David Ferrer muestra su mejor versión para llevarse el trofeo

  • Demoledor El tenista alicantino venció a Carlos Moyà en dos sets, por 6-3 y 6-4 Homenaje Al finalizar el encuentro el jugador mallorquín recibió la insignia de oro por "su comprometido apoyo al torneo"

El tenista David Ferrer mostró su mejor versión en las instalaciones del real Club Recreativo de Tenis de Huelva. Tras tres participaciones consecutivas en la Copa del Rey y una más en 2003, el tenista alicantino por fin levantó el anhelado trofeo en un partido que fue de menos a más. Primero con dos rivales que se medían sobre la pista hasta que el número 5 de la ATP hizo valer dos roturas de saque y enfilar la senda del triunfo. Un auténtico espectáculo, donde se observó todo el repertorio de golpes de dos de las mejores raquetas del tenis español.

Como dos púgiles antes de batirse en duelo, Carlos Moya y David Ferrer saltaron a la alfombra de polvo de ladrillo de las pistas del Real Club Recreativo de Tenis de Huelva, arropados por una gran ovación que el público que abarrotaba las gradas les ofreció, sabiendo lo que seguidamente iban a presenciar. Aplausos como el prólogo de una historia de épica.

El mallorquín completamente de azul oscuro y el valenciano de un blanco inmaculado, que a cada compás de raqueta tomaba el color de la tierra batida, comenzaron a medir sus fuerzas desde el inicio. Moya, con cuatro saques a modo ganchos que Ferrer no lograba restar, se hacía con el primer punto de la Final de la Copa del Rey. Un juego en blanco y se abría el telón del gran espectáculo.

Ferrer se levantó herido en su orgullo y tras un baile de pies en el fondo de la pista y golpes certeros de uno y otro bando, el tenista alicantino lograba decantar la balanza a su favor (1-1). Ahora pasaba al ataque el mallorquín, que se hizo de nuevo con su servicio (1-2). Entonces, David se volvió a levantar con un intercambio de golpes para igualar la final.

El anhelado trofeo se veía aún lejano en el horizonte, pero el alicantino ya conseguía realizar su primer 'break' (3-2). No estaba todo dicho. Con una derecha demoledora, Moya contrarrestaba y lograba un nuevo 'break', pero estaba vez a su favor (3-3). Igualdad máxima entre dos contendientes que no querían caer a la lona y morder el polvo.

En el séptimo juego, el púgil de negro cometía su primera doble falta. Hecho que aprovechaba el número 5 del mundo para llevarse el punto a su casillero (4-3). Ventaja que supo administrar Ferrer para llevarse el primer set del partido, tras romper de nuevo el servicio de Carlos Moyà (6-3). En total fueron treinta cinco minutos de tenis del más alto nivel.

Con Ferrer al saque comenzaba el segundo set. Intratable. Juego en blanco para el tenista alicantino. Sin embargo, Moyà no había firmado su sentencia (1-1). Los rivales se golpeaban mutuamente con un intercambio de golpes desde el fondo de la pista, que se decantó por parte del número 5 de la ATP (2-1).

Los calificativos se agolpaban por el juego desplegado. Formidable. Una derecha de oro la que sacaba el mallorquín para igualar la contienda desde la línea de fondo (2-2). El partido se disputaba desde el fondo, desde la línea.

Y ahora le tocaba el turno a Ferrer con un juego en el que mezclaba los ataques con los puntos largos (3-2). Por su parte, Carlos Moyà hacía valer su saque al igual que Ferrer (4-3). Ambos tenistas se dejaban la piel en cada punto. Los dos querían esta Copa del Rey, mientras que el público deseaba que se dilatara en el tiempo este gran espectáculo (4-4).

Juego psicológico para el alicantino. Ferrer luchó hasta el último suspiro para levantar una bola desde el suelo que Moyà no supo devolver (5-4). El segundo set estaba casi en la saca. Faltaba el 'break' definitivo. El público echaba el resto, las palmas atronadoras anunciaban su júbilo ante lo que veían sobre la pista. Los dos tenistas demostraban su calidad con golpes maestros de Gran Slam. Un set más pedían los miles de aficionados que se congregaban en las gradas, pero Ferrer no tenía intención de alargar mñas el partido.

Faltaba un suspiro. Dos bolas de juego para el alicantino. Una la pierde en la red y otra con un drive que se va a las nubes. Iguales en el punto definitivo.

Drive demoledor de David Ferrer y el trofeo cada vez más cerca. Otra derecha demoledora y Ferrer consigue hacer realidad su gran deseo: conquistar la Copa del Rey. A la cuarta fue la vencida para el tenista de tierras alicantinas, que por fin pudo cumplir "un gran deseo. Tenía muchas ganas de lograrlo".

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