¿A quién le importa el 25-M?

  • El electorado padece fatiga, desencanto político y malestar por la crisis, pero la posibilidad de alternancia, la oposición de modelos y el 'empate' que auguran los sondeos pueden animar la participación

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¿Está motivado el electorado andaluz para acudir a las urnas el próximo 25 de marzo? La pregunta no es baladí: de la participación dependerá el resultado, certidumbre que se consolida a tenor del estrecho margen que, según las encuestas, separa no ya la victoria, sino la posibilidad de formar gobierno. Según los expertos consultados, dos frentes en colisión vuelven impredecible el nivel de participación de los andaluces el 25-M. Uno está formado claramente por la desafección política y el cansancio de acudir por tercera vez a las urnas en menos de diez meses, calificado como efecto fatiga. Por otro, la posibilidad de cambio por primera vez en 30 años, el enfrentamiento de dos modelos bien definidos y la foto finish que predicen los estudios demoscópicos entre PSOE-IU y PP. Y por encima de todo, la crisis (conjugado en paro), de la que es difícil aventurar a quién favorece esta vez en términos electorales.

En la primera de las corrientes también se ubica que estas elecciones son separadas de las generales por primera vez desde 1990 (en 1994 fueron conjuntas con las europeas), y fue entonces cuando se registró el menor porcentaje de participación en unas autonómicas (55,34%). Sólo esta decisión ya baja el tirón en unos diez puntos.

Carmen Ortega, directora del Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía (Cadpea) de la Universidad de Granada, maneja otros factores y hace un pronóstico para esta ocasión: entre un 60% y un 65% de participación; un 66% ya sería un éxito. Ortega sitúa la batalla en las ciudades medias. Según han analizado en el centro, si en las últimas generales del 20-N los habitantes de los pueblos de menos de 10.000 habitantes no se hubieran lanzado en masa a votar al PSOE, el descalabro hubiera sido de época. Teniendo en cuenta que el PP se ha apoderado del voto de las grandes ciudades, el tercio restante de población andaluza se sitúa en las llamadas agrociudades, de menos de 50.000 habitantes, donde se situaría esa cábala del centro político.

Ortega apunta a la crisis (el paro) como el principal factor que pueda orientar la participación y el voto, por encima de otras circunstancias coyunturales que aparecen en las quinielas como la corrupción o el hartazgo de 30 años. El impacto de la economía castiga al partido en el poder. Sin embargo, una de las incógnitas de estas elecciones es si el PSOE va a ser capaz de sacar renta del impacto de la reforma laboral, convocatoria de huelga general mediante. El 20-N el castigo de la crisis tenía un rostro nítido; ahora está más difuso. Fue tal la incidencia de la crisis en las elecciones anteriores que se enterró uno de los axiomas acuñados por los expertos de la cosa andaluza, en este caso del profesor Antonio María Claret, que aventuraba que en Andalucía no podía haber un cambio de gobierno hasta que no desapareciera la "generación de la memoria histórica". Sin embargo, aporta Ortega, el 20-N las abuelas pensaron en el paro de sus hijos y sus nietos y el PP aventajó en voto al PSOE en todos los sectores de población.

El electorado andaluz se manifiesta en las encuestas de centro izquierda, ésas mismas en las que desde hace dos años el PP tiene a tiro la mayoría absoluta. Para el investigador Manuel Pérez Yruela, director de proyectos en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) y ex portavoz del Gobierno andaluz, estos sondeos marcan tendencia: dan pistas sobre el caballo ganador a los indecisos; son neutrales, pero no asépticas. Yruela cree que los resultados del 25-M reflejarán lo que dicen las encuestas: hay un empate técnico entre PP y PSOE-IU que resolverá los elementos de "tensión" que hay sobre la mesa.

El sociólogo afirma que se enfrenta a un reto desconocido, sobre el que no hay modelo de referencia y de ahí su imprevisibilidad. Sí hace Yruela un pronóstico sobre cuál será el tema eje de la campaña: el debate entre dos modelos y el mantenimiento del Estado de Bienestar. Para remontar, el investigador del CSIC piensa que al PSOE le hace falta que la campaña se caliente, haya "efervescencia" y aumente la participación. Todos los consultados concluyen que una mayor participación favorece al PSOE, recuperando una teoría que el PP dio por caduca tras las municipales y generales.

A esa movilización contribuye que el resultado sea incierto, como el que dio el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el jueves, con una mayoría absoluta del PP en el alambre. Ángel Valencia Saiz, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Málaga e investigador principal del Centro de Estudios Andaluces, anota que esa encuesta confirma que se ha abierto el escenario debido a las medidas económicas del Gobierno. "En un escenario de malestar y cierta conflictividad, quizá se aumente la participación, y eso beneficia a la izquierda", apunta.

Parece que estas elecciones, que se presentan como inciertas, no dejan claro ni para los expertos si verdaderamente interesan a buena parte de los andaluces, lo que se traducirá el 25-M cuando se conozca el porcentaje de participación.

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