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En el sur también hace frío

  • Hay que conocer los problemas que se plantean en ambientes gélidos

En el sur también hace frío En el sur también hace frío

En el sur también hace frío

Llegó la época fría, si bien, los que vivimos en esta parte del mundo tenemos la suerte de que el descenso de las temperaturas no alcanza el nivel extremo de otras regiones de Europa e incluso de nuestro país. Sin embargo, es interesante conocer algunas de las características más importantes relacionadas con el ejercicio físico, la fisiología del deporte cuando la temperatura atmosférica baja.

Ha nevado hace un par de días, y mucha gente iremos en los próximos días, a disfrutar de algo poco común en nuestro entorno como es la nieve. Sin embargo, los más valientes se aventurarán en senderos y caminos cubiertos para disfrutar de ese manto blanco. Hay que ser cautos y conocer las lesiones o problemas básicos que se nos pueden plantear en ambientes fríos y para los que no estamos nada acostumbrados.

Si hace frío, los vasos de la piel se contraen para no perder calor y sudaremos menos. Los músculos se van a contraer de forma involuntaria y esto puede afectar al rendimiento y puede llegar a provocar calambres o contracturas. A veces la temperatura no es muy baja pero el viento puede hacer que la sensación térmica sea mucho más fría que la temperatura ambiente real.

En frío los fluidos corporales son más viscosos, tal como ocurre con el aceite, que en frío se vuelve denso y sus movimientos son lentos y, sin embargo, en cuanto se caliente es mucho más fluido. Algo similar ocurre en nuestro cuerpo: un buen calentamiento hace que disminuya la viscosidad de los líquidos y mejore la elasticidad de las fibras musculares y tendinosas y la de las propias articulaciones.

¿Cuándo sufrimos hipotermia?

En el tiempo frío, el cuerpo puede perder calor más rápido de lo que tarda en producirlo. Esto puede dar lugar a una temperatura corporal anormalmente baja, llamada hipotermia. La hipotermia puede hacer que la persona se sienta somnolienta, confundida y torpe. Como la hipotermia sucede gradualmente y nubla la razón, es posible que la persona no se dé cuenta de que necesita ayuda.

Cualquier persona que pase mucho tiempo en el frío puede sufrir hipotermia. La hipotermia también se puede producir por estar frío y mojado o por estar sumergido en agua muy fría demasiado tiempo. Los bebés, los ancianos y las personas que sufren enfermedades cardiovasculares son más vulnerables. A medida que envejecemos se hace más difícil mantener una temperatura corporal normal. Como los ancianos parecen ser relativamente insensibles a condiciones de frío moderado, pueden sufrir hipotermia sin siquiera darse cuenta.

Síntomas de la hipotermia:

-Confusión y somnolencia

-Habla confusa

-Respiración superficial

-Alteraciones del comportamiento

-Temblor extremo o ausencia completa de temblor

-Rigidez de los brazos y las piernas

-Falta de control de los movimientos del cuerpo

La hipotermia es muy peligrosa. Una temperatura corporal por debajo de los 35º C puede causar la muerte si no se trata de inmediato.

Cuando esto ocurra, se debe calentar a la persona lo antes posible, pero de forma gradual en ambientes tibios y no directamente en entornos excesivamente calurosos o de forma directa con estufas o chimeneas. Lo ideal son mantas y ropa de abrigo seca.

Congelación

Es el daño de la piel o los tejidos causado por el frío extremo. Los dedos de manos y pies, las manos, los pies, la nariz y las mejillas son las partes del cuerpo más vulnerables a la congelación. Los niños corren más riesgo de sufrir congelación que los adultos, porque pierden calor por la piel más rápidamente y porque es menos probable que decidan abandonar sus diversiones invernales para entrar a la casa a calentarse.

La congelación se produce cuando los vasos sanguíneos de la piel se estrechan o contraen. Como por el vaso sanguíneo contraído circula menos sangre, se forman cristales de hielo en el líquido que se encuentra dentro y alrededor de las células de la piel. De esta manera, el flujo de sangre se interrumpe tanto de entrada o arterial que lleva el oxígeno a la extremidad, como el de salida o retorno, el venoso que recoge la sangre pobre en oxígeno.

Hay dos tipos de congelación: la superficial y la profunda. En la congelación superficial, la parte afectada de la piel se pone gris o amarillenta, pero la piel permanece blanda. Después de que la piel se descongela, se torna roja y se pela. En la congelación profunda, la piel tiene apariencia de cera y se siente dura al tacto. Cuando se descongela, se torna azulada o morada y pueden producirse ampollas.

Si cree que ha sufrido congelación, debe hacer lo siguiente:

-Trate de llegar a un lugar cálido.

-Acuda al médico de inmediato, si le es posible.

-Si tiene congelados los pies o los dedos de los pies, no camine.

-No reviente las ampollas.

-No se frote las zonas afectadas. Si lo hace, el tejido que es muy débil y sensible se dañará e incluso puede llegar a desprenderse. Sumerja en agua tibia las zonas congeladas, cúbralas con mantas abrigadas o póngalas en contacto con partes del cuerpo que estén tibias.

-No las exponga a calor directo, como el de una chimenea o una estufa. Esto provocará una vasodilatación brusca de rebote en una zona de tejido cuyos vasos se encuentran dañados por lo que se producirá un acúmulo de líquido en las partes más acras de las manos y pies.

-No se aplique ungüentos ni se ponga vendajes en las zonas afectadas.

-No tome bebidas alcohólicas para calentarse.

La congelación mínima es el enrojecimiento y hormigueo de las mejillas, la nariz, las orejas y los dedos de las manos y los pies después de la exposición al frío. El tratamiento se puede realizar en casa y consiste en retirar la ropa mojada de la zona afectada y calentar nuevamente en un baño de agua tibia las partes del cuerpo que se han enfriado. Si ha sufrido congelación mínima en las manos o los dedos, pídale a otra persona que pruebe la temperatura del agua, ya que no sentirá el calor en las manos entumecidas y puede producirse alguna quemadura sin darnos cuenta.

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