Nadal, emperador en Roma

  • El mallorquín se impuso en la final a Djokovic, campeón del año pasado, por 7-6 y 6-2 · El número 1 del mundo consolida su posición al elevar a 16.000 sus puntos, 6.000 más que su perseguidor Federer

Rafa Nadal doblegó en la final del Masters 1.000 de Roma al vencedor del año pasado, Novak Djokovic, por 7-6 (2) y 6-2, y recuperó el trono del Foro Itálico, sumando a su palmarés su cuarto título en la capital italiana. El español dio otra lección de tenis y dejó fuera de toda duda de que no hay quien le pueda toser sobre tierra batida, tras conquistar los torneos de Roma, Montercarlo y Barcelona esta temporada. Nadie ha podido con él este año sobre la arcilla y al serbio Djokovic (nº 3 del mundo), al menos, le queda el consuelo de ser el que más le ha hecho sudar.

Con el torneo romano, el balear recupera el pleno exitoso que perdió el año pasado tras caer en la segunda ronda de Roma frente a Juan Carlos Ferrero. De paso, y como apenas defendía puntos, el mallorquín elevó sus puntos ATP casi hasta los 16.000, que dejan al suizo Roger Federer muy lejos, a unos 6.000 puntos. Ahora le espera Madrid y París para redondear su supremacía en esta superficie.

En Roma, el primer set de la final comenzó muy favorable para Nadal, con un break a las primeras. Con el 2-0 en el marcador, Djokovoic comenzó a hacer aspavientos y los primeros amagos de estrellar la raqueta contra el suelo, aunque logró atrincherarse en su servicio para ir ganando juegos. Nadal iba a lo suyo, con un tenis muy sólido, si bien su rival mantenía el tipo con el 5-3 en el marcador. Al balcánico le dio un ataque de amor propio y forzó el desempate en un final de set muy disputado, pero que terminó regalando en la muerte súbita.

El segundo set comenzó con igualdad en el marcador hasta el 3-2, cuando Nadal rompió el servicio del serbio para encarrilar la victoria. Ya sólo quedaba por ver las ganas que tenía Djokovic de alargar el final inevitable. No le quedaban demasiadas, porque su juego siguió un sendero errático, con subidas a la red sin convicción y otros signos de flaqueza, que daban muestras de que el serbio ya se había entregado. El marcador ya estaba en 5-2 y sólo quedaba el último juego, en el que Djokovic se dejó ir para ver como Nadal recuperaba lo que era suyo.

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