Una pedanía sin voto cautivo pero presa de los baches que la aíslan

  • Los 1.200 habitantes de Ventorros, en Loja, están hastiados del desinterés de los políticos cuando no hay urnas a la vista

ANDALUCÍA, por su enorme tamaño y por la ocupación del territorio para actividades agrícolas, ganaderas o costeras, tiene multitud de pedanías, asentamientos con rango inferior al de municipio aunque algunos superen en población a pueblos que sí tienen ayuntamiento. Ventorros de San José es una de las pedanías de Loja (Granada) y acoge a 1.200 habitantes. Buen ejemplo de la lucha por la supervivencia bajo los embates de la crisis, y del estado de opinión electoral en el mundo rural.

El primer mazazo lo sufrieron cuando fueron cerrando empresas del sector textil, desbordadas por la competencia de los talleres chinos. Pero peor sentó en Ventorros que otros empresarios de la pedanía cerraran igualmente sus instalaciones de textil, dejaran en la estacada a sus vecinos (muchas familias hacían labores de corte y confección) para montar esa actividad en Marruecos. Algunos siguen residiendo en Ventorros, y cruzándose por la calle con quienes dejaron sin ese trabajo. Después llegó el hundimiento del sector de la construcción, para el que trabajaban empresas de excavaciones y movimiento de tierra donde encontraron empleo muchos jóvenes.

La esperanza se abrió paso con la cooperativa de espárragos verdes Los Gallumberos, dirigida por Pedro Sillero. La calidad de la materia prima les ha abierto las puertas de la exportación internacional. En campaña, genera más de 400 puestos de trabajo directos. En los meses más flojos, tiene 25 empleados. Pero ese triunfo colectivo se topa con un problema grave: el mal estado de la carretera comarcal A-4154. Catorce kilómetros entre Loja y Ventorros que, sobre todo cerca de la pedanía, tiene firme en mal estado y curvas complicadas para camiones de gran tamaño, ya sean los que intervienen en la comercialización de la aceituna o del espárrago. Las empresas de transporte se han negado a realizar ese recorrido, y el vecindario de Ventorros exige en la Junta de Andalucía que se cumpla la promesa de arreglar la carretera, de la que en enero de 2011 adjudicó la redacción del proyecto. Ahora es más crucial que nunca, porque de eso depende que la pedanía siga viva o se hunda y haya una masiva emigración.

Ese tema centra sus pensamientos en las vísperas electorales. José Antonio Arco, de 26 años, es el alcalde pedáneo, independiente. Trabaja en una empresa de limpieza y ha escrito dos libros de poesía. Nos dice que el 60% de Ventorros está en desempleo. "Pero la carretera no se arregla. En 30 años no le han quitado ni una curva. Y los baches son otro gran problema. Tanto se mueve la carga de espárragos que grandes clientes de la distribución comercial los han rechazado por llegar desbaratados. Estamos hartos de que sólo se acuerden de nosotros para pedirnos el voto".

Carlos Moreno, de 35 años, es técnico de emergencias sanitarias y presidió una asociación de vecinos: "Muchas familias cobran el subsidio durante seis meses. Con 500 euros, tienen la mitad de ingresos que el promedio de sueldo en España, que es de mil euros. Su obsesión diaria es ahorrar para llegar a final de mes. Ahorran en comida gracias a lo que cultivan en sus huertos y a la matanza. Mientras esa es la vida de cada día, los políticos de Loja, de la Diputación o de la Junta, cuando se acercan las elecciones, a lo mejor te arreglan una calle o te inauguran algo, para que les veas. Y durante cuatro años, sólo vienen para hacerse la foto en alguna feria, y para prometer que se reanudarán las obras de tal o cual infraestructura con la que juegan políticamente durante dos o tres legislaturas. Lo que vemos en la política es que hay corruptos tanto en el PSOE como en el PP. Hasta hace bien poco, la gente mayor, por miedo a que le quitaran la jubilación, votaba siempre al partido en el poder. Ya se han dado cuenta de que ningún partido les quita eso, y empiezan a votar de manera libre".

El empresario José Rubio cree que "van a subir más los partidos pequeños como UPyD, IU, PA, porque los grandes ya han demostrado en España que no sirven". Toribia Pérez, de 53 años, prejubilada: "A quienes dicen que en el campo se vive muy bien con lo que nos dan, les animo a que se vengan a vivir con nosotros, y que circulen a las siete de la mañana por esos catorce kilómetros de carretera pésima cuando llegan las heladas. Los políticos se comportan como niños en la escuela, se dedican a repetirse y echarse en cara lo que se dicen un día y otro". María Isabel Rubio, de 45 años, ha dejado las faenas del campo y está dedicada a cuidar de su padre: "La realidad es que pronto los jóvenes comenzarán a irse de aquí cuando se casen". Angustias Rubio, de 24 años, se dedica a limpiar y a ser monitora, a la vez que estudia Administración y Finanzas: "No sé a quién votar. La gestión del dinero público ha sido mala por todas partes. Queremos hechos, no palabras". Y José Alberto Lavado, joven enfermero, le pone voz a la desilusión colectiva: "Estoy harto de que me engañen los políticos. He perdido la confianza en ellos. No invierten en lo que puede abrirnos camino a los jóvenes".

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