Dormir y videojuegos

  • Bolt elude las costumbres del resto de deportistas y se dedica a disfrutar de su momento · El tercer oro, a su alcance

La mayoría de los deportistas suelen aislarse del mundo en una burbuja de seriedad justo antes de una gran final. Pero el jamaicano Usain Bolt no es como la mayoría: a punto de convertirse en una leyenda del atletismo, el velocista se dedica a dormir y a jugar a los videojuegos.

Bolt batió el jueves el récord mundial de los 200 metros al imponerse en la final del Mundial de Berlín con un tiempo de 19,19 segundos, once centésimas menos que su anterior plusmarca. Sólo cuatro días antes, el jamaicano había destrozado por la misma diferencia su propio récord de los 100 metros con un más que sorprendente tiempo de 9,58 segundos.

Tras clasificar los suplentes a Jamaica, sin Bolt ni Powell, para la final del 4x100, el jamaicano aspirará hoy a repetir en Berlín, justo un año después de lograrlo en los Juegos Olímpicos de Pekín, un triplete de otro planeta: oro en 100, 200 y relevos con tres récords del mundo. "Estoy en mi camino para convertirme en leyenda", aseguró abiertamente el jamaicano el jueves tras su aplastante victoria en el doble hectómetro. Pero, sin duda, una leyenda de lo más cool.

Después de bajar por primera vez en la historia de 19,2, el relámpago se pasó toda la rueda de prensa posterior a la carrera bromeando con su amigo Wallace Spearmon, al que incluso puso orejas con los dedos mientras contestaba preguntas. El jamaicano no se toma casi nada en serio. Ríe despreocupado hasta casi un segundo antes de agacharse en los tacos de salida, blande una espada imaginaria cuando se le sugiere que podría ser investido Sir por la gran reina Isabel II de Inglaterra y come siempre que puede en cadenas de comida rápida. Ni siquiera sabe demasiado bien cómo va el medallero del Mundial de atletismo.

Ayer, en el día de su 23 cumpleaños, justo antes de intentar repetir una hazaña que parecía imposible, los planes del sprinter eran muy simples: dormir y jugar a los videojuegos. "Ahora estoy realmente muy, muy cansado", confesó el jueves, tras su octava prueba en el Mundial. "Así que lo primero que voy a hacer en el día de mi cumpleaños es dormir un buen rato".

Al jamaicano no le gusta viajar. Pese a las ofertas para entrenar en Estados Unidos, Bolt ni se plantea abandonar su adorada Jamaica o cambiar a su hermético entrenador, Glen Mills. Por eso, cuando compite en cualquier lugar del mundo, el sprinter prefiere quedarse en el hotel, charlar con sus compañeros de equipo y, sobre todo, jugar a los videojuegos. A ser posible al fútbol, otra de sus grandes pasiones del jamaicano.

Nada de paseos turísticos por la ciudad, y menos cuando llueve, como ayer lo hacía en Berlín. Bolt sólo sale de su habitación cuando tiene compromisos publicitarios o cuando debe ir a correr. Hoy tiene cita en el Estadio Olímpico. Para lo otro ya habrá tiempo cuando se convierta en esa gran leyenda de la que todo el mundo hablará.

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