LA CARRETA

Huelva camina

Adolfo M. / García / Rodríguez | Actualizado 29.05.2009 - 01:00
DÍA de piropos, chaquetillas blancas, volantes de mil colores, camisas sencillas, varas colmás de romero y carros ajardinados. Amor qué como nadie pasea 'Huelva la marinera'. Amor y despedida que sube al Conquero para enredarse en la cintura de la Virgen de la Cinta. Imán 'Esa Blanca Paloma' que los llama; su 'Espejo de devoción' del 'Lunes de Pentecostés' en las arenas de Doñana. Fina joya su Simpecado en un dosel de filigranas bordadas en plata, que es su carroza. Orgullo el son, que entre miradas peregrinas llevan sus mulas y campanitas, que parece caminan por los cielos y es San Sebastián su carretero.

Van a vivir 'Su Rocío' tras cumplir sus obras sociales y caritativas siempre basadas en la generosidad 'El compartir lo que se tiene' y, en hacer las cosas: Primero bien y luego bonitas y alegres. Preparados espiritualmente para encontrarse con la luz de la mirada de 'La Pastora almonteña', la dulzura de su rostro, la nube de sentimientos, sudor y polvo, que como ermita la envuelve y meterá a Huelva en 'La gloria marismeña' cuando en la aldea almonteña haga su incomparable llegada.

Van, tras todo un año preparándose para acariciar a la Virgen con sus salves, cantes y plegarias, con el sonido de sus tamboriles y flautas. Pintar el cielo con cohetes: palomas de humo, despertador y aviso en la mañana, luz orientadora en la noche, expresión sonora de júbilo que se eleva al cielo en ingenuo y bello homenaje.

Todo un año soñando con miradas caminantes a su Simpecado, qué dejan difuminada su cara en la sombra de los pinos y en las huellas del camino entre sonido de campanillas, palmas a compás y relinchos de caballo. Caminar lento, festivo y bello basado en el amor sublime que da la fe en su Hijo el Pastorcito y el celo demostrado para guardar la pureza rociera alegre y participativa, respetuosa con la naturaleza y los animales, ¡Cultura con mayúsculas!

Van y repartirán alegría, canela y clavo en el camino, la presentación, misa de Pontifical, rosario de la aurora y en su inigualable procesión, qué, como en el camino, bajo bóveda de polvo cegador los envuelve y seca las gargantas, fatiga sus cuerpos, los llena de sudor, encanece cejas y pestañas. Pero ese polvo es bálsamo reparador, fuerza, misterio y clamor del corazón absolutamente entregado ante la espadaña de su casa del Real el lunes por la mañana entre revuelos del campanil, pétalos, salves, vivas, guapas, abrazos y lágrimas.

Le expresará Huelva a la Virgen en todos esos momentos, qué la llevan en el alma y van repartiendo su mensaje de entrega, amor, humildad y ternura. Qué no les ha importado dormir al relente, les cale hasta los huesos el frío, los agobie la crisis económica, la distancia, la lluvia o la calor. Por nada cambiarán la suerte de poder decirle los vivas ante sus platas.
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