El hambre aguza el ingenio

  • Deportivo y Mallorca, dos equipos muy condicionados por el límite en sus gastos, optimizan sus recursos y se codean arriba bajo la mano sabia de Lotina y Manzano

La obligada austeridad de la gran mayoría de los equipos de Primera señala esta temporada a dos referentes, Deportivo y Mallorca. Ambos clubes vivieron recientes épocas doradas, impulsados por una política económica por encima de sus posibilidades, y aunque hoy se ven lastrados por esos dispendios, el buen trabajo en el plano deportivo les saca del pantano. Optimizan sus limitados recursos hasta el punto de que ellos están dispuestos a cubrir el vacío que han dejado Atlético de Madrid y Villarreal en la zona noble de la tabla.

el pulso por filipe luis

El Deportivo ya fue la hormiguita de la pasada Liga, y esta temporada progresa en su mejoría a la chita callando. Lendoiro aguantó el pulso al Barcelona, no se bajó de los 15 millones de euros para traspasar a Filipe Luis y, como el campeonísimo azulgrana no accedió a sus pretensiones, el buen lateral izquierdo permaneció a regañadientes junto a la Torre de Hércules. Muchos vieron en esa negativa del presidente deportivista una insensatez, pero teniendo en cuenta que el brasileño es uno de los puntales de un equipo que es quinto y empatado con el cuarto, la postura de fuerza de Lendoiro se puede interpretar ahora como un renovado plan para recuperar el perdido esplendor.

Lotina ha armado su bloque desde atrás, con un sistema defensivo muy eficaz. Aranzubia es un buen portero, que con su madurez se muestra más regular. Manuel Pablo, lastrado por sus problemas físicos, ya no sube como antes de su terrible choque con Giovanella, pero en un equipo más defensivo que aquel Dépor le basta con fijar su posición atrás y animarse de vez en cuando. Filipe Luis maniobra a todo lo largo de la banda izquierda y en el medio, Colotto por fin se ha asentado junto a Lopo.

Por delante de la zaga, Juca, más Juan Rodríguez y Sergio, ofrecen constantes ayudas para que la telaraña de Lotina sea un hecho. Esa solvencia defensiva se refleja en los números del Deportivo como visitante: 4 victorias en Getafe (0-2), Tenerife (0-1), Xerez (0-3) y, el pasado domingo, Santander (0-1). En todos esos triunfos mantuvo su portería a cero. Sólo perdió en el Bernabéu la primera jornada (3-2) y en su mayor desliz, en Valladolid (4-0). Y esa defensa aporta sus goles y ayuda a una delantera más cogida con alfileres: Lopo y Colotto a balón parado, o Felipe Luis en sus subidas.

En Riazor, obligado a exponer más, el dibujo de Lotina encontró problemas los dos años anteriores ya que la calidad no abunda en la vanguardia, pero esta temporada, saca adelante casi todos sus partidos con Juca a la batuta, la calidad de Guardado desde la izquierda y la confirmación de Lassad. De momento, no echa de menos a Lafita.

ajeno a la tempestad

En Palma de Mallorca, se frotan los ojos y no se lo creen. En verano de 2008, el club bermellón tuvo que vender a Fernando Navarro, Ibagaza, Jonás Gutiérrez y Güiza, entre otros, y se ató los machos para capear el temporal. Lo hizo bajo la mano sabia de Gregorio Manzano, que aseguró el orden y con él la competitividad. El pasado verano, los problemas económicos obligaron a otro sobreesfuerzo y se marcharon Arango, Moyà más los cedidos David Navarro (Valencia), Cleber Santana (Atlético) y Jurado (Atlético). Pero lejos de hundirse el barco bajo la tempestad institucional, el equipo es sexto a cuatro puntos de la zona de Champions, que cierra un Valencia al que le aguantó el pulso en Mestalla el pasado sábado (1-1).

Son Moix es inabordable: seis partidos, seis victorias ante Almería (3-1), Getafe (3-1), Racing (1-0), Tenerife (4-0), Valladolid (3-0) y Xerez (2-0). Fuera, con rivales mejores, su rendimiento bajó: cayó ante Barcelona (4-2), Sporting (4-1) y Sevilla (2-0) y empató ante Atlético (1-1), Villarreal (1-1) y Valencia (1-1).

Deportivo y Mallorca viajan cómodos en ese segundo vagón, con mucha menos presión que sus predecesores y a la espera de que alguno afloje para dar el zarpazo. Ejemplifican que, a veces, la pizarra no entiende de números rojos.

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