Una huelga de cinco meses, símbolo de la lucha sindical en Grecia

  • Los trabajadores de una siderúrgica protestan contra los planes de la empresa de despedir a la mitad de la plantilla o recortar los sueldos.

Los 380 obreros de una siderúrgica griega se han convertido en símbolo de las luchas sindicales del país, con una huelga que ya entra en su quinto mes y con la que los trabajadores denuncian los planes de la empresa de despedir a la mitad de la plantilla o recortar los sueldos. La planta de Jalivurguía Ellados (La Acería de Grecia) de Aspropyrgos está situada al borde de la carretera que atraviesa el cinturón industrial entre Atenas y Corinto, en el que las fábricas languidecen, víctimas de la crisis, y el desempleo se extiende como una enfermedad contagiosa.

Ojos hundidos, barbas de días sin afeitar y cansancio de noches en vela marcan los rostros de los obreros del piquete a las puertas de la planta, hombres duros acostumbrados a bregar con el fuego y el acero. Llevan 139 días de huelga. El paro, "el más largo de Europa de los últimos años, quizás desde las huelgas británicas de los 80", como apunta un trabajador, está recibiendo muestras de solidaridad de todo el país. Las mujeres de los huelguistas se calientan en fuegos prendidos en bidones metálicos. A veces surge una botella de aguardiente casero, con la que templar los ánimos y los cigarrillos pasan de mano en mano para matar el tiempo.

Pero 139 días tienen 3.336 horas y las agujas del reloj se mueven despacio. Más aún si no se sabe a lo que se espera. El único objetivo es aguantar, resistir, porque saben que si dan un paso atrás están perdidos.

En octubre, el dueño de la empresa, Nikolaos Manesis, miembro de la Junta Directiva de Alphabank, uno de los principales bancos griegos, dijo que estaba sufriendo pérdidas y planteó despedir a 180 trabajadores o reducir la jornada de 8 a 5 horas, con un recorte salarial del 40 por ciento, hasta los 600 euros al mes. "La demanda interna se había desplomado un 70 por ciento. Debíamos hacerlo para sobrevivir", justifica Yannis Karayannis, director de desarrollo de la empresa.

Los trabajadores negaron que hubiese perdidas y alegaron que en los últimos meses se había ampliado su horario hasta las 15 horas. Inmediatamente, 24 obreros fueron despedidos y durante los siguientes meses la empresa ha seguido echando a huelguistas. "Ya van 93, pero nosotros no los reconocemos. Continuaremos la huelga hasta que nuestros compañeros sean readmitidos y volvamos a trabajar las mismas horas que antes", asegura Yorgos Sinfoniós, presidente del comité de empresa. "Hemos tratado de negociar varias veces pero todas nuestras propuestas han sido rechazadas por los sindicalistas", se queja Karayannis, que considera la huelga como "propaganda comunista" por la influencia del sindicato comunista PAME en el comité de empresa. "La situación es muy dura después de tantos días de lucha, pero nuestras familias apoyan que continuemos la huelga", explica Dimitris, mecánico de la factoría.

Los 380 huelguistas viven de las donaciones que les llegan de todos los rincones de Grecia e incluso de otros países. "Gracias a la Caja de Resistencia podemos comer. Y la gente también nos envía alimentos y ropa", explica Jaris, otro huelguista. "Pero tenemos compañeros con cinco o seis hijos. A ellos los tenemos que ayudar más porque en este país tienes que pagar por todo, incluso por la Sanidad y la Educación", se queja. "En mi colegio tenemos a algunos hijos de los huelguistas. Están deprimidos y sienten que no hay futuro", explica Markos Garbis, un profesor de la zona.

De hecho, la empresa alega que la huelga no le está haciendo ningún daño, puesto que pueden suplir la demanda con la producción de su otra planta. "El futuro es muy negro para toda Grecia, así que lo único que podemos hacer los trabajadores es estar unidos, unidos como un puño", continúa el combativo Simfoniós. Y de veras lo están. Después de tantos días compartiéndolo todo para evitar que la dirección reviente la huelga con trabajadores de otras plantas, se conocen entre ellos mejor que ningún otro. "No tenemos nada material, pero nos tenemos unos a otros", subraya Manolis: "Y esos vínculos no los podrán romper nunca. Eso significa que, pase lo que pase, ya hemos ganado".

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