El difícil reto de emanciparse

  • La emancipación de los jóvenes cada vez es más difícil. Los salarios y las hipotecas suponen una traba para aquellos que pretenden salir del nido, pero también para los que ya lo han hecho

CUATRO palos y un sombrajo. Con los datos que circulan hoy en día en torno al coste de la vivienda, y pese a que los precios se estabilizan e incluso comienzan a bajar en el caso de la vivienda de segunda mano, eso es lo que parece que les queda a miles de jóvenes a la hora de acceder a una vivienda digna. Una situación preocupante, que dificulta verdaderamente disfrutar de ese manido y conocido artículo 47 de nuestra Constitución, que permítanme no cite porque a estas alturas me parece indignante.

Los jóvenes suponen el sector poblacional que más demanda una vivienda. Y es muy lógico, pues a esa edad la intención de la gran mayoría es independizarse. Y ya nos pueden decir una y otra vez que los jóvenes tardan demasiado en salir de la casa de los padres, cosa que por otro lado es cierta, pero habría que analizar qué hace que un chico o chica esté con 35 años en esta situación. Evidentemente, hallaríamos no una sola razón, sino un cúmulo de circunstancias. Considerémoslas.

No es tanto el mercado de la vivienda como el mercado laboral el que explica la escasa emancipación de la población joven. Vamos a tener en cuenta que en Andalucía se concentra la mayor tasa de temporalidad laboral en los jóvenes, con el 58 por ciento, y la tercera mayor de paro en España, con un 14,3. El panorama empieza a oscurecerse, y aún no ha llegado la trampa de por vida de la hipoteca. En este sentido, el esfuerzo económico que debe asumir una persona joven en Andalucía para comprar el bien de primera necesidad que es la vivienda, equivale al 64 por ciento de su salario y el 45 por ciento de los ingresos de su hogar.

Cierto es que dentro de toda esta marea de números, estadísticas y tantos por cientos, el precio de la vivienda libre se ha detenido, pero en un punto muy alejado del potencial económico de los jóvenes españoles. Hace tan sólo 11 años, el valor de una vivienda libre equivalía a seis veces el salario anual de una persona; en la actualidad, en 2008, el valor de una vivienda en las mismas condiciones que en 1997, equivale a 13 años del sueldo medio de un joven. Si esto lo comparamos con la media europea, veremos que existe una gran diferencia, pues son cuatro años de media del salario lo que se necesita en Europa para adquirir una vivienda.

Estos datos, que se reflejan en un estudio que realiza periódicamente el Consejo Español de la Juventud, nos llevan a otra pregunta: ¿será que los sueldos de los jóvenes españoles están por debajo de los europeos y que en el coste de los productos no existe mucha diferencia?

Está claro que con un sueldo de mileurista, con una temporalidad en el puesto de trabajo, con el coste de la vida en alza y con la subida de los tipos de interés, es difícil que ninguna entidad financiera dé una hipoteca teniendo en cuenta que, para poder adquirir una vivienda libre sin asumir demasiados riesgos financieros -es decir, sin tener que superar un endeudamiento superior al 30 por ciento de la renta-, una persona joven debería percibir un salario de un 126 por ciento superior a la media que percibe actualmente. O dicho de otra forma: con los sueldos medios actuales, un joven podría acceder a una vivienda inferior a los 45 metros cuadrados construidos, que puede estar bien para una etapa de la vida, pero que se convierte en infravivienda cuando la situación, con el paso de los años, cambia y hablamos de familias con hijos que viven en cuchitriles de 45 metros cuadrados.

La situación se agrava, pues los jóvenes no sólo tienen dificultad para acceder a una vivienda, sino que los que ya la han adquirido tienen serios problemas para afrontar el pago de las hipotecas. Todo ello puede llevarnos a la conclusión de que la infravivienda en España es el futuro para muchas familias y que es un serio problema para nuestros gobernantes y para la sociedad en general.

Si una máxima de las políticas de sostenibilidad es la de "satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro", está claro que es difícil cumplirla cuando ya existen hipotecas que están firmando jóvenes, que tendrán que afrontar sus hijos. Cuando nos encontramos ante una pérdida de calidad de vida, ante un endeudamiento a larguísimo plazo... esto no es sostenible.

Miles de jóvenes y no tan jóvenes se están asociando y movilizando últimamente para pedir soluciones a este problema que se coloca entre los primeros de España. La sociedad civil está emergiendo para reclamar lo que es un derecho y va mucho más allá de cualquier propuesta electoralista, haciendo de su reivindicación una protesta constante.

Necesidad de vivienda, existe. Jóvenes que las necesitan, los hay. Problemas para acceder a una, muchos. Es difícil tener una barita mágica y arreglar esta situación, pero mientras una necesidad básica esté sin cubrir se tienen que articular medidas para que la tengamos cubierta de una forma digna. Está claro quien tiene que ejecutar esas medidas, quien tiene que velar para que este derecho sea real y resulta obvio que todo pasa por abaratar el precio del suelo, bajar los tipos de interés de las hipotecas, eliminar la especulación y perseguir la corrupción. Pero sobre todo, es necesario hacer una apuesta firme por la VPO. Después vendrán las políticas de ayudas a los jóvenes o si es mejor alquilar o comprar, pero ésa, ya es otra historia...

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