El Observatorio Social de la Matriz analiza el juicio a Jesucristo

Carlos López | Actualizado 31.03.2010 - 01:00
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Antonio de Moral García, fiscal del Supremo, en un momento de la ponencia.

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Si Jesucristo hubiera optado por desarrollar su vida pastoral en una época cercana a nuestros días, ¿qué delitos podrían habérsele imputado? ¿Cuál sería la condena a la que podría enfrentarse? o ¿cómo se desarrollaría un juicio que bien podría ser catalogado de mediático? A estas y otras preguntas trataron de dárseles respuesta en el Observatorio Social Nuestra Señora del Rocío con una ponencia titulada Justicia Penal, hoy a la luz del proceso a Jesús, a cargo de Antonio de Moral García, fiscal del Tribunal Supremo.

El letrado concretó las dificultades de hacer extrapolaciones a nivel legislativo entre siglos tan equidistantes a la hora de estudiar los supuestos delitos en los que podría haber incurrido el Mesías, principalmente porque los hechos por los que fue condenado poseían un cariz "religioso y su régimen en aquel siglo se fundían con la normativa legal". Sin embargo, el trasfondo moral de aquel 'pleito' tiene enorme vigencia en nuestros días.

Así las cosas, de Moral afirmó: "Si el hijo de Dios viviese en España y desarrollara su vida pastoral siguiendo al pie de la letra los pasajes del Evangelio, no existiría una conducta tipificable en nuestro Código Penal, pues no llamó a la subversión civil, si bien es cierto que sus hechos podrían incomodar a ciertos poderes facticos". El sistema de garantías y derechos procesales garantizarían que no se acometiese el reguero de injusticias que mediaron a la hora de sentenciarle de muerte por crucifixión. No obstante, el fiscal hizo un alto para subrayar que, aunque el hombre del siglo XXI se sienta con una autoridad moral superior a la sociedad del siglo I, "nada más lejos de la realidad", sentenció. Para ello, realizó una reflexión inapelable, el exterminio de los judíos a manos de los nazis se llevó a cabo en pleno siglo XX con "la complicidad y el silencio" de una sociedad a la que un régimen llegó a "anestesiar sus conciencias". "Yo no pondría la mano en el fuego" a la hora de asegurar que no habríamos ajusticiado a Jesús "o que nuestros jueces sean mejores que el pusilánime Pilatos", a quien acusó de instalarse en el relativismo más absoluto y se prestarse a los designios y caprichos de la mayoría, jactándose, a su vez, de la búsqueda de la verdad. En este sentido, García lamentó que "el credo del gobernante" actual sea precisamente santificar a la mayoría, en ocasiones, sin "cuestionar en ningún momento el dilema moral, ni cuestiones como la verdad o la justicia".

Cristo fue condenado por el clamor social, un hecho que tiene enormes paralelismos en nuestros días con los juicios sociales que alimentan el linchamiento en base a datos parciales que, en ocasiones, son filtradas por las partes interesadas. En cuanto al juicio en sí, Jesús fue detenido tras la última cena en el huerto de Getsemaní. En primera instancia se enfrentaría ante las acusaciones del sacerdote del Sanedrín, quien le interrogó junto con su yerno, el sumo sacerdote judío Caifás. Desde ahí fue llevado a la Fortaleza Antonia para ser puesto a disposición del pretorio romano, donde se le practicaría un triple interrogatorio a manos de Pilato y otro a cargo de Herodes.

En esta fortaleza el Rey de reyes sería flagelado pero no como castigo a sus posibles delitos, si no como tortura en busca de una forzada confesión. El ponente subrayó que durante todo este proceso Jesús "declinó hacer un alegato de defensa" para cumplir con la profecía. No obstante, se convierte en el mejor abogado defensor cuando del prójimo se trata y frente a su progenitor cita: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

Con respecto al proceso sumarísimo, el fiscal apuntó un detalle: se desarrolla en tiempo récord. A penas median 24 horas desde que se produce su detención hasta que a las 10:30 de la mañana siguiente se decreta la codena a muerte y a mediodía es trasladado al Gólgota donde sería crucificado. Estos revelan que, aunque la demora que sufren algunos procesos pueda convertirse en una autentica "carcoma", en ocasiones, "cierta pausa y sosiego" son convenientes para el ejercicio de la profesión.
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