Replicantes para las ovejas futuras

  • El viernes llega a las salas 'Blade Runner 2049', la esperada secuela del clásico de ciencia-ficción con Denis Villeneuve a los mandos y Ryan Gosling, Harrison Ford y Ana de Armas en el reparto

Tal y como recoge Emmanuel Carrère en su novela El Reino, así como en su biografía de Philip K. Dick, éste explicaba el misterio cristiano de la transustanciación con esta analogía: unos amigos se reúnen en casa de uno de ellos para cenar. El plato fuerte del menú es un chuletón de cuatro kilos y medio, pero en éstas el chuletón desaparece. Los comensales lo buscan con ahínco por toda la casa mientras empiezan a sospechar los unos de los otros hasta que el más avispado repara en el gato que posee el anfitrión. Este amigo atrapa al gato, reclama una báscula y comprueba que el felino pesa justamente cuatro kilos y medio. "Bien, ya tenemos la chuleta", dice este comensal, a lo que responde otro: "Sí, pero ahora ¿dónde está el gato?" Semejante chiste teologal expresa con claridad las obsesiones estéticas y narrativas de un escritor único, que tal y como contó sobre sí mismo en su novela Valis recibía revelaciones desde el espacio en forma de rayos de color rosa (cuando escuchó por primera vez Strawberry fields forever de The Beatles distinguió un mensaje oculto que le permitió salvar la vida de su hijo enfermo in extremis), se sentía permanentemente amenazado por espías soviéticos (entre los que incluía a Stanislaw Lem) y vivía con cierta desesperación la negativa de los médicos a diagnosticar sus problemas de salud mental. En sus relatos protagonizados por androides, Dick logró acuñar la clave que le permitió escribir, en relación con su interés por la transustanciación, sobre aparentes seres humanos que no son tales; y aunque buena parte de sus fans y exégetas vinculan esta querencia a su (presunta) inestabilidad psicológica, el mismo Dick explicó que fue tras la lectura de los diarios del general responsable de un campo de exterminio nazi (en cuyas páginas se quejaba de que los llantos de los niños judíos no le dejaban dormir) cuando comprendió que era posible parecer un ser humano sin serlo en absoluto. Philip K. Dick falleció en 1982, poco antes del estreno de Blade Runner, la película con la que Ridley Scott adaptó a la gran pantalla su novela de 1968 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Sin embargo, el escritor llegó a ver el filme terminado en la sala de montaje y auguró que aquel trabajo cambiaría para siempre la historia del cine. Aunque en cuanto a recaudación la apuesta se saldó con fracaso, no se equivocó. Este viernes se estrena la esperada secuela de aquella película, Blade Runner 2049, que aunque poco tenga ya que ver con Philip K. Dick recupera su mundo, triste y onírico, a ojos del gran público. Y sólo por esto ya vale la pena la jugada.

Dick pregonó sin reservas su entusiasmo por Blade Runner por más que Scott dirigiese una lectura libre y en gran medida independiente (empezando por el título, tomado de William Burroughs y no de Dick), con un guion firmado por David Webb Peoples y Hampton Fancher que, con toda la hondura y el tejido filosófico, llevaba a menudo la acción a otras orillas. El guion de Blade Runner 2049 también es obra de Fancher (en coalición con Michael Green), y es aquí donde cabe advertir los mayores vínculos entre ambas producciones, más allá de la continuada participación de Harrison Ford en su papel de Rick Deckard. Por lo demás, Ridley Scott se reserva labores de producción y deja la dirección en manos de Denis Villeneuve, en quien, a tenor de lo visto en Incendios, Prisioneros y La llegada, cabe depositar las mayores esperanzas de que Blade Runner 2049 sea lo que tendría que ser. Las primeras reacciones de la crítica estadounidense han sido entusiastas, aunque esta premisa resulta, ya se sabe, cada vez menos vinculante. Con Ryan Gosling, Ana de Armas, Jared Leto y Robin Wright en el reparto además de Ford, y todo un bombardeo de trailers (cortometraje a modo de precuela incluido) que en los últimos meses han dado buena cuenta del carácter espectacular de la película, los jefes de la Warner Bros. no han escatimado en campañas para evitar ahora el castañazo que la Blade Runner original se llevó en la recaudación.

Blade Runner 2049 transcurre treinta años después de su predecesora. Si algo respeta su trama de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es la ambientación en un mundo cubierto de polvo y sin esperanza de vida, algo por lo que Ridley Scott pasó de puntillas en Blade Runner. A partir de aquí, un heredero de la Tyrell Corporation se muestra dispuesto a sustituir de una vez a todos y cada uno de los miembros de la especie humana por replicantes, ocasión para que el blade runner nuevo (Gosling) se encuentre con el viejo (Ford). Lo que sí está claro es que costará la vida no echar de menos a Rutger Hauer y sus lágrimas en la lluvia. Ahora, Villeneuve prepara el remake de Dune. Vienen curvas.

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