la firma

Cuaresma política

Antonio / Fernández Jurado / | Actualizado 05.05.2012 - 01:00
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Ciertamente, no sé cómo explicar, con claridad, lo que pretendo plantear, pero aún así, tengo la seguridad de que, al final, algunos serán capaces de entenderme.

Y es que gran número de ciudadanos españoles, en general, y andaluces, en particular, pueden tener la impresión de estar viviendo un periodo de tiempo en una especie de permanente cuaresma política. Me explico. Cada viernes a mediodía, la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros se está convirtiendo en una especie de recordatorio del obligado cumplimiento del ayuno y abstinencia, de la necesidad del sacrificio y la privación como ejercicios penitenciales -los poderosos solían acceder a la bula, llámese ahora amnistía fiscal- de recuerdos sobre la necesaria continuidad de las reformas, sin explicar con rotundidad y transparencia, ¿cuáles, cuántas, cómo y hasta cuándo? Todo ello, en un contexto de exigencias sobre soluciones urgentes tras años de silencio, desmovilización e incluso complicidad con unos poderes pasivos ante la crisis -sin negar la globalidad de la misma- la ineficacia de Rodríguez Zapatero, la irresponsabilidad financiera, la volatilización de los ahorros o la dudosa objetividad de los dictámenes de las agencias de rating, por poner algunos ejemplos de impacto directo sobre las prisas actuales de los opositores y las justificaciones sacrificiales de nuestros predicadores políticos de los viernes.

Citaba antes a los andaluces porque se inicia una nueva andadura gubernamental en nuestra tierra. No viene mal el ejemplo cuaresmal, pues estos días todo recordaba esos cónclaves, tras el correspondiente quinario, en los que se negocian y reparten cargos para el futuro gobierno de la hermandad tras la finalización de los días pasionistas. Mayordomías, priostías, consiliarios,… se reparten entre supuestos afines otrora enfrentados y, ahora, hermanados al olor de las poltronas. Unos, descubridores del imperativo legal como burdo argumento eximente de futuras responsabilidades. Supongo que también Sánchez Gordillo habrá de aceptar por imperativo legal el Gobierno de coalición y correspondiente reparto de sillones. Al tiempo, Griñán, cuyo primer discurso de investidura tuvo nivel oratorio, aperturismo y conciliación -dediqué una columna muy favorable al mismo-, se quedó en la palabra y, tres años después, no plantea subida de impuestos y más banalidades que novedades tangibles o, cuando menos, creíbles.

Claras apelaciones a la confrontación y desempolvó medidas y planes antiguos (reforestación, oportunidades laborales,…), mantenimiento subvenciones sindicales y empresariales… En fin, amigos, entre el ayuno y abstinencia centrales, la falta de iniciativa -de la que es culpable el otro- de los de aquí y el "parche antes de que les salga el grano" de los sobrevenidos afortunados, afrontemos con paciencia y aunque sea con dudosa esperanza, esta cuaresma política.
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