Manierismo policial

  • 'El caso de los bombones envenenados'. Anthony Berkeley. Trad. Miguel Temprano. Lumen, Barcelona, 2012. 254 págs.

La editorial Lumen rescata El caso de los bombones envenenados, célebre novela del escritor británico Anthony Berkeley, publicada en 1929, año del primer gran cataclismo bursátil. Berkeley, autor hoy olvidado, se muestra aquí un virtuoso del roman policier, cuyos resortes y modalidades maneja, no sólo con inteligencia y soltura inusuales; también con un admirable sentido del humor, destinado a  burlarse de las convenciones del género. Es sabido que Chesterton, que se erigió en vago teórico del cuento policial (luego lo harían Borges y Bioy, con cierta británica desgana), señalaba El misterio del cuarto amarillo (1907) de Gaston Leroux como una de las cimas de la novela de suspense. El caso de los bombones envenenados es, sin duda, superior. Y no tanto por la brillante resolución, donde ambas juegan con las astucia del lector, como por la maestría con que Berkeley expone los límites del género y su condición de intrincado mecano, sujeto a la previsión y la caricatura.   

Berkeley parte de una convención del género policíaco, muy conocida del público. Varios detectives aficionados, miembros del Círculo del Crimen, se disponen a resolver un asesinato extravagante e insoluble: el envenenamiento de la hermosa y acaudalada Joan Bendix, tras probar unos bombones que le habían regalado, por azar, a su marido. A partir de ahí, y tras declararse cerrado el caso en Scotland Yard, los miembros del Círculo del Crimen se comprometen a solventar el misterio, y a exponer sucesivamente sus conclusiones. Y es ahí donde Berkeley muestra su excelente dominio del artificio novelístico. Todas las soluciones resultan ser tan verosímiles como, en apariencia, erróneas.  Se establece así una distancia irónica, quizá insalvable, entre la coherencia de las hipótesis y oscuridad de lo real. De este modo, la obra de Berkeley se transforma, paradójicamente, en ejemplo y refutación del género policial.

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