Osasuna | recreativo · la crónica

Con sabor a permanencia

  • Presión El Osasuna saltó con una marcha más y apretó a los albiazules, que sufrieron mucho en la primera media hora Inteligencia En muchas fases del partido, el Decano demostró saber leer el partido mejor que su oponente

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Media permanencia en el bolsillo. El Recre salió del Reyno de Navarra con la salvación en la mano. Logró la victoria que le faltaba, la que necesitaba lejos de su terreno de juego para que las cuentas le cuadren. Los resultados dictarán hoy si sale o no del descenso, pero lo que está claro es que el horizonte se aclara mucho para un conjunto que de esta forma ve como sus opciones se multiplican exponencialmente.

De la noche y al día. Víctima hace una semana en su campo de la incapacidad para materializar sus numerosas ocasiones de peligro frente al Athletic de Bilbao, al Recre le bastó con un pase desde su campo en largo para que el mejor Sinama se deshiciera por el camino de Miguel Flaño, que ni por velocidad ni por fuerza pudo con el francés, y de Ricardo para abrir el marcador. El primer acercamiento al área osasunista en 36 minutos bastó. Suficiente para sumar tres puntos que coloca la salvación a tiro de piedra.

Osasuna tildó el choque de final trascendente y prácticamente definitiva por la permanencia. Así pareció tenerlo presente desde el instante en el que el balón comenzó a rodar. Entró en el partido con una velocidad más que su rival, que se atrincheró alrededor de su salvador Sorrentino.

A la espera de momentos más placenteros para salir de la 'cueva', la primera media del Recreativo fue de sufrimiento puro. Suspiró de alivio con apenas cuatro minutos en el electrónico cuando una mano de su cancerbero evitó el tanto de Plasil y al cuarto de hora en una estirada imposible. Y por primera vez, un error 'humano' ayudó con el gol de Flaño que no subió al marcador.

El acoso era total. Los albiazules sólo podían defenderse de la mejor forma posible. Sinama y Ruben prácticamente tuvieron que hacer la guerra de forma tímida por su cuenta, mientras todos los demás se contentaban con mirar el reloj y ver pasar las ocasiones locales.

El Osasuna hizo méritos para adelantarse en el marcador y pudo hacerlo si hubiera sido capaz de aprovecharse de los problemas onubenses para controlar los constantes envíos aéreos y las acciones a balón parado que disfrutó.

No lo hizo y, como bien sabe el Decano, lo pagó con un marcador adverso que descolocó totalmente a los navarros. Motivados para lo que iba a ser el festejo de la permanencia, la situación creada no entraba en sus planes.

Aparecieron la incertidumbre, la tensión, las prisas y una crisis de identidad sobre la que se cimentó el cambio de rumbo del encuentro. La víctima pasó a ser verdugo de un anfitrión presa de la presión anímica que pretendía disfrutar.

Ello propició la metamorfosis de un duelo que cambió para siempre. Osasuna pasó a correr detrás de su oponente y sufrir al ritmo que le marcó el Decano. Sus únicos acercamientos llegaron fruto de errores puntuales de los defensores albiazules.

El partido fue eterno. Los minutos no pasaron y si bien el peligro fue escaso, la simple presencia del cuero cerca del área onubense ya era suficiente para mantener el corazón en vilo.

Y aún así tocó sufrir. Los de Ziganda no son más que presión, fuerza, juego aéreo y su ambiente hostil. Se ampararon en ello para apretar en un tramo final en el que rondó demasiado a Sorrentino. El italiano tuvo que intervenir de nuevo en alguna oportunidad, siendo la más clara un lanzamiento al larguero de Miguel Flaño.

Zambrano movió entonces con inteligencia su banquillo y con los cambios acabó por desquiciar a su oponente y matar un partido que le coloca a las puertas del hito de la permanencia. La tiene cerca, ahora debe rematarla.

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