Suicidio recreativista

  • Desastroso Dos errores garrafales en defensa provocaron los dos primeros tantos del Real Zaragoza Sin apretar El conjunto local apenas tuvo que apretar para llevarse tres puntos comodísimos

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Cuando lo que tienes por delante es nada más y nada menos que tu propia supervivencia, lo mínimo que se exige es tensión, mentalización y esfuerzo. La calidad se tiene o no, la fortuna te ayuda o no, pero la entrega es una cuestión propia que aporta cada cual. El Recre llegó a Zaragoza con la intención de solventar su permanencia en la categoría. Al menos con ese mensaje de se le llenó la boca durante la semana. Luego, sobre el césped, ni por asomo lo pareció. Repitió el duelo complaciente con el que terminó la pasada campaña en Huelva ante su mismo rival. Entonces le regaló una plaza en Europa, ayer le devolvió la posibilidad de pelear por seguir en Primera. Como si estuvieran los onubenses para demasiadas concesiones, se permitieron entregar el partido con un 'lacito'.

No ganó el Zaragoza, perdió el Recreativo. El conjunto de Manolo Villanova no habrá encontrado un rival más cómodo en toda la temporada que el que tuvo delante en La Romareda.

En el día del ahora o nunca, algunos demostraron que su lugar en el Decano está en el segundo grupo. La intervención de Edu Moya pasará a la historiad el Real Zaragoza. En el partido más importante de la historia maña en mucho tiempo, el extremeño fue uno de los grandes artífices de una derrota que puede tener una trascendencia decisiva para el Decano. Ojalá los albiazules no tengan que acordarse de la actuación de su lateral derecho.

Con menos de un minuto de juego. Se permitió la frivolidad de sacar el balón regateando desde atrás. Se marchó del primer atacante zaragocista, no así del segundo. Le regaló el cuero a un tal Pablo Aimar, que sabe algo de fútbol. El argentino entró en el área, cedió atrás a Sergio García y éste batió a Sorrentino.

Si la clave era aguantar los primeros veinte minutos y esperar que el ambiente se volviera irrespirable y el nerviosismo apareciera, desde luego su puesta en escena no pudo ser peor. Se trataba de no perder y en lugar de eso se suicidó.

El gol encendió al local, que se creció. Si vino arriba al grito de 'Zaragoza no se rinde'. Para ello simplemente se aprovechó de la nulidad que tuvo delante. El fallo estrepitoso de Edu Moya no sólo ayudó al contrario sobremanera, sino que encima hundió a sus compañeros que tardaron una barbaridad en reponerse. Lo más doloroso de todo es que incluso en su mejor fase del partido demostró todas esas sus carencias que le han hecho estar peleando por la permanencia.

Cuando comenzaba a sacar la cabeza y reponerse del varapalo inicial, otro error albiazul terminó de condenar al Decano. Iago Bouzón perdió el cuero ante la presión de Oliveira. Con el balón en los pies y solo delante de Sorrentino el brasileño no perdonó. 20 minutos de juego y 2-0 en el marcador. Increíble.

Después del segundo tanto zaragociasta, nada. El abismo se abrió bajo los pies de un Recreativo que comprendió entonces lo mucho que se estaba jugando. Se dio cuenta de lo mucho que estaba concediendo. Trató de reaccionar más por compromiso que por convicción.

La vergüenza torera de Marco Ruben le permitió salvarse de la quema. El argentino trató de tirar de un equipo muerto. Más enchufado que el resto, con una velocidad más desde el pitido inicial, el ex de River fue el único que intentó acercarse a la meta de César. Desesperado por la falta de compañeros de viaje, esa misma excitación le acabó pasando factura. La pasada de frenada le costó dos amarillas en apenas un minuto al borde del descanso. Con diez hombres sobre el césped, y alguno menos en espíritu, resultó imposible hacer nada más.

Zambrano se la jugó con lo que tenía en la segunda mitad. El Recre le metió en el comienzo toda la energió que se ahorró en la primera parte. Demasiado tarde para todo.

El Zaragoza aguantó el acelerón albiazul como pudo. Sabía que el paso de los minutos ésta vez le acompañaba. Los cambios rompieron al Decano. No había otra posibilidad.

Con Ersen Martín y después con Javi Guerrero, el aumento de efectivos en la delantera obligó a desguarecer la defensa, que quedó vendida a expensas de algún contragolpe de los hombres rápidos maños. Pese a disfrutar de numerosas ocasiones para matar definitivamente al Decano, no fue hasta el 77 cuando llegó el tercero local. De nuevo Oliveira remató solo.

La desesperación no hizo más que acelerar más todavía a los onubenses, que ni amontonando futbolistas en el área de César fueron capaces de inquietar al meta zaragocista. Vivió su partido más tranquilo de la temporada. No porque sus compañeros se lo permitieran, sino porque disfrutó de las debilidades de un equipo que ayer no estuvo a la altura de las circunstancias.

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