Depresión rojiblanca

  • Tras caer en Copa, el Atlético pincha en Liga y el Kun se lesiona

El Atlético sigue aferrado a una grave depresión en su juego y en su ánimo y dio una clara muestra de ello al mostrarse incompetente para derrotar al Murcia, un conjunto menor que llegó a Madrid atosigado por su ubicación en la tabla, pero que supo a anular al rival sin hacer grandes esfuerzos.

Para el Atlético era un duelo idóneo para aliviar su declive, el que ha agarrado con fuerza en el mes de enero, pero su juego no invitó al optimismo. Siguen los rojiblancos bajo las secuelas del nefasto comienzo de año. Su defensa continúa con los peligrosos síntomas de una inseguridad permanente, el centro del campo no hilvana, a pesar de la presencia de Raúl García y Motta, y sólo en ataque se adivina peligro. La opción más clara del primer acto fue para el Murcia. Goitom se encontró al filo del descanso solo delante de Abbiati dentro del área pequeña y, además, con el balón en sus pies. El sueco, incrédulo con la situación, lanzó primero al poste y posteriormente al cuerpo del cancerbero.

La segunda mitad comenzó con dos jugadas que marcaron el devenir del partido. En un minuto se pasó de un posible penalti a Agüero no pitado a otro claro de Fabiano Eller sobre Iván Alonso que transformó Jofre en el 0-1. El Murcia se había topado con un premio inesperado y el Atlético se veía en medio de un embrollo de difícil solución, que debía hallar contra el reloj y bajo el nerviosismo de la grada, que empieza a perder la paciencia con su equipo.

Tras el tanto visitante, Aguirre sacó del terreno de juego a Eller, que lo abandonó entre silbidos, y dio entrada a Luis García, que fue el que devolvió las tablas al marcador de un bonito disparo con la pierna izquierda. En el minuto 70, los nubarrones se cernieron todavía más sobre el Calderón tras lesionarse Agüero, que recibió un pisotón de De Coz en la parte trasera del pie y se vio obligado a dejar el césped con un fuerte esguince de tobillo que le tendrá de baja diez días.

El encuentro llevaba ya mucho tiempo roto y el Atlético desesperado, sin fútbol, atrapado en un enredo ganado a pulso por no saber resolver a tiempo un combate asequible. El Murcia convivía feliz en medio del desorden, de la confusión y sólo esperó a que corriesen los minutos para irse de la capital de España con un buen resultado. Y lo logró ante la impotencia de un grupo enfermo, inmerso en una grave crisis y totalmente roto en su interior.

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