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Un día que se vive entre cantes y bailes, es la fiesta del Rocío
Un día que se vive entre cantes y bailes, es la fiesta del Rocío
Las hermandades acuden con sus simpecados hasta el Monumento de la Coronación para la misa de Pentecostés · Es la jornada festiva por excelencia de la romería, días de visitas, de salir y de entrar
Eduardo J. Sugrañes | Actualizado 23.05.2010 - 01:00EN esta mañana del Domingo de Pentecostés hay un latido distinto en la aldea. Las hermandades acuden con sus simpecados hasta el Monumento de la Coronación. Las palmeras que durante el año le acompañan como si fuera un palio frondoso, ganan en solemnidad con la presencia de todos y cada uno de los estandartes de las filiales, que con el de la Hermandad Matriz forman este arco iris de sentimientos y devociones de tantos pueblos, que se unen aquí para conjugarse unos con otros en estilos diversos, diseños distintos, colores varios, bordados, orfebrería, y conforman este mosaico que le hacía falta al Rocío en la Romería. Un momento de encuentro de todos los que participan, venidos de lugares muy diversos para un encuentro común en la jornada central del Domingo de Pentecostés. Es un tapiz tejido por tantas manos y tan buenos sentimientos que no pueden ofrecer otra imagen que esta, una de las más hermosas por su colorido estético, por su simbolismo y por el sentido de verdad que le da al Rocío esta celebración comunitaria. Aquí se reúne la gran familia rociera, es día de fiesta y de recuerdo, de renovación. El Rocío es templo abierto ante el altar. La presencia de Ella está en su monumento, ribeteado por todos los simpecados.
El Real del Rocío funde esa amalgama de medallas y cordones, de varas; personas que no solo acuden con sus hermandades, sino venidas como un romero más y se acercan a esta gran celebración de fe. "Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés" (Hch 2,1-11).
Una celebración en la que se sigue el rito tradicional de las hermandades con la profesión de fe, que da lectura el secretario de la Hermandad Matriz, con la defensa de los dogmas marianos, y jurando los mismos todas las hermandades filiales y la de Almonte.
La Misa de Pentecostés es un momento comunitario importante en este Real donde hay que mitigar algunas veces el sol y otras el cansancio de una larga ceremonia de pie. Pero se hace íntima y seguida con verdadero entusiasmo por los que participan. El coro pone en todo momento el canto rociero en la liturgia de este domingo. Sentimientos que se mueven en la palabra que es poesía del pueblo y que así permanece a lo largo del tiempo, como las seguirillas de Muñoz y Pavón que se convierten en Himno Rociero.
Un Día de Pentecostés que es como al principio, el nacimiento de la Iglesia entorno a María y los apóstoles, como recuerda Benedicto XVI: "Pentecostés representa para San Lucas el nacimiento de la Iglesia por obra del Espíritu Santo. El Espíritu desciende sobre la comunidad de los discípulos -'asiduos y unánimes en la oración'-, reunida 'con María, la madre de Jesús' y con los once apóstoles. Podemos decir, por tanto, que la Iglesia comienza con la bajada del Espíritu Santo y que el Espíritu Santo 'entra' en una comunidad que ora, que se mantiene unida y cuyo centro son María y los apóstoles" (Benedicto XVI. El Camino Pascual. Bac Popular. Madrid, 1990).
Hoy es jornada de fiesta y El Rocío lo vive de una manera especial, a los que están se les une las muchas visitas del día, hay quien hace otro camino, el de su coche o del autocar. Las casas están abiertas, en los patios y los porches, bajo el sombrajo de la marquesina, se canta y se baila, palmas al compás, tamboril y flauta. Un poco de buen vino y también de buen comer. Hay alegría que se contagia, es un ir y venir de gente; de estar de una casa a otra, de compartir visitas, de recibir a los amigos y de ir a verlos a ellos. ¡Ay esos arenales para estar de visita en visita! En las casas de las hermandades se vive la fiesta con júbilo; los patios son como torbellinos de volantes, de bailes que se suceden uno tras otro. Hay comida de hermandad, es el Día Grande del Rocío.
La convivencia es el noble tesoro del Rocío, la de un pueblo que vive junto a unas fiestas, que camina con un mismo objetivo, el de la fraternidad. Convivencia entre amigos, pandillas, peñas rocieras y, sobre todo, de familia. Esa es la grandeza del Rocío, que en todas las casas anida la amistad, el buen ambiente, la alegría. La Virgen del Rocío en el centro de todos, en los labios, en los cantes, en las palmas y en el corazón.
El Rocío corona este día con otro acto importante en el que participan todas las hermandades, en la sintonía de fraternidad entorno a la Blanca Paloma. Vuelven a reunirse todos y cada uno de los simpecados. Ahora es en la plaza de Doñana para el rezo del Santo Rosario. Tiene este momento el poder de convocatoria de grandes acontecimientos multitudinarios. Es sobrecogedor.
Si en la mañana era la luz clara del día la que ponía perfiles de hermosura a los simpecados, en la noche son las bengalas de colores las que van iluminando la fe de quienes en procesión parten de sus casas de hermandades junto a su Simpecado. Este rezo del rosario si bien tiene todos los parámetros de grandiosidad como las nuevas concentraciones religiosas está rodeado de la belleza de la tradición. Los misterios del rosario, los rezos y los cantos le hacen herederos de una vida cristiana de siglos. De nuevo otra pincelada para este mosaico hermoso y multicolor del Rocío, los simpecados en la noche están iluminados por esa luz tenue en la que se deja brillar el rostro de la Blanca Paloma sobre bordados tan diversos.
La noche es igualmente anuncio, antesala, balcón donde se exalta a la Reina de las Marismas, sentimiento de un día que se extiende hasta el Lunes de Pentecostés. La aldea vibra, sabe que la luz está pronto a salir. Que donde hay tinieblas Ella es aurora; que cuando hay cansancio, es nuestro regazo; que cuando nos asalta la pena, es consuelo; de la mañana es la estrella, del día el sol completo; porque Ella, en la vida, es su latir.
El Real del Rocío funde esa amalgama de medallas y cordones, de varas; personas que no solo acuden con sus hermandades, sino venidas como un romero más y se acercan a esta gran celebración de fe. "Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés" (Hch 2,1-11).
Una celebración en la que se sigue el rito tradicional de las hermandades con la profesión de fe, que da lectura el secretario de la Hermandad Matriz, con la defensa de los dogmas marianos, y jurando los mismos todas las hermandades filiales y la de Almonte.
La Misa de Pentecostés es un momento comunitario importante en este Real donde hay que mitigar algunas veces el sol y otras el cansancio de una larga ceremonia de pie. Pero se hace íntima y seguida con verdadero entusiasmo por los que participan. El coro pone en todo momento el canto rociero en la liturgia de este domingo. Sentimientos que se mueven en la palabra que es poesía del pueblo y que así permanece a lo largo del tiempo, como las seguirillas de Muñoz y Pavón que se convierten en Himno Rociero.
Un Día de Pentecostés que es como al principio, el nacimiento de la Iglesia entorno a María y los apóstoles, como recuerda Benedicto XVI: "Pentecostés representa para San Lucas el nacimiento de la Iglesia por obra del Espíritu Santo. El Espíritu desciende sobre la comunidad de los discípulos -'asiduos y unánimes en la oración'-, reunida 'con María, la madre de Jesús' y con los once apóstoles. Podemos decir, por tanto, que la Iglesia comienza con la bajada del Espíritu Santo y que el Espíritu Santo 'entra' en una comunidad que ora, que se mantiene unida y cuyo centro son María y los apóstoles" (Benedicto XVI. El Camino Pascual. Bac Popular. Madrid, 1990).
Hoy es jornada de fiesta y El Rocío lo vive de una manera especial, a los que están se les une las muchas visitas del día, hay quien hace otro camino, el de su coche o del autocar. Las casas están abiertas, en los patios y los porches, bajo el sombrajo de la marquesina, se canta y se baila, palmas al compás, tamboril y flauta. Un poco de buen vino y también de buen comer. Hay alegría que se contagia, es un ir y venir de gente; de estar de una casa a otra, de compartir visitas, de recibir a los amigos y de ir a verlos a ellos. ¡Ay esos arenales para estar de visita en visita! En las casas de las hermandades se vive la fiesta con júbilo; los patios son como torbellinos de volantes, de bailes que se suceden uno tras otro. Hay comida de hermandad, es el Día Grande del Rocío.
La convivencia es el noble tesoro del Rocío, la de un pueblo que vive junto a unas fiestas, que camina con un mismo objetivo, el de la fraternidad. Convivencia entre amigos, pandillas, peñas rocieras y, sobre todo, de familia. Esa es la grandeza del Rocío, que en todas las casas anida la amistad, el buen ambiente, la alegría. La Virgen del Rocío en el centro de todos, en los labios, en los cantes, en las palmas y en el corazón.
El Rocío corona este día con otro acto importante en el que participan todas las hermandades, en la sintonía de fraternidad entorno a la Blanca Paloma. Vuelven a reunirse todos y cada uno de los simpecados. Ahora es en la plaza de Doñana para el rezo del Santo Rosario. Tiene este momento el poder de convocatoria de grandes acontecimientos multitudinarios. Es sobrecogedor.
Si en la mañana era la luz clara del día la que ponía perfiles de hermosura a los simpecados, en la noche son las bengalas de colores las que van iluminando la fe de quienes en procesión parten de sus casas de hermandades junto a su Simpecado. Este rezo del rosario si bien tiene todos los parámetros de grandiosidad como las nuevas concentraciones religiosas está rodeado de la belleza de la tradición. Los misterios del rosario, los rezos y los cantos le hacen herederos de una vida cristiana de siglos. De nuevo otra pincelada para este mosaico hermoso y multicolor del Rocío, los simpecados en la noche están iluminados por esa luz tenue en la que se deja brillar el rostro de la Blanca Paloma sobre bordados tan diversos.
La noche es igualmente anuncio, antesala, balcón donde se exalta a la Reina de las Marismas, sentimiento de un día que se extiende hasta el Lunes de Pentecostés. La aldea vibra, sabe que la luz está pronto a salir. Que donde hay tinieblas Ella es aurora; que cuando hay cansancio, es nuestro regazo; que cuando nos asalta la pena, es consuelo; de la mañana es la estrella, del día el sol completo; porque Ella, en la vida, es su latir.
Ganadores del 'Concurso de Fotografía Artística El Rocío 2011'
Los lectores han elegido a los tres ganadores de la categoría popular
GALERÍA GRÁFICA
La procesión de la Blanca Paloma '11
La rotura de un varal obliga a la Virgen del Rocío a recogerse tras estar apenas cinco horas en la calle.
PASEANDO POR SEVILLA
Vídeo: Sevilla va 'pal' Rocío
Inicia su camino hacia Almonte la última de las hermadades sevillanas.
GALERÍA GRÁFICA
La procesión de la Blanca Paloma '10
La Virgen salió esplendorosa de su ermita para procesionar un año más durante casi diez horas.
GALERÍA GRÁFICA
Solemne aniversario en el santuario de la Divina Pastora
Reportaje gráfico: Alberto Domínguez







