La crisis se traslada hasta Burgos

  • El Ciudad de Huelva, víctima de la situación por la que está atravesando, jugó su peor partido de la temporada y fue arrollado por un rival directo, siendo lo único positivo la reaparición de Onyekwe

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El CB Huelva fue víctima de sus circunstancias, y es que en las condiciones en las que el equipo afrontó el partido es muy difícil ganar, por no decir casi imposible. El equipo puso ganas, pero le faltó espíritu, los problemas extradeportivos pesan como una losa, y el equipo sigue su caída libre, sumando su séptima derrota consecutiva, que le acerca peligrosamente a los puestos de descenso en la clasificación.

El hundimiento se fraguó ayer en Burgos, donde al CB Huelva le comenzaron a fallar las pulsaciones. El grupo onubense dio síntomas de desfallecimiento y comenzó a resquebrajarse, impotente ante tanta adversidad. Los de Pepe Rodríguez se hunden irremisiblemente y lo que queda de Liga se adivina como un calvario. Sin fuerzas, sin ilusión y sin esperanzas, los onubenses ofrecieron su peor cara y se hundieron en su propio drama.

El inicio del Ciudad de Huelva reflejó la realidad del equipo, lejos de la lección que dio en su anterior desplazamiento a Lugo, cuando estuvo a punto de ganar. Con una semana más, los jugadores acusaron el desgaste que les producía una situación de tanta incertidumbre.

El Autocid no tuvo ningún tipo de compasión y salió con el cuchillo entre los dientes, dispuesto a aprovecharse de las miserias de su rival, sin un atisbo de compasión y con un juego de mucha intensidad lograron que el Ciudad de Huelva no supiera qué hacer, lo que le llevó a defender mal y a ser vulnerable, para ceder poco a poco ventajas que fueron alarmantes, debido también a la incapacidad ofensiva visitante.

A los seis minutos el Ciudad había casi tirado el partido (16-2), con una única canasta inicial de Van Lacke, a la que siguieron 12 puntos seguidos de los burgaleses, que hicieron cada vez más grande la hemorragia en los de Pepe Rodríguez. Pero fue otro argentino y ex jugador del CB Huelva, Adrián Boccia, el verdugo de los onubenses. El base-escolta jugó de forma portentosa y no sólo dirigió a su equipo de forma majestuosa sino que además estuvo colosal en el tiro. Nadie pudo con él y así se llegó a un final del primer cuarto casi bochornoso.

Pepe Rodríguez hizo todo lo posible por conseguir la reacción de sus jugadores en la cancha, con constantes cambios de sistemas defensivos y agotando sus tiempos muertos. Pero no era su día.

En el segundo cuarto el Autocid Burgos jugó con viento a favor y esperó a ver de lo que era capaz su oponente. Pepe Rodríguez no tiró la toalla y consiguió que sus jugadores defendieran mejor.

Sin Boccia en la cancha el equipo local se resintió y el Ciudad de Huelva pudo sacar la cabeza timidamente, con un parcial de 2-7 que fue sin embargo algo fugaz, porque el Burgos no hizo concesiones y como mandaba en el rebote, salió al contragolpe y desarboló a los onubenses.

El conjunto visitante fallaba mucho en el tiro y el Autocid lo aprovechaba para salir con vertiginosa rapidez y hacer canastas fáciles lo que les llevó a mantener y aumentar su ventaja, que llegó hasta los 22 puntos (42-20), poco antes de llegar al descanso.

En la reanudación, el Ciudad de Huelva apenas fue un simulacro. Pepe Rodríguez quizás no supo ni qué decirles, porque los jugadores demostraron estar ausentes. El equipo perdió sus señas de identidad y comenzó a funcionar como un grupo de autómatas, sin espíritu colectivo y con una mezcla de apatía y falta de recursos que sólo se podían entender desde su falta de motivación.

Así, cualquier rival, podía abusar de ellos y el cuadro burgalés, que no está para obras de caridad, siguió con su labor de acoso y derribo. Sólo Van Lacke dio un paso al frente. El argentino, pese a que le impidieron fichar por otro equipo, ofreció una lección de dignidad y coraje para sumar canastas que suavizaran la humillación. También Ermolinski se dejó ver en ataque, al igual que Morón, pero el CB Huelva funcionaba sin pautas, con la consigna de que cada uno hiciera lo que pudiera.

En esas circunstancias, el club onubense no podía aspirar a mucho y pese a sus pequeños impulsos quedaba siempre minimizado por el rodillo burgalés. Los pupilos de Pepe Rodríguez fueron languideciendo mientras asistían al espectáculo de los locales, que no dejaban de ejercer su superioridad desde todos los lados de la cancha, empequeñeciendo a un rival en el que pese a la reaparición de Ugonna Onyekwe no tenía argumentos para disputar el partido y que en los últimos seis minutos del tercer cuarto sólo pudo hacer seis puntos.

El marcador se puso en un sonrojante 59-33 y entonces, Andreu Casadevall (ex técnico del Ciudad de Huelva), entendió que el partido ya no era tal. El valenciano dio descanso a sus mejores jugadores y el Ciudad de Huelva ni siquiera lo notó, aunque el último cuarto pudo haberse evitado porque con un marcador de 71-34 sobran los comentarios. Sólo al finaly cuando el equipo local situó como pivots a dos jugadores del filial, el CB Huelva pudo acortar distanciaslevemente para evitar lo que habría sido una derrota exageradamente vergonzosa.

El Burgos pareció entonces sentir compasión y permitió que el contrario se hiciera con el cuarto y dejara el marcador algo más decoroso, aunque la sensación fue la de haber dejado un mensaje para los que han permitido que esta situación haya llegado tan lejos.

Ahora, el miércoles, al Ciudad de Huelva le espera otra final, en casa ante Gandía (21.00 horas).

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