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Izquierda de salón
la ciudad y los días
Izquierda de salón
| Actualizado 12.03.2010 - 01:00Aninguno de los voceros de las dictaduras de izquierda les da por irse a vivir a los países cuyos regímenes defienden o disculpan. Asombrosamente prefieren vivir aquí y, si pueden, en Hollywood. Esto viene de los 60. Antes los defensores de las dictaduras de izquierda eran más coherentes: se iban a la madre Rusia a rendir pleitesía al padre de los pueblos y -los dirigentes- a veranear. Unos volvían encantados; otros, desencantados; y algunos no volvían. Antes de los 60 se defendían las dictaduras de izquierda tan abiertamente como se cuestionaban las llamadas democracias o libertades burguesas. Ejemplar es, en este sentido, la respuesta que dio mi querido y admirado Cesare Pavese cuando el PCI pidió a los intelectuales italianos que explicaran por qué eran comunistas: "¿Es posible que uno se haga comunista por amor a la libertad? A nosotros nos ha sucedido… Libre es únicamente quien se inserta en la realidad y la transforma, no quien se va por las nubes".
Se entiende que Pavese escribiera esto porque lo hizo en 1947, dos años después del fin de la guerra y de la larga dictadura fascista instaurada en 1922. Lo que no es tan comprensible, aun entonces, es que ignorara las grandes purgas de los años 30, la infamia del pacto nazi-soviético y la consiguiente entrega a los nazis de los comunistas alemanes, polacos y húngaros que habían buscado refugio en la Unión Soviética; que apoyara al PCI de Palmiro Togliatti, estalinista que murió mientras veraneaba en Yalta, y que lo hiciera -la fecha que hace comprensible su adhesión también puede volverse contra él- en 1947, el año en que el Comité Central del PCUS inició la cruzada del realismo socialista persiguiendo a los escritores y artistas que "se iban por las nubes". Pero para él, como para los comunistas europeos de los años 40 y 50, estos eran males necesarios o invenciones de la propaganda de las falsas democracias occidentales. Sólo el Partido, con la URSS como referente, y Stalin como guía, garantizaba la libertad auténtica.
En esto eran más sinceros que los artistas españoles, ciegos para con la dictadura cubana, pero no tanto como para vivir allí. No sé por qué me han recordado lo que escribió Varlam Shalamov, que tuvo el privilegio de disfrutar de la hospitalidad de Stalin en el campo de concentración de Kolymá entre 1937 y 1951: "No es del arte, no es de la ciencia de donde el hombre extrae sus escasísimas cualidades positivas. Algo distinto les proporciona a los seres humanos su fuerza moral, no su profesión ni su talento. Me he pasado la vida observando el espíritu servil, rastrero y humillado de la intelectualidad".
Se entiende que Pavese escribiera esto porque lo hizo en 1947, dos años después del fin de la guerra y de la larga dictadura fascista instaurada en 1922. Lo que no es tan comprensible, aun entonces, es que ignorara las grandes purgas de los años 30, la infamia del pacto nazi-soviético y la consiguiente entrega a los nazis de los comunistas alemanes, polacos y húngaros que habían buscado refugio en la Unión Soviética; que apoyara al PCI de Palmiro Togliatti, estalinista que murió mientras veraneaba en Yalta, y que lo hiciera -la fecha que hace comprensible su adhesión también puede volverse contra él- en 1947, el año en que el Comité Central del PCUS inició la cruzada del realismo socialista persiguiendo a los escritores y artistas que "se iban por las nubes". Pero para él, como para los comunistas europeos de los años 40 y 50, estos eran males necesarios o invenciones de la propaganda de las falsas democracias occidentales. Sólo el Partido, con la URSS como referente, y Stalin como guía, garantizaba la libertad auténtica.
En esto eran más sinceros que los artistas españoles, ciegos para con la dictadura cubana, pero no tanto como para vivir allí. No sé por qué me han recordado lo que escribió Varlam Shalamov, que tuvo el privilegio de disfrutar de la hospitalidad de Stalin en el campo de concentración de Kolymá entre 1937 y 1951: "No es del arte, no es de la ciencia de donde el hombre extrae sus escasísimas cualidades positivas. Algo distinto les proporciona a los seres humanos su fuerza moral, no su profesión ni su talento. Me he pasado la vida observando el espíritu servil, rastrero y humillado de la intelectualidad".

