El Aroche vuelve a caer

  • Un gol de Meco tumba al cuadro de Jaime Díaz

Los capitanes de Almonte y Aroche posan con el trío arbitral, ayer. Los capitanes de Almonte y Aroche posan con el trío arbitral, ayer.

Los capitanes de Almonte y Aroche posan con el trío arbitral, ayer. / peneke y rocha

El Aroche se ha ganado durante el campeonato, con su magnífica trayectoria, la posibilidad de errar en algunos encuentros, pero al combinado de Jaime Díaz le está costando cerrar de manera matemática su presencia en el play-off de ascenso, que sigue teniendo muy de cara todavía.

Los serranos cayeron ayer ante el Almonte por un escueto 1-0. El encuentro arrancó con el Aroche mandando, pero sin llegar ninguna ocasión clara de gol. Rebasada la media hora Pablo Matilla reclamó un penalti tras marcharse de un defensor, pero fue el Almonte el que se puso por delante en la recta final del primer tiempo por mediación de Meco. El futbolista local cabeceó un balón colgado al lado del poste de la portería de Javi, llegando los almonteños en franquicia en el marcador al tiempo de asueto gracias a este tanto.

El partido siguió trabado en la segunda mitad, aunque fueron los visitantes los que comenzaron a acumular ocasiones para igualar la contienda. Así, la primera gran ocasión fue par a Pablo Matilla, pero su remate lo paró Coke. El rechace le cayó a Álex, pero el atacante serrano no supo resolver bien y su disparo se marchó fuera.ç

Pudo marcar también Isaac, en el minuto 62, pero cruzó demasiado ante la meta de Coke. El Almonte también tuvo sus ocasiones para aumentar su renta y sentenciar el encuentro, pero tampoco anduvo fino en la definición. En el 67 Rafa salvó bajo palos un remate almonteño, mientras que en el 75 Javi tuvo que emplearse a fondo para evitar el segundo gol local. A falta de un minuto para la conclusión Rafa tuvo el empate en un remate que se fue rozando el poste. Con el Aroche volcado llegaron los espacios y las oportunidades para que el Almonte le pusiera el broche a su victoria, pero Javi supo hacer grande su figura para mantener la distancia mínima hasta que llegó el pitido final.

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