Las personas mayores de 80 años se triplicarán en medio siglo

La relación población activa-jubilados pasará de 4,6 a 2 · Los expertos se muestran optimistas: con más productividad e inmigración, la sociedad del futuro será distinta pero nunca peor que la actual

Fede Durán / SEVILLA | Actualizado 22.04.2012 - 05:04
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Un grupo de jubilados comparte banco en un parque de Málaga.

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Hablar de gerontocracia quizás sea excesivo, pero un viaje al futuro en la cápsula de las proyecciones demográficas pinta el panorama más o menos así: viviremos más, mucho más; y en consecuencia la sociedad estará dominada, al menos cuantitativamente, por cincuentones y sesentones. El poder de este ejército, que en 2035 ya representará casi la mitad de la población, será inmenso. Condicionará la estrategia del Estado, obligado a revisar los mecanismos del bienestar, y se convertirán en el principal motor del consumo. Con el envejecimiento de la población, se transformarán la sanidad y la educación, variará la ciencia del marketing y la juventud dejará de ser una producción en serie de retratos de Dorian Gray para pasar a un segundo plano.

Al repasar la quiniela del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, la primera reacción es el miedo. Miedo a la insostenibilidad del sistema por un cúmulo de datos en apariencia pésimos. En 2050, Andalucía contará con casi 800.000 personas menos en edad de trabajar pero con 550.000 habitantes más que hoy. La relación población activa-jubilados pasará de 4,6 (2008) a 2,5 (2035) y 2 (2070). La esperanza de vida de las mujeres pasará de 82 años largos a 90; la de los hombres de 76 a 82. La edad media de maternidad se mantendrá constante: 30,33 años durante la próxima década y 30,52 en adelante. La fecundidad tampoco experimentará cambios extraordinarios desde los 1,47 hijos por mujer de ahora.

Ignacio Pozuelo Meño, director del citado Instituto, aclara uno de los trucos de la demografía: "Nuestros cálculos con toda probabilidad no se cumplirán porque se basan en hipótesis sobre cómo se comportarán la fecundidad, la mortalidad y las migraciones. Las dos primeras son previsibles, pero no las terceras". Incluso si la comunidad dejase de recibir inmigrantes, incluso si se mantuviesen los actuales niveles de maternidad y longevidad, la población andaluza crecería hasta 2040. Desde entonces y hasta 2070, la región perdería 563.000 habitantes. La pirámide demográfica comenzaría a parecerse no tanto a una pera como a un cilindro, y los mayores serían la nueva voz cantante.

"La demografía no es una maldición -explica Pozuelo Meño-, yo le quitaría dramatismo al asunto, aunque es cierto que la tendencia al envejecimiento ya es común en Andalucía, Europa y el mundo, y lo es por tres razones: la mejora de la esperanza de vida (que es una realidad positiva), el aumento del grupo de mayores de 65 años al recibir ahora a generaciones muy numerosas, y una fecundidad muy baja".

Para que se hagan una idea de la magnitud del fenómeno, los andaluces octogenarios se triplicarán en 2070. La curva no deja lugar a dudas: en 2009, el censo contabilizaba 305.000 personas mayores de 80 (el 3,74% de la población). En 2020 serán 435.000 (5,10%); en 2035, 601.000 (6,83%) y en 2070, 992.000 (12,04%). Veamos la otra cara de la tortilla. En 2009 la región sumaba 1.422.000 (17,45%) menores de 16 años, que serán 1.503.000 (17,63%) en 2020, 1.310.000 (14,88%) en 2035 y 1.241.000 (15,06%) en 2070.

"Es obvio que habrá un incremento de la situaciones de dependencia (aquellos que no pueden realizar al menos una de las actividades básicas de la vida diaria)", subraya Pozuelo. Andalucía contaba a cierre de 2010 con 85.344 dependientes. En 2040 serán 310.185 y en 2070, 337.886. "Pero el aumento de la esperanza de vida está suponiendo a la vez más tiempo libre de discapacidad. La vejez es cada vez más activa. Un mayor de 65 es también productivo; otra cosa es que la economía sepa medirlo. Esos ciudadanos atienden a menudo a otros mayores, cuidan de los nietos, ayudan financieramente a sus familias, etc".

La sociedad que viene trastocará cuatro pilares esenciales: la sanidad, la educación, el mercado laboral y el consumo. Juan Antonio Fernández Cordón, consejero del Consejo Económico y Social (CES) y uno de los expertos más reputados de Europa, desgrana estos impactos. "Pondré un ejemplo: supongamos que el gasto asociado a las personas mayores sea del 15% del PIB. Si transcurridos los años tenemos el doble de personas mayores, lo fácil es deducir que ese gasto se doblará también, pero ésa es una verdad relativa. Los gastos sanitarios no dependen tanto de la edad como de lo que queda por vivir. Si alguien muere a los 85, lo normal es que el gran gasto se produzca un año antes".

Respecto al consumo, "habrá cambios sociales importantes, pero no es inevitable que sean para vivir peor". "Será negocio hacer gafas, o variar determinados patrones de la moda, o repensar las ofertas del turismo. Habrá muchas oportunidades de negocio. No es verdad que lo único que funciona sea la juventud". Las cifras corroboran esta teoría. El grupo de máximo consumo abarca una horquilla que va de los 30 a los 60 años. De aquí a 2035, el peso en ese club de los andaluces comprendidos entre 50 y 59 años pasará del 26% al 40%. Una hueste dentro de la hueste.

A nivel educativo, los "nuevos mayores" serán muy distintos a los de hace una o dos décadas, a los del "mus y el dominó", porque "habrán tenido títulos universitarios y serán gente bien formada en general", apunta Fernández Cordón. Pozuelo Meño expone aquí otro factor de interés: "Caerá la demanda de escolarización entre los menores de seis años; y en otros diez decrecerá asimismo la de 6 a 16 y la enseñanza universitaria. Habrá menor presión demográfica en la educación pero no menor gasto".

El envejecimiento como norma implicará un recorte más o menos pronunciado de la población activa (de 16 a 65 años) cuyo corolario podría ser el deterioro del PIB. "En realidad, ese efecto se puede contrarrestar con un aumento de la productividad y con nuevas llegadas de inmigrantes. La productividad dependerá de nuestra capacidad de abrazar como cultura la inversión en I+D. En cuanto a la absorción de nuevos contingentes de extranjeros, estará condicionada a que el mercado de bienes y servicios demande a esa gente", razona el miembro del CES, que ofrece otra pista: "Si el PIB aumenta en torno al 2% de promedio y la producción responde, las ratios personas dependientes/personas ocupadas, que son la verdadera clave, no serán superiores a las de ahora. Mientras la economía cree puestos de trabajo, nos podríamos seguir jubilando a los 65".

La batalla de la productividad es vieja y polémica. Según la OCDE, un español echa más horas que un alemán en la oficina. El caso es cómo las aproveche. La crisis y el miedo al paro han mejorado el rendimiento de los trabajadores, pero lograr el extra que piden los expertos para que el gasto público en pensiones, dependencia y salud no se resienta es una tarea cuando menos titánica.

La inmigración, ya se ha dicho, es un potro salvaje (o impredecible). Andalucía fue tierra históricamente receptora. Dos ejemplos lo acreditan, la Reconquista y la revolución industrial española, que no sólo arrancó en Barcelona sino también en Sevilla, Málaga y Cádiz. Con el franquismo, las tornas cambiaron. Entre 1950 y 1978, la comunidad perdió por la emigración un millón y medio de habitantes. Sólo a finales de los noventa recuperaría su rol clásico de acogida. El pronóstico es que entre 2009 y 2020, la región reciba una media de 18.000 inmigrantes anuales. El saldo será también positivo con el resto de España. Hasta 2035, vendrán al sur 2.270 personas más de las que se marchan cada año a otras zonas del país.

Y el territorio, ¿cómo quedará configurado? Las nueve grandes áreas metropolitanas andaluzas se agrandarán, al igual que el litoral. Se mantendrá el peso de las ciudades medias del interior (Antequera, Lucena, Écija, Linares) y el entorno rural -sobre todo el de montaña- iniciará un lento declive. Todas las provincias a excepción de Jaén incrementarán sus efectivos. Lo harán más rápidamente Almería, Huelva y Málaga, que recortará la distancia con Sevilla a menos de 200.000 habitantes en torno a 2035. Ambas rondarán entonces los dos millones. Jaén pasará de 652.707 personas en 2015 a 641.744 veinte años después. Las más jóvenes (mayor porcentaje de menores de 16 años) serán Almería y Sevilla. Las más veteranas (65 o más), Jaén y Córdoba.

Los poderes públicos afrontan este fenómeno con resignación y recetas conservadoras. La medida estrella de Zapatero en la última reforma de las pensiones fue retrasar la edad de jubilación de 65 a 67 años y ampliar la base de cálculo de las prestaciones. Son acciones que trasladan al espectador el mensaje de que la Seguridad Social naufragará si no median sacrificios. El Fondo Monetario Internacional (FMI) fue aún más explícito al advertir la semana pasada que el aumento de la esperanza de vida es un problema económico de primera magnitud. Vivir más, vino a decir Christine Lagarde, no le sale rentable al capitalismo.

"Es obligatorio poner ya sobre la mesa este debate. Estamos dominados por el pensamiento único y sólo se nos ocurre pensar en cosas pobres y falsas. Pero el futuro encierra oportunidades y la crisis es un buen ejemplo. Los jóvenes de hoy son los grandes damnificados, así que quienes realmente tienen dinero para gastar, quienes prestan a sus familiares, quienes cuidan de los niños son los mayores", opina Fernández Cordón. "Éste será un cambio generalizado en el mundo y no tiene vuelta atrás, pero casi nadie ve los efectos positivos", concluye. Pónganse en lo mejor: 65 años (ó 67), jubilación recién estrenada y otras dos décadas de existencia por delante sin el cansancio de las cadenas laborales ni la dictadura del despertador. Mañanas de deporte, tardes interminables de lectura o cine, tal vez un paseo ajetreado con los nietos o el perro como contrapunto a tanto esparcimiento. El 99% de los encuestados comprarían sin pestañear.
4 comentarios
  • 4 ANDEVALO 22.04.2012, 20:56

    MALAS NOTICIA PARA EL ¿CATOLICO? PARTIDO POPULAR. VAMOS A DURAR DEMASIADO.

  • 3 Cucalis 22.04.2012, 18:21

    Una buena sanidad tiene como resultado final mayor longevidad. Que haya más gente mayor no es un problema sino la constatación de lo bien que se han hecho las cosas en sanidad. El único problema está en los beneficios de los grandes, los poderosos. El planteamiento que hacen los expertos nos traslada inquietud a nosotros, y tranquiliza a los poderosos, que aunque llegan a viejos, siguen siendo pocos.

  • 2 Eso sería antes. . . 22.04.2012, 12:55

    Creo que no: si las pensiones se ven mermadas por el gasto en sanidad (ahora han sido los medicamentos, pero pronto desaparecerá la dependencia), la subida del IVA (para antes de septiembre), la subida de luz, agua, etc. ¿qué ca. ra. jo de bienestar tendrá la gente para llegar a octogenarios? GERONTOCRACIA NO, GERONTOCIDIO

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