Entre el cielo y el suelo

  • Phelps labra su nombre con letras doradas · España, gracias a Nadal, el dobles femenino y Deferr, incrementa su cuenta a seis medallas · El 49er dará un oro o una plata · Caída de Marta Domínguez

El límite entre alcanzar el cielo o estamparse contra el suelo es finísimo en demasiadas ocasiones. Hay deportistas que pocas veces sufren un trompicón, otros intercalan éxitos con batacazos y existen algunos que suelen besar la lona como hábito. Michael Phelps pertenece a la primera categoría. Con menos de 20 años se planteó un reto en Atenas que se quedó a las puertas de culminar. Ya con 23, prueba superada. Ocho oros. Uno más que Spitz, que ha escuchado más su apellido entre los Juegos atenienses y los pequineses que en Múnich 72. Su sucesor, 36 años después, ha podido con el récord de los récords en una cita olímpica. Estaba cantado para felicidad de televisiones y patrocinadores estadounidenses.

Ítem más. Se va con ocho metales dorados al cuello, siete plusmarcas universales y una olímpica -hasta ésta le arrebató a Cavic en los 100 mariposa-. El relevo 4x100 estilos era cosa de los yanquis y así fue en la jornada que cerraba la natación. Más vale que lleve escolta Phelps en el avión hacia Baltimore.

El nadador admira a Nadal. Es recíproco. Y lógico que un grande del deporte admire a otro. España adora al tenista. El mundo adora al tenista. Ha dejado atrás en el escalafón de ídolos a Fernando Alonso. No quiere dejar un reto sin conquistar. Campeón olímpico, estreno del número uno mundial y viaje a Nueva York para jugar el US Open. ¿Viajará junto a Phelps? Seguramente pase por casa primero.

Coronó a España con la tercera medalla de oro. Fernando González, rival chileno, se puso guapo para la ocasión. De la barba y la gorra que lució ante Blake, al afeitado apurado y sin visera frente al mejor. Ya no iba con pinta de gañán, sino de galán. Nadal no tiene corazón en la pista. Tres sets. No quería que un atasco en su juego le diera vida al suramericano, especialista olímpico.

Previamente, final de dobles femeninos. Ruano y Medina tenían la plata asegurada contra las Williams y ahí se plantaron. No jugaron más. No es que salieran desdeñosas, pero entre los problemas físicos de la primera y la fortaleza de las hermanas en pista rápida... Poco que hacer. Las platas, en cualquier caso, suman.

Sumó ésa España y la de Gervasio Deferr. Tres para nuestro país, que serán cuatro, de una tacada. Iba el gimnasta tan preparado, tan concienciado, tan ambicioso, que en principio le sentó mal no ligar el oro. Duró unos segundos. Felicitó al campeón -chino- y expulsó la alegría, aunque le quede el resquemor. Oro en Sidney, oro en Atenas y plata en Pekín. Para ponerle un piso al saltarín.

La sexta presea dará paso a la séptima. Posiblemente hoy. Hubo desconcierto en la vela. El cielo se abrió azul cuando se cantó con antelación el oro de Íker Martínez y Xabi Fernández en 49er. Tornó en cárdeno cuando Dinamarca le arrebató el preciado metal. Pero la delegación española reclamó al usar los nórdicos el barco de los croatas -que no participaban en la Medal Race- por romperse el mástil de la embarcación danesa nada más arrancar la última regata de la competición.

El atletismo debió dar otro galardón mayor. Las dos principales bazas hispanas, out. Paquillo decepcionó el día antes y Marta Domínguez se pegó un trompazo que evitó que cazara chapa. Chapa y pintura necesitará su menudo cuerpo tras el costalazo. Iba cuarta y tropezó en la antepenúltima valla antes de la meta, con la plata y el bronce a tiro de los obstáculo. Hay que admirar a la palentina; hay que ser de ella, filiaciones al margen. Se tomó el drama con una entereza que asusta. La procesión va por dentro.

Con 32 años, los Juegos son su cruz, pero Domínguez es terca, obstinada, dura, castellana recia. Como se le meta en la mollera Londres 2012, allí correrá. Una de las Fuentes Pila, Zulema, que compitió con la veterana de Venta de Baños tuvo el detalle de consolar a su maestra: "Mejor habría sido que me hubiera caído yo en vez de ella. Qué más da quedar duodécima que decimoquinta. Ella se jugaba el podio". Viva el compañerismo patrio. ¡Ah! Voló la rusa Galkina para bajar de los nueve minutos y llevarse el oro.

El Nido de Pájaro le pasó factura en su día a Reyes Estévez, que de actor principal en 1.500 pasó a tramoyista si es que sigue en Pekín. En las semifinales, pagó el pato Arturo Casado. De gobernar la carrera como un mariscal a bajar en la jerarquía en 30 metros. A Higuero, perro viejo a estas alturas, no le sucedió lo mismo, aunque dio algún sustillo. Estará en la final. Había tres opciones y Odriozola, presidente federativo del atletismo, ve desvanecerse dos. El disgusto, entre 1.500, Paquillo y Domínguez, no se lo quitará nadie. Quizás Pestano en disco, Onyia en 100 vallas o Beitia en salto de altura.

Kenenisa Bekele es el emperador del fondo. En los 10.000, el monopolio negro no abruma. A De la Ossa al menos no. El conquense, decimoséptimo, fue el primer europeo y el segundo blanco. Un honor, caramba. Bekele hizo su clásico sprint en los últimos 200 para dejar atrás a su compatriota Sihine, plata. El gran Gebrselassie va a menos, sexto.

El tartán regaló más noticias. Jamaica funde a Estados Unidos en velocidad. Eso pretende la isla caribeña. De Bolt a sus paisanas en los 100. Podio jamaicano: Shelly-Ann Fraser, Sherone Simpson y Kerron Stewart.

En el infierno olímpico recayó Radcliffe, pétrea a mitad del maratón: 23ª. Corrió más que nadie, valiente, la rumana Tomescu.

Fuera del Nido, la selección femenina de baloncesto vapuleó a Mali. Cruce con Rusia. Tiemblan... las rusas, que ya perdieron hace unas semanas con las hispanas. En hockey, Alemania evitó que los chicos de Hendriks aseguraran las semifinales. Primera derrota. Un empate con Corea basta. Mientras, una pastora casi accede al estrellato. A la vasca Maider Unda le faltó un pelo para ganar el bronce en lucha en la categoría de -72 kilos. Habría sido la sorpresa grata que siempre endulza el medallero de un país. Fue cuarta y tuvo sus minutos de gloria, a punto de soñar con el cielo.

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