Prólogo desde la sombra

  • Raúl y Martín Cáceres estrenaron el marcador para sus respectivos equipos · Un gol y récord para el capitán blanco; el uruguayo se confirma, una vez más, al alza

Comentarios 1

El Nuevo Colombino acoge El Partido. Con mayúsculas. Único e inigualable. El Real Madrid visita al Recreativo y toda Huelva se moviliza. No lo hace de esta forma con ningún otro equipo de fútbol. Ni siquiera con el segundo de España. Una tarde de alicientes para la afición onubense, y también para los dos equipos en juego. Uno, por no verse superado por el segundón, y otro, más importante, por no enfangarse de nuevo en terrenos clasificatorios. Pero también los jugadores vivían con expectación el partido; ya fuera por igualar una mítica marca madridista, o por mostrarse ante los ojos de un grande, y del mundo entero, en plena temporada de elogios y exhibiciones constantes.

Raúl González Blanco vivió en el Nuevo Colombino su partido 643 como jugador del Real Madrid. El mismo número que el genial Carlos Alonso Santillana; sólo superado por Manolo Sanchís.

El 7 más famoso de España se permitió celebrarlo con un gol, casi vital, para su equipo. Pero nada más. No fue éste, precisamente, el día en el que Raúl se postule para volver a ser internacional. La verdad es que ni siquiera el Real Madrid, al completo, pudo justificar en Huelva su condición de líder actual de la categoría.

El triunfo, eso sí, que era lo más importante. Cayo del lado madridista. Y su capitán, también hay que reconocerlo, fue el encargado de atar al Recre en corto en la primera mitad con su gol de empate, aunque el gran protagonista, Iturralde González, lo permitiera.

En la sombra también estuvo el central uruguayo Martín Cáceres. En la del propio Raúl, sobre todo, que tuvo mucho que moverse por el campo para librarse del multiplicado jugador recreativista.

A la revelación recreativista de la temporada le tocó bailar con la más fea junto a Beto, grande ayer hasta la expulsión. Y el uruguayo estuvo a su altura, la habitual, solapado, quizá, por el mal momento del rival en el campo, y por el extraordinario trabajo defensivo de sus compañeros, varios metros delante.

Pero éste es un jugador de raza, con caracter y ganas como para saber aprovechar su instante de gloria en un partido como éste. Y lo tuvo pronto, al cuarto de hora, del mismo modo que actuaba, sin hacer ruido y sorprendiendo por su eficacia. Remate inapelable en el segundo palo y gol para ilusionar y encarrilar una victoria.

Once minutos duró. El tiempo en que Raúl, en fuera de juego, y con galleta de por medio, estableció el empate. Dos goles para poner el prólogo a un partido intenso, emocionante y hasta polémico por el afán de protagonismo de un árbitro y un asistente más propios de una película de Fernando Colomo que de un cometido en el que primen el rigor y la seriedad.

El resto es historia ya para el fútbol español. Expulsiones, despropósitos añadidos y la estrella de Robinho, que brilló por encima de Martín Cáceres o del propio capitán madridista. Éstos permanecieron en un segundo plano, pese a sus goles para un partido en el que Robinho quiso ser protagonista pero Iturralde no le dejó.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios