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En memoria de Loli de los Santos
En memoria de Loli de los Santos
Rafael Moreno | Actualizado 03.09.2010 - 05:01Gustaba recordarle a sus nietas aquel fandango antiguo y popular que cantaba como nadie su paisano Francisco Hernández Rull El Caena: Tres cosas tiene mi Huelva que no las tiene Madrid, La Rábida, Punta Umbría y ver los barcos venir. Lo hacía en sus inviernos madrileños, fríos, a donde iba a repartir esa bondad que le acompañó toda la vida a casa de su hija Carmen Esther Pastor (de los Santos).
El destino tiene páginas escritas que son invisibles... y muy amargas, por eso no se abren ni leen hasta que llegan, siempre por sorpresa y en los momentos más inesperados.
El 1 de septiembre pasado fui a llamar a Loli, como siempre que tenía en mente un tema serio de Punta Umbría. Era la memoria pública de ese pueblo marinero al que nos unen tantas tardes y que Loli me enseñó a descubrir y a querer. Un lugar que huele a sal.
Loli de los Santos fue corresponsal de Huelva Información durante las décadas de los años 80 y los 90. Murió el pasado 12 de agosto.
Pero detrás de estas letras deja toda una vida de trabajo, de crónicas, de amables noticias escritas con ese arte de pincel que usaba para no hacer daño. Porque Loli siempre tenía una comilla guardada al final de los textos para rebajar las tensiones propias que tiene esta profesión. Y eso que le tocó manejar una de las etapas más inestables de Punta Umbría. Un Ayuntamiento sin alcalde claro, mociones de censura, condenas por no convocar plenos en tiempo y forma y proyectos urbanísticos por doquier.
Puede que la paciencia se la inculcara su media naranja, Tomás, su marido. Un hombre pausado, que rezuma esa calma capaz de hacer dormir al tigre más feroz que uno se puede imaginar.
Loli rescató del olvido historias como las de William Martin, El Hombre que nunca existió. Allá que fuimos un día al programa Protagonistas de Luis del Olmo a poner el nombre de Punta Umbría en el mapa de Europa. Y es que antes de Normandía a los nazis le vendimos una milonga en la Mata Negra. José Antonio Rey María tuvo mucho que ver con aquello. Y se la tragaron.
Loli de los Santos disfrutaba escribiendo. De hecho sólo lo dejó de hacer cuando Mariló y Carmen Esther, sus hijas, le recordaron la infancia con sus retoños.
Ahora, esa página amarga que ha mostrado el destino parecerá eterna, ilegible y muy larga, interminable, pero para los que tuvimos el honor de trabajar con Loli nos queda un mar de recuerdos por vaciar. Y sólo tenemos un cubo de agua para hacerlo.
Descanse en paz.
El destino tiene páginas escritas que son invisibles... y muy amargas, por eso no se abren ni leen hasta que llegan, siempre por sorpresa y en los momentos más inesperados.
El 1 de septiembre pasado fui a llamar a Loli, como siempre que tenía en mente un tema serio de Punta Umbría. Era la memoria pública de ese pueblo marinero al que nos unen tantas tardes y que Loli me enseñó a descubrir y a querer. Un lugar que huele a sal.
Loli de los Santos fue corresponsal de Huelva Información durante las décadas de los años 80 y los 90. Murió el pasado 12 de agosto.
Pero detrás de estas letras deja toda una vida de trabajo, de crónicas, de amables noticias escritas con ese arte de pincel que usaba para no hacer daño. Porque Loli siempre tenía una comilla guardada al final de los textos para rebajar las tensiones propias que tiene esta profesión. Y eso que le tocó manejar una de las etapas más inestables de Punta Umbría. Un Ayuntamiento sin alcalde claro, mociones de censura, condenas por no convocar plenos en tiempo y forma y proyectos urbanísticos por doquier.
Puede que la paciencia se la inculcara su media naranja, Tomás, su marido. Un hombre pausado, que rezuma esa calma capaz de hacer dormir al tigre más feroz que uno se puede imaginar.
Loli rescató del olvido historias como las de William Martin, El Hombre que nunca existió. Allá que fuimos un día al programa Protagonistas de Luis del Olmo a poner el nombre de Punta Umbría en el mapa de Europa. Y es que antes de Normandía a los nazis le vendimos una milonga en la Mata Negra. José Antonio Rey María tuvo mucho que ver con aquello. Y se la tragaron.
Loli de los Santos disfrutaba escribiendo. De hecho sólo lo dejó de hacer cuando Mariló y Carmen Esther, sus hijas, le recordaron la infancia con sus retoños.
Ahora, esa página amarga que ha mostrado el destino parecerá eterna, ilegible y muy larga, interminable, pero para los que tuvimos el honor de trabajar con Loli nos queda un mar de recuerdos por vaciar. Y sólo tenemos un cubo de agua para hacerlo.
Descanse en paz.
El Rocío
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