Nubarrones en el horizonte

  • El Recre se complica la vida al ceder los tres puntos y su renta con respecto a los maños en la lucha por la permanencia · La derrota dificulta el reto de los albiazules, que tendrán un mínimo margen de error

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El futuro se enturbia. No porque los demás aprieten o porque haya aparecido un rival de mayor entidad, sino simplemente y llanamente porque el Recreativo se ha complicado la vida. Si bien los resultados de ayer mitigan en parte la mala noche que el equipo hizo pasar a sus seguidores.

La verdad es que el Recre ha vuelto a puestos de descenso de mala manera, con una imagen preocupante, delante de quien menos debía y en el momento más inoportuno. La permanencia se encarece y de qué manera.

Más bien la ha encarecido el propio Decano con un tropiezo inesperado. El peor de los posibles. Vuelve a zona de descenso, de la que saca a su oponente más directo en la lucha por la permanencia. Ahora toca sufrir por no haber sido capaz de hacer lo que se esperaba.

La derrota de La Romareda no entraba en los planes de nadie, posiblemente ni en la de muchos de los zaragocistas que acudieron al feudo maño amparados más en la fe que en la convicción. Ingenuos los aficionados locales, nunca pensaron que iban a encontrarse con tres puntos tan cómodos.

El problema no es perder contra un rival que tiene en el campo a hombres como César, Ayala, Aimar, Sergio García o Oliveira. No. Lo malo de todo ello es cuando estos no necesitan hacer absolutamente nada para imponerse porque tienen delante a un grupo incapaz de oponer la más mínima resistencia.

El Zaragoza se frotaba los ojos. Con un minuto en el electrónico se encuentra con una asistencia increíble de Edu Moya. El extremeño no está para jugar. No es ni de lejos el lateral de la primera temporada en Huelva.

El espectáculo de La Romareda es impropio de un futbolista de Primera División, pues no sólo falló en la acción del gol, porque luego también lo hizo Iago Bouzón o Beto, sino que erró en todas las ocasiones en las que tuvo que intervenir. Su regalo, el primero de muchos de la plantilla, condicionó y marcó un encuentro que ojalá no sea recordado en mayo.

Lo que podían ser cinco jornadas para respirar y sentenciar en cualquier momento la salvación se convierte en una contrarreloj, mano a mano con el Zaragoza, aunque otros equipos como Valladolid, Osasuna o el propio Getafe también parecen condenados a meterse en la misma pelea.

Ahora sí que no se va a poder fallar y para ello lo primero es concienciarse de que se es capaz de sacar adelante una situación complicadísima el sábado, y algo mejor el domingo.

Ni fue un accidente ni un tropiezo. Metedura de pata hasta el fondo. Con el tiempo que queda por delante el margen de error se ha reducido a la mínima expresión. La condescendencia no tiene lugar en el Decano. Hay que reconocer la realidad. Como en La Romareda no se va a ningún lado, o tal vez sí, pero a un lugar al que nadie quiere ir. Hay que apretar, exigir más y dejar los paños calientes para otros momentos. Es ahora o nunca.

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