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Pepe no quiso ser el Papa de la transición

Juan M. / Marqués / Perales | Actualizado 12.03.2010 - 01:00
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JOSÉ Antonio Griñán se resistió a ser presidente de la Junta, pero una vez que lo convencieron debió prometerse a sí mismo que no sería un presidente de transición al estilo de algunos papas de Roma. Un pontífice de ésos que sólo duran de un camarlengo a otro. Segunda consideración para entender el congreso que los socialistas: se tome el sondeo que se tome, los andaluces quieren un cambio. El PSOE gobierna Andalucía desde 1982, y Pepe Griñán (así le gusta que le llamen) ha llegado al convencimiento de que la única manera de seguir con el proyecto socialista es renovar de modo profundo su partido. Casi como darle la vuelta a un calcetín, caras nuevas y una organización distinta. Y eso crea muchas inquietudes. Pero, por eso, por no ser un presidente de transición y por lo del cambio desde el cambio, Griñán ha ido forzando la maquinaria hasta conseguir que el congreso del PSOE, que se preveía para después de las elecciones de 2012, se adelante a este mes de marzo. No es ningún secreto que los actuales secretario y vicesecretario general, Manuel Chaves y Luis Pizarro, preferían haberlo convocado más tarde, y eso ha provocado ciertas fricciones que han sido públicas. Del mismo modo que ha querido dejar claras las dos amonestaciones que le ha hecho a Gaspar Zarrías, que sí defendía el adelanto. Y es que Griñán no acepta tutelas ni indicios de ellas de nadie, ni de los primeros griñanistas ni de los neogriñanistas. Al final, ha acometido la renovación que él quería, un cambio de arriba a abajo. Le hubiera gustado contar con Luis Pizarro, y Pizarro creía que él podía aportar experiencia, pero al final el cambio será rotundo. Una nueva y joven ejecutiva. Excepto él, Griñán, que con sus 63 años, es de la generación de González, Chaves y Pizarro. Pero, mientras se sienta con fuerzas, escribirá las líneas de su proyecto, y ahí va su riesgo. Que no es poco. 28 años de gobierno son muchos, pero por algo habrán sido 28. Griñán no cree en las gerontocracias, y por eso sabe que más temprano que tarde, él deberá dar paso a otros, pero para entonces él será el conductor.
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