Abalorios

Siempre hay una mirada

Eduardo J. / Sugrañes | Actualizado 01.06.2009 - 08:35
EL Domingo de Pentecostés tiene siempre música de seguirillas de Muñoz y Pabón, las que son como el estandarte de lo más auténtico del Rocío, las que dicen que la Virgen no es obra humana. Hoy seguirán las letrillas del canónigo hispalense sirviendo de fondo a la fiesta de este día, y serán las voces rocieras, como seises catedralicio de este cielo inmenso almonteño, las que den acogida al cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo.

Muchas visitas y muchos Domingo del Rocío ha venido el arzobispo a la aldea y ahora cuando está pronta su despedida vuelve de nuevo hasta aquí, porque sabe que este es buen lugar para dar gracias y seguir implorando. Siempre es un punto de encuentro, donde la mirada de la Virgen siempre llena. La mirada, además, se nos antoja cercana en la continuidad, habrá que esperar también a que se produzca la primera visita del nuevo arzobispo de Sevilla, porque siempre ha habido un afecto recíproco entre esta y la Diócesis de Huelva, seguro que el prelado onubense, que tanto ha aprendido en tan poco tiempo, le sabrá indicar las miradas que tiene El Rocío. Este es un tiempo de encuentro, de buscar lo auténtico, porque está más cerca de lo que podamos pensar. Es un tiempo de espera en esa llamarada de lenguas de fuegos. El Rocío es camino en la esperanza y más ahora cuando la nube de tantas tristezas nos envuelve sabemos que siempre hay una luz que unió devociones, sentimientos y la historia de un pueblo. Ahora, con este Rocío, se abre un nuevo año, lo mismo que un tiempo nuevo que surge al amparo del Espíritu Santo, que es el que da fuerza a la Iglesia que entorno a Ella, a Nuestra Señora del Rocío, sabe que el camino está ahí, que no es fácil, pero que no hay que desfallecer. Es como el año nuevo que arranca, es la vida sembrada en la primavera, es la ilusión renovada, es el cariño, es la cercanía de la amistad, es caminar sólo mirando hacia adentro y descubrir luego lo hermoso de ir acompañado de una multitud de peregrinos. El Rocío hoy nos abre a la vida, al regalo del Espíritu Santo, a la fortaleza del cristiano frente a tantas miradas injustas y mal intencionadas.

En una tele de estas de media tarde, en las cadenas nacionales, buscando a folclóricos vestidos de volantes, decía que al Rocío "hay que ir muy bebidos". La verdad que a parte de desafortunada la frase demuestra lo poco que se conoce fuera del Rocío. Quizás quiso decir de que hay que ir embriagados del perfume de romero y helechos, de amoraduz... fijándose en esa nube hermosa que envuelve la carreta de plata como si fuera el incienso que sacraliza los caminos que surca el Simpecado.

El Rocío tiene todas las miradas que se quiera, pero la única y fundamental seguirá siendo la que tengamos hacia Ella. Yo invito a descubrirla, seguro que encontrarás algo.