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'Rock Band', dando la nota
CRÍTICA VIDEOJUEGOS
'Rock Band', dando la nota
J.J. VARGAS | Actualizado 24.11.2009 - 17:32Rock Band | Electronic Arts | +12 | 140€ | Xbox 360
Vivimos días de convulsión musical. A la próxima y temida reestructuración de la plantilla de Radio 3 se añade, si es que cabe el paralelismo, la irrupción en escena de Rock Band, temporalmente sólo para Xbox 360.
Título esperado donde los haya, este nuevo juego musical pretende poner patas arriba todo lo preconcebido en el género. Y probablemente lo consiga, porque su hiperbólica fórmula no hay quien la supere. Si la saga Guitar Hero nos ofrecía la posibilidad de poner en pie conocidas canciones a la guitar ra con nuestras propias manos, Rock Band se ha atrevido directamente con toda una banda de cuatro componentes: guitarra, batería, bajo y solista.
En efecto, el resultado es como mezclar Singstar, Guitar Hero y algún título pretérito como Guitar Freaks & Drum Mania. ¿Quién da más? Por el momento, nadie. Porque el hecho de que, además de en grupo, cada uno de los miembros de la banda pueda actuar por separado, incentiva el carácter repentinamente obsoleto de los títulos hasta ahora más señeros del panorama. Y para colmo, la guitarra de Guitar Hero es compatible con el nuevo invento.
No obstante, y a pesar de la irrupción fastuosa de este elefante en la fiesta de la música, es cierto que, si ya tenía su miga poner en práctica canciones en solitario, la cuestión grupal no facilita precisamente las cosas. Y es que, más que en la habilidad individual, Rock Band fundamenta su capacidad de entretenimiento en la sinergia de todo el grupo, indicada según un medidor del interés del público a un lado de la pantalla. Así, la química de los participantes es tan importante que, si bien la tiránica conformidad del público puede descender cuando uno de los componentes de la banda se muestra torpe en la interpretación, éste puede ser salvado de la expulsión por una interpretación brillante de uno de sus compañeros.
La sombra de Operación Triunfo (y de American Idol) es alargada. A sabiendas de que uno de los elementos más valorados por los compradores de este tipo de juegos es la cantidad de canciones licenciadas de su catálogo, los desarrolladores también se han puesto las pilas en este sentido: nada menos que 58, 13 de ellas ocultas, y más de 200 que se pueden adquirir a través de internet. Radiohead, Red Hot Chili Peppers, Nirvana (y su hijo post-grunge, los Foo Fighters), REM, Black Sabbath, Pixies, The Killers, Bon Jovi, Kiss y The Who son algunos de los muchos grupos de calidad que podremos encontrar en esta bestia negra de los juegos musicales.
Los modos de juego por su parte van desde las partidas rápidas hasta los tours mundiales, con escenarios de lo más variado y auténticas jor nadas maratonianas, sólo aptas para jugadores con mucho tiempo libre. Eso sí, cuando el grupo llega a una integración perfecta de sus distintos miembros, la experiencia jugable es difícil de superar, si no imposible. Su precio, no precisamente módico, es uno de los puntos más criticados, al menos en nuestras fronteras: nada menos que 240 euros habrá que desembolsar por todo el pack de juego e instrumentos, mientras que en Estados Unidos el precio ha ascendido a la más comprensible cantidad de 180 dólares.
Sin embargo, no podemos ignorar que nos encontramos ante algo así como la Capilla Sixtina de los juegos musicales, un clásico moder no de obligada referencia en los próximos años, y la culminación de una for ma de entender las relaciones entre música y videojuegos. Está claro que, cueste lo que cueste, pese a quien pese y caiga quien caiga, si hay un antes y un después en la historia del género, se titula Rock Band.
Vivimos días de convulsión musical. A la próxima y temida reestructuración de la plantilla de Radio 3 se añade, si es que cabe el paralelismo, la irrupción en escena de Rock Band, temporalmente sólo para Xbox 360.
Título esperado donde los haya, este nuevo juego musical pretende poner patas arriba todo lo preconcebido en el género. Y probablemente lo consiga, porque su hiperbólica fórmula no hay quien la supere. Si la saga Guitar Hero nos ofrecía la posibilidad de poner en pie conocidas canciones a la guitar ra con nuestras propias manos, Rock Band se ha atrevido directamente con toda una banda de cuatro componentes: guitarra, batería, bajo y solista.
En efecto, el resultado es como mezclar Singstar, Guitar Hero y algún título pretérito como Guitar Freaks & Drum Mania. ¿Quién da más? Por el momento, nadie. Porque el hecho de que, además de en grupo, cada uno de los miembros de la banda pueda actuar por separado, incentiva el carácter repentinamente obsoleto de los títulos hasta ahora más señeros del panorama. Y para colmo, la guitarra de Guitar Hero es compatible con el nuevo invento.
No obstante, y a pesar de la irrupción fastuosa de este elefante en la fiesta de la música, es cierto que, si ya tenía su miga poner en práctica canciones en solitario, la cuestión grupal no facilita precisamente las cosas. Y es que, más que en la habilidad individual, Rock Band fundamenta su capacidad de entretenimiento en la sinergia de todo el grupo, indicada según un medidor del interés del público a un lado de la pantalla. Así, la química de los participantes es tan importante que, si bien la tiránica conformidad del público puede descender cuando uno de los componentes de la banda se muestra torpe en la interpretación, éste puede ser salvado de la expulsión por una interpretación brillante de uno de sus compañeros.
La sombra de Operación Triunfo (y de American Idol) es alargada. A sabiendas de que uno de los elementos más valorados por los compradores de este tipo de juegos es la cantidad de canciones licenciadas de su catálogo, los desarrolladores también se han puesto las pilas en este sentido: nada menos que 58, 13 de ellas ocultas, y más de 200 que se pueden adquirir a través de internet. Radiohead, Red Hot Chili Peppers, Nirvana (y su hijo post-grunge, los Foo Fighters), REM, Black Sabbath, Pixies, The Killers, Bon Jovi, Kiss y The Who son algunos de los muchos grupos de calidad que podremos encontrar en esta bestia negra de los juegos musicales.
Los modos de juego por su parte van desde las partidas rápidas hasta los tours mundiales, con escenarios de lo más variado y auténticas jor nadas maratonianas, sólo aptas para jugadores con mucho tiempo libre. Eso sí, cuando el grupo llega a una integración perfecta de sus distintos miembros, la experiencia jugable es difícil de superar, si no imposible. Su precio, no precisamente módico, es uno de los puntos más criticados, al menos en nuestras fronteras: nada menos que 240 euros habrá que desembolsar por todo el pack de juego e instrumentos, mientras que en Estados Unidos el precio ha ascendido a la más comprensible cantidad de 180 dólares.
Sin embargo, no podemos ignorar que nos encontramos ante algo así como la Capilla Sixtina de los juegos musicales, un clásico moder no de obligada referencia en los próximos años, y la culminación de una for ma de entender las relaciones entre música y videojuegos. Está claro que, cueste lo que cueste, pese a quien pese y caiga quien caiga, si hay un antes y un después en la historia del género, se titula Rock Band.
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