el Simpecado marcaban un dibujo de pureza natural de revista. Un paraje incomparable que se hizo aún más grande con la acuarela de flores que traía la hermandad. Peregrinos de a pie, caballistas, carrozas y el resto de la comitiva recorrieron Bodegones, El Villarejo y Cabezudos para llegar a Gato sobre las 13:50.

En la entrada a la arena dirección Gato, el tintineo de romeros se hizo notar con notable antelación. El cansancio era palpable que junto al calor provocaron la hidratación continua de todos rocieros.

Los servicios de emergencias y los efectivos de seguridad estuvieron pendientes en todo momento de la organización y el buen transitar de la hermandad. El reguero de romeros que acompañaban al Simpecado no hacía más que justificar sevillanas de la fe rociera que tiene Huelva. Un no parar de medallas, de ramas de arbustos para el camino, sombreros de paja con la cinta y guitarras. Cuerdas de sonidos que las palmas acompañaban con oraciones cantadas detrás del Simpecado que no descansó hasta la llegada a Gato.

Cualquier sombra fue buena para descansar. El tronco de un pino, la espalda de un compañero, o mesas y sillas improvisadas de los grupos de amigos y familias. La pará del almuerzo entonó el verbo compartir en cada rincón de la explanada que Doñana aguarda entre sus brazos. Todo se sustentó en la humanidad entre unos y otros. Agua, refrescos y comida en un

afán de complacer a todo el que lo necesitase.

El cante, las risas y el buen ambiente no decayó en un almuerzo de reencuentros. Viejos amigos, familiares y parejas que ponen su cita en el camino del Rocío para compartir la experiencia divina. Todo ocurría mientras el Simpecado, resguardado del alumbrante sol, saludaba una a una a todas las carrozas, decoradas hasta el último pétalo de la última flor, que vienen a ser la retaguardia que todo hombre en la tierra quisiera tener.

Y entre la polvareda se camufló el Simpecado de la Hermandad de Huelva con la vuelta a los caminos. La aldea como amapola de primavera que no florece hasta que el primer peregrino no refleja su pisada entre el cielo que atardece. Dicen que hasta que Huelva no llega al Rocío, no se ve el Rocío casi lleno. Y es que Huelva no se entiende sin Rocío, y el Rocío no se entiende sin Huelva. Y en medio estuvo Doñana, que puso el color a otro milagro más.

Con el persistente calor, la hermandad tuvo que añadir un mulo más a la carreta, además de que los peregrinos vaciaron sus botellas de agua en una bolsa de plástico para que los animales saciaran su sed. Gesto de humanidad que no cesó en un camino que comenzó a verse su fin a las 21:45, cuando el Simpecado cambió de aires y ya con corona vistió de gala una esperada entrada en el barrio de Las Gallinas, alrededor de las 22:25.

El cielo brillaba distinto y las palmas sonaban diferentes. Que llega Huelva a El Rocío, que la marisma se alimente, porque no hay sabor más onubense que la entrada del Simpecado ante los rezos de su gente.

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