Kazuo Ishiguro, un Nobel para el 'tapado' del 'Dream Team' británico

  • El autor de 'Los restos del día' y 'Nunca me abandones' obtiene el premio por una obra breve pero de "gran fuerza emocional" y que pone el acento en el modo en que gestionamos nuestra memoria

Kazuo Ishiguro, ayer en su casa de Londres tras conocer el fallo de la Academia sueca. Kazuo Ishiguro, ayer en su casa de Londres tras conocer el fallo de la Academia sueca.

Kazuo Ishiguro, ayer en su casa de Londres tras conocer el fallo de la Academia sueca. / neil hall / efe

Ni Margaret Atwood, ni Javier Marías, ni Amos Oz, ni Ngugi Wa Thiong'o, ni Claudio Magris, ni Joyce Carol Oates, que sonaron con fuerza en las típicas quinielas de los días previos; ni auténticos clásicos en estas ternas como Philip Roth, Don DeLillo o Haruki Murakami, el eterno burlado que entretiene todos los años a internet. El ganador del Premio Nobel de Literatura 2017, para sorpresa de todos, incluso para su editor en España, es Kazuo Ishiguro, nacido en Japón (Nagasaki, 1954) pero criado y formado en Inglaterra, y casi a todos los efectos escritor británico aunque él prefiere considerarse, sin más, "internacional".

"Si mezclas a Austen y a Kafka, tienes a Ishiguro. Hay que añadir también un poco de Proust en la mezcla", afirmó a título personal Sara Danius, secretaria permanente de la Academia sueca, después de leer el fallo. En él, el jurado destaca "la gran fuerza emocional" de las obras de Ishiguro, que revelan "el abismo que existe bajo nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo". Tal vez se entienda mejor en las propias palabras del escritor, quien dijo una vez que, en el fondo, todas sus novelas tratan de "lo fácil que resulta desperdiciar la vida".

Si mezclas a Austen y a Kafka y añades un poco de Proust, tienes a Ishiguro"

Muy lejos de la controversia que suscitó el año pasado la concesión del premio a Bob Dylan, la elección de Ishiguro viene a suponer un reconocimiento indirecto -o no tanto- a esa prodigiosa generación de escritores británicos nacidos entre finales de los 40 y mediados de los 50 y que vivió su explosión editorial en los 90; lo que el editor Jorge Herralde llamó el "Dream Team" de la Islas. A ella pertenecen Ian McEwan, Martin Amis, Hanif Kureishi, Salman Rushdie, Julian Barnes, el más rezagado en términos de fama pero igualmente brillante Graham Swift o el propio Ishiguro, quien, pese a arrastrar fama de segundón entre los demás colegas mencionados, ha sido el que se ha llevado el premio de mayor lustre.

Su obra es corta, pero muy bien tratada por los premios. La memoria, el tiempo y la infinita y dañina capacidad humana para el autoengaño, como apuntó la Academia, son temas recurrentes de sus novelas de estilo conciso, sencillo, en las antípodas del despliegue de recursos retóricos. Las dos primeras, Pálida luz en las colinas (1981) y Un artista del mundo flotante (1986), tienen una potente conexión con su país natal y ahondan en sus orígenes, fruto tal vez -como confesó en una ocasión- de la extrañeza de haber recibido una educación británica y de saber que no iba a volver a su país natal aunque en su casa se hablaba japonés. En 1989 publicó Los restos del día, su novela más celebrada, con la que consiguió el Premio Booker y su mayor momento de popularidad gracias a la adaptación cinematográfica que bajo el título Lo que queda del día realizó en 1993 James Ivory con Anthony Hopkins y Emma Thompson.

Con ecos de Henry James, Ishiguro narra en Los restos del día, novela de gran contención y hondura psicológica, la historia de un mayordomo extremadamente british que por su asfixiante sentido del honor se mantiene fiel a un mundo que lo oprime, sofocando incluso el lacerante amor que siente por una mujer que forma parte del cuerpo de criados de un hombre -descubrirá con amargura el mayordomo- totalmente indigno, un lord de la Inglaterra eterna y rural que colaboró con los nazis.

Llegaron después Los inconsolables (1995), Cuando fuimos huérfanos (2000) y Nunca me abandones, una distopía de ciencia-ficción con toques góticos que fue también llevada al cine en 2005 por Mark Romanek. Tras su único libro de cuentos, Nocturnos. Cinco historias de música y crepúsculo (2009), publicó otra novela, la última hasta la fecha, El gigante enterrado (2015), una fábula sobre el amor y la memoria ambientada en una Inglaterra medieval, cruel y llena de criaturas fantásticas que un crítico definió como "Juego de Tronos con conciencia".

El escritor confesó ayer que pensó al principio que era un "bulo". "En fin, en estos tiempos...", contó con humor. "Pero me llamó luego una señorita muy amable desde Suecia y me preguntó si aceptaba el premio. Me sorprendió su tono ligero, era como si me estuviera invitando a una fiesta", dijo un Ishiguro "asombrosamente halagado" y "profundamente conmovido" que deseó que este "inmenso" reconocimiento "pueda servir, aun a escala pequeña, para lograr algo bueno en el mundo".

Jorge Herralde, que ha publicado toda su obra en Anagrama, se mostró "felicísimo" por un premio "tan inesperado como merecido", pues la obra de Ishiguro, dijo, "es de una sutileza, elegancia y profundidad asombrosas". "Es un autor magnífico, de trabajo lento. Me recuerda el caso de Patrick Modiano, que siempre había publicado como en sordina libros excelentes y cuando le dieron el Nobel dijeron que era el triunfo de la gran literatura. En el caso de Ishiguro, eso se redobla", celebró.

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