Y el hombre creó el fútbol...

  • Los historiadores coinciden en señalar que culturas tan diferentes y distantes como la japonesa, china, romana o griega inventaron juegos que pueden ser considerados los antecesores del balompié actual

¿Cuándo empezó lo que hoy conocemos propiamente como fútbol? Los orígenes de este juego son oscuros y muy profundos, tanto que se pierden en la noche de los tiempos. Dar patadas a un cuerpo esférico es una actividad lógica en el ser humano. Bien lo sabe Don Alfredo Di Stéfano, cuando puntualiza que "aunque a menudo se acuse al fútbol de ser un deporte poco natural al no utilizar las manos, tiene algo de artístico y requiere cierta alma poética. Reducir el fútbol a patear un balón es, ante todo, una muestra de ignorancia".

Múltiples culturas pueden reivindicar la paternidad de este deporte: China, Japón, Grecia, Roma. Es probable que los primeros partidos internacionales fueran disputados entre chinos y japoneses. Existen documentos que relatan cómo éstos desarrollaban una especie de fútbol sobre un campo marcado por árboles en cada una de las esquinas. Los chinos, por su parte, tenían un juego consistente en patear una bola de cuero rellena de cabellos. En la antigua Grecia era muy popular un deporte de pelota llamado episciro, el cual, al igual que tantas cosas griegas, fue adoptado luego por Roma denominándolo harpastum. Se trataba de un ejercicio extremadamente duro, basado en llevarse el balón contra la oposición de todos los demás participantes, y cuentan que el mismo César lo practicó, con la desaprobación de sus contemporáneos. Las tropas imperiales posiblemente lo llevaron a las islas británicas; una leyenda sostiene que en el año 276 después de Cristo un equipo inglés venció a otro compuesto por legionarios romanos.

Durante la Edad Media el fútbol arraigó en las capas sociales más bajas, según demuestra una abundante documentación. En 1314 el rey Eduardo II promulgó la prohibición del juego bajo pena de prisión. Ricardo III la reiteró, pero ya era imparable el desarrollo de este deporte como forma de resistencia pasiva. La citada ley fue confirmada por Enrique IV en 1401 y por Enrique VII al siglo siguiente. Más adelante, en 1572, condenó el juego la reina Isabel de Inglaterra. Quienes hoy lo deploran deberían tomar nota de aquel entonces. Un escritor de la época, Sir Thomas Eliot, definía al fútbol como "un pasatiempo absolutamente reprobable para toda persona noble, ya que no produce diversión, sino furia y violencia bestiales". No se lo consideraba, por tanto, una forma de distracción o recreo, sino una disputa o pelea, un enfrentamiento abierto y directo.

A pesar de las prohibiciones reales, el balompié fue creciendo en popularidad. Ciudades y provincias competían unas contra otras, con reglas particulares según los lugares. Entre ellos destacaba el calcio, rama florentina del fútbol jugado entre dos equipos apadrinados por sus señores. A partir del siglo XVIII adquiere verdadero auge, especialmente en Gran Bretaña, a la vez que aumenta su rudeza y rivalidad. En este aspecto, una noticia de un partido disputado en Derbyshire, en el año 1829, menciona "espinillas y cabezas rotas, ropas destrozadas y sombreros perdidos".

Fueron las estructuras educativas, exactamente las escuelas (colleges) británicas, las que civilizaron este deporte. En el siglo XIX, Eton, Harrow, Winchester y Rugby, establecieron sus propios reglamentos, los cuales se iban coordinando a medida que los muchachos pasaban a Oxford o Cambridge. De este modo, se instauró el concepto de fuera de juego (off side), que al principio ellos llamaban colarse, y se inició la costumbre de cambiar de campo a la mitad del tiempo, en vez de a cada tanto. Se situaron las metas (goal) separadas por 134 metros, como claras precursoras de la línea de ensayo de rugby, y se colocó un larguero sustituyendo a las cintas atadas a los postes que se utilizaban antes. Comienzan a unificarse criterios y en 1862, J. C. Thring, de la Appingham School, redacta un reglamento titulado El juego más sencillo. Con una evidente dependencia del rugby, las 10 reglas establecían que se podían usar las manos sólo para detener el balón, marcándose tanto cuando se hacía pasar éste entre los postes y bajo el larguero siempre que no fuera por lanzamiento. Además, todo jugador situado por delante del balón estaba en fuera de juego.

Rugby y fútbol se separaron al año siguiente. Se dice que los practicantes del primero querían mantener la noble costumbre de poder agarrar (placar) a sus oponentes. En 1863 se constituyó la Football Association inglesa, (precisamente, en una taberna, la Freemasons de Londres), primera entidad que codificó las reglas del juego. Así llega hasta nuestros días. Es el fútbol, que se juega con el alma y que tanto nos implica.

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