Ridículo albiazul en Palma

  • Indolentes El Decano fue un juguete en manos de un rival que se dio un festín En otro lado Sin agresividad ni motivación es difícil plantar cara a nadie

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Bochorno, ridículo, vergonzoso, despropósito, baño, debacle... Da igual el término que se utilice. Lo vivido en el Ono Estadi fue un desastre sin paliativos ni justificación posible. La peor versión de la era Zambrano cayó con estrépito ante un rival infinitamente superior que para serlo apenas tuvo que hacer nada, porque se encontró con un dulce regalo delante ante el que se gustó. El Recreativo de Mallorca fue un juguete en manos de un oponente con calidad que lo destrozó casi al ralentí, porque ni siquiera necesitó apretar el acelerador para deshacerse de un tristísimo Decano.

Que nadie se escape de la quema. La defensa fue un flan, el centro del campo una banda de 'amigos' bermellones y el ataque simplemente pasaba por allí. 90 minutos de descontrol de un colectivo que perdió el duelo antes siquiera de darse cuenta de dónde estaba. No hay equipo que pase una temporada sin su particular día tonto, pero el de ayer de los albiazules cuenta por la presente y por las tres próximas campañas al menos, por la acumulación de despropósitos.

Con la necesidad imperiosa de puntuar que tiene un equipo que está en la zona baja de la tabla, lo menos que se le debe pedir a sus futbolistas es que salten enchufados y con agresividad. Argumentos ambos que sobraron frente al Real Madrid y de los que adolecieron en el Ono Estadi. La motivación que sobró frente a los blancos faltó ante los baleares. Mal asunto éste. No basta con hacer partidazos contra los grandes ni conformarse con las victorias morales. La permanencia no se gana con el lucimiento frente a las estrellas, sino tirándose al barro cada domingo. Si un modesto no es capaz de ser al menos agresivo, duro y disciplinado, toca preocuparse.

Tanto como el fondo en sí, dolió la forma. El Mallorca no necesitó hacer demasiado, apenas nada, para plantarse a la media hora de partido con un contundente tres a cero en el marcador. Con un fútbol espeso y enrevesado, sin excesiva calidad pero con la conciencia y la entrega suficientes. Nada más.

El primer golpe lo dio Arango al minuto 17. Sólo tuvo que empujar el cuero tras un pase de Güiza que se aprovechó del carril dejado por Edu Moya a su espalda para servir a Arango para abrir la cuenta. Y los que quedaban por venir.

El asistente se transformó en goleador unos minutos después. Balón suelto en el área del Recre que cae al delantero jerezano. Ante la mirada de los defensores recreativistas, espectadores de lujo, se revolvió sin problemas y la puso en la escuadra. Con la media hora en el marcador cayó el tercero. De nuevo el andaluz le tomó la espalda otra vez a sus 'amigos' de la zaga onubense y batió a Sorrentino.

El choque tomó tintes esperpénticos. El Recreativo estaba muerto, si es que en algún momento estuvo vivo. A merced de un rival crecido y sin capacidad ninguna para la reacción, la única duda era saber cuántos más goles iban a caer. Al final más incluso de los que entonces cabría esperar hasta en los peores pronósticos.

En plena fiesta local emergió la figura del pequeño gran futbolista del Mallorca. Ibagaza regaló al aficionado al fútbol una obra de arte. Se fue de cuantos le salieron al paso, que indolentes ni le rozaron, y cuando no quedaron más oponentes le regaló el cuarto a Borja (37').

Hablar de honor cuando el baño es tan clamoroso suena a broma. El tanto de Marco Ruben fue una anécdota unos instantes después, porque prácticamente en el saque de centro se gestó el quinto bermellón. Increíble.

Ni batir a Moyá hizo despertar a los onubenses. De nuevo Borja superó a Sorrentino, en este caso con la ayuda de Iago Bouzón y Martín Cáceres, que se entorpecieron en el despeje y terminaron por alojar el cuero dentro del marco.

Ni un milagro podía rescatar ya a los albiazules. Sólo la dignidad y la vergüenza torera les permitiría salvar al menos la cara. Ni eso. La torrija de la primera parte se agravó tras el paso por el vestuario.

Cuatro minutos necesitó el Mallorca para entrar en la historia negra albiazul. Arango en el 46 a pase de Güiza y en el 49 tras perder Barber amplió la herida hasta el séptimo tanto.

El Mallorca se apiadó de los onubenses. Levantó el pie en la segunda parte más larga de la historia. El daño era suficiente. El Recreativo jugó pendiente del reloj, esperando un final que lo rescatase del ridículo tan espantoso que estaba haciendo. La duda que resta ahora es saber el alcance que tendrá una derrota así, porque con el Murcia en el horizonte, el panorama se puede ensombrecer.

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