Set y partido para el Barça

  • Superior Los de Guardiola impusieron su mayor calidad para lograr una goleada histórica en el Bernabéu Decisivos El Madrid se vio impotente para frenar la avalancha azulgrana liderada por Xavi e Iniesta y que culminaron Henry y Messi

El Barcelona dio un golpe casi mortal a la Liga al triturar al Madrid por 6-2 en el estadio Santiago Bernabéu y situarse con siete puntos de ventaja sobre el conjunto blanco a falta sólo de cuatro partidos.

El Madrid se adelantó en el minuto 14, pero Henry, Puyol y Messi dieron la vuelta al marcador ya en el primer tiempo. Sergio Ramos acortó, pero de nuevo Henry y Messi y Piqué sellaron la goleada en un encuentro en el que el Barcelona fue el claro dominador.

El partido se presentaba como el combate decisivo por el título. Por el juego y el estilo de ambos, el paralelismo boxístico estaba claro. El Barcelona encarnaba el papel del estilista y elegante Mohammed Alí. El Real Madrid era Joe Frazier, otro peso pesado de pegada mortal, aunque de más coraje que técnica.

Los dos púgiles se tantearon de inicio. El conjunto blanco no salió a morder desde minuto uno y Xavi, a los 23 segundos, ya amagó para el Barcelona. Poco después, Robben forzó un córner y pidió el aliento de la hinchada blanca, que quería sangre azulgrana en el césped del estadio Santiago Bernabéu.

Messi dejó su habitual banda derecha para ubicarse en el centro, alejado de su compatriota Heinze y para jugar entre líneas, entre los centrales y los mediocentros blancos. Allí destacaron todas sus virtudes como pasador y hombre-gol. Y se ocultó la falta de chispa en el uno contra uno que experimenta los últimos partidos. La decisión de Pep Guardiola ayudó a su equipo a tener más toque en el centro del campo, salvar con más facilidad la presión y romper la adelantada y arriesgada defensa blanca.

El balón y el ritmo fueron azulgranas, como era de esperar, pero el Madrid hizo gala de su excepcional pegada. Primer golpe, en la mandíbula. Y el Barcelona, a la lona. Sergio Ramos sentó a Abidal y su centro desde la derecha lo remató Higuaín, solo, de cabeza.

El Barcelona se vio obligado a levantarse. Pero el combate estaba lejos del K.O. final. El Madrid asustaba: los azulgrana recordaban la racha de 17 victorias y un empate en los últimos 18 partidos en Liga de los blancos.

Pero Alí nunca pierde su estilo. Buscó la banda izquierda, donde Henry volvía loco a un Ramos más pendiente de golpear que de evitar los ganchos del francés. Así, en el minuto 18, Messi colocó un balón bombeado a la espalda de Ramos, y Henry empató ante Casillas.

El Barcelona descubrió el flanco malo del Real. Un minuto después, Henry de nuevo forzó una falta que lanzó Xavi y Puyol cabeceó a gol. En dos minutos, dos goles y ahora el Madrid se tambaleaba. Los de Guardiola controlaban todos los rounds y las cuatro esquinas del cuadrilátero. Su agilidad de pies, su flexible cintura liderada por Messi, Xavi e Iniesta era demasiado móvil para el anquilosado rival blanco. Con ventaja en el marcador, el Barcelona tocó y tocó buscando que el Madrid, cansado, bajara la guardia.

En el minuto 24, Messi perdonó tras un contraataque llevado por Daniel Alves. Dos minutos después, fue el momento de Eto'o. En el 28' Messi falló de nuevo ante un exceso de generosidad de Iniesta tras otra jugada de fútbol coral. En las tres acciones, Casillas evitó que el púgil blanco besara la lona. Sólo el orgullo y el coraje del Frazier blanco podía dar la vuelta al combate en el segundo y definitivo asalto.

El Real hincó la rodilla pero no cayó. Se refrescó, se limpió la sangre de las heridas y Ramos marcó de cabeza a los 55 minutos tras el lanzamiento de una falta para acortar distancias y encender la ilusión de los aficionados.

¿Otra remontada blanca? Henry, dos minutos después devolvió el golpe tras otro pase profundo de Xavi, que buscó de nuevo el agujero en la banda derecha de Ramos. El k.o. estaba consumado.

Y el Barcelona se limitó a mover la pelota por el cuadrilátero, mirar de reojo su cinturón de campeón de Liga y pensar en el europeo. Messi noqueó definitivamente al Real, que no se levantó más, y Piqué terminó humillando a un rival entregado.

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