Punto de partida

  • Debut El estreno de Raúl Agné en el banquillo albiazul trajo consigo un nuevo estilo de juego, más vertical y con mayor presión Puntería Adrián Colunga tuvo en sus botas la posibilidad de sentenciar el encuentro

Raúl Agné: kilómetro cero. La nueva era recreativista parte de Valencia. El Decano se marcó el choque contra el Levante como un doble examen. Por un lado debía probarse su propia capacidad ante un rival intachable en su campo. Por el otro, debía calibrar la salud anímica de la plantilla tras los traumáticos sucesos de la semana.

Nunca es fácil el relevo de un entrenador. Se produce un efecto engañoso. Provoca un estímulo que lanza el rendimiento de los futbolistas por encima de lo que es habitual. Luego todo vuelve a una situación más normal. Es por ello que las lecturas y las conclusiones tras los debuts en los banquillos suelen ser recomendables con distancia y cierta frialdad.

No obstante, los matices quedan en evidencia a las primeras de cambio. Por mucho o poco que haya trabajado un preparador con su equipo, siempre queda algo de su sello impregnado. Agné apenas tuvo cuatro o cinco días para preparar la visita al feudo levantinista. Aún así trató de esbozar las guías de lo que debe ser su equipo.

Dos puntos fueron deteminantes. Fortaleció el centro del campo con la presencia de Jesús Vázquez de nuevo en el doble pivote y apostó por la velocidad de Pablo Sánchez y Adrián Colunga en ataque. Mucha rapidez y verticalidad. La consecuencia de esto fue el sacrificio de Emilio Sánchez y Aitor. La famosa teoría de la manta corta. Si te tapas la cabeza, te destapas los pies y viceversa.

El técnico adelantó mucho la línea defensiva. Fue la principal novedad en el planteamiento inicial. Los zagueros se situaron prácticamente en el centro del campo, unieron sus posiciones con un centro muy batallador y empujaron a los atacantes albiazules en la presión. El Levante se ahogó en la salida. El cuero apenas circuló más allá del terreno local. Cada recuperación granota moría en cuestión de segundos en las botas de los atacantes onubenses.

Con esta presencia, las ocasiones de peligro casi eran consecuencias lógicas del partido. Apenas era necesario crearlas. Cuando recupera el balón a diez metros de la frontal contraria ya tiene una oportunidad en sus manos.

Un cuarto de hora fue lo que necesitó este recién estrenado Recreativo de Raúl Agné para adelantarse. Una salida rápida tras pérdida levantinista en el centro la condujo Antón por la izquierda. Pase medido al interior del área y exquisito remate de Pablo Sánchez al primer toque para abrir el marcador.

Nada da y quita más razones en el fútbol que los marcadores. A Agné de momento todo le salía a pedir de boca. Sus hombres se vinieron arriba. El trabajo de Javi Fuego y Jesús Vázquez en el centro permitió tener controlado a sus oponentes. Las bandas aportaron desborde, más Álvaro Antón que Carmona. Y la defensa simplemente se colocó lejos de Guaita para que el meta valenciano asistiera como un espectador más al despliegue onubense.

Trastocar un planteamiento que tan buenos resultados aporta es un riesgo que no quiso correr el Recreativo. Salió del vestuario tras el descanso dispuesto a anestesiar completamente el choque.

El Levante dio un paso al frente. No le quedaba otra. El cuarto clasificado no podía permitirse en su campo que le pintasen la cara de esa manera. La batalla que se generó en el centro del campo trajo una consecuencia: espacios.

Ahí falló el Decano. Si hasta entonces había estado impecable en casi todo, cuando tuvo que matar el duelo no lo hizo. Adrián Colunga disfrutó en el minuto 63 de una oportunidad clarísima para ello, pero su lanzamiento con el portero batido lo sacó bajo palos la defensa granota.

García Plaza movió sus peones. Córcoles se había marchado lesionado y con él se abría una brecha jugosa en el lateral derecho. Poli hizo lo que pudo, aunque no lo suficiente. Por ahí entró la perdición. Los azulgranas de olvidaron del otro costado. Lo volcaron todo sobre el sevillano.

Precisamente fue su ausencia lo que privó al Recre de la victoria. Un inoportuno corte en la cabeza coincidiendo con un córner favorable a los valencianos provocó el desconcierto en los defensores recreativistas. Sin estar claras las marcas, Igor alcanzó la igualada en el minuto en aparente fuera de juego.

Como si el punto fuese suficiente, el mejor Levante terminó con el empate. Los granotas perdieron el empuje que los condujo a la igualada tras conseguir esta. A partir de ese instante regresaron a posiciones menos arriesgadas, dando por bueno el botín conseguido.

En cambio, aún pudo lograr algo más el conjunto de Raúl Agné. El Recre se marchó arriba de nuevo en los minutos con la intención de recuperar lo que había merecido durante más de una hora de choque. No lo consiguió. Tuvo que conformarse en cambio con un punto que, al fin y al cabo, vale como partida.

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