La Pepa, Pepe y el cambio

  • Rajoy invoca la Constitución de 1812 para respaldar sus reformas económicas y el cambio. Griñán, en la mesa presidencial del Oratorio, se queda sin hablar, y a punto estuvo de quedarse abajo. Cádiz, capital otra vez del país, reúne a todos los protagonistas de los comicios autonómicos

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CUANDO Juan Carlos I asumió la Corona del país el 22 de noviembre de 1975 concentraba en su persona casi todos los poderes que un antepasado suyo, Fernando VII, se negó a ceder según lo previsto en la Constitución de 1812. Podía nombrar el jefe de Gobierno, asumir la propia jefatura, designar ministros y encargar las leyes a unas Cortes dóciles. Pero a diferencia de aquél, diluyó en pocos meses su poder absoluto entre unos partidos políticos reconocidos que alumbraron otra Constitución, la de 1978, que devolvió la soberanía de la nación al pueblo. Quizás, por ello, por la contribución del Rey para acabar con la larga excepción española que se prolongó desde 1812 hasta 1975 con un rosario de guerras, reyes y reinas exiliadas, dictadores blandos y duros y experiencias democráticas abortadas, quizás por ello, por todo esto, el aplauso que don Juan Carlos recibió ayer en el Oratorio de San Felipe de Cádiz duró más de lo habitual. Una ovación que finalizó cuando el Rey se levantó, en señal de agradecimiento, en ese templo elíptico donde hace dos siglos se aprobase aquella malograda Constitución, conocida popularmente como La Pepa.

Cádiz se convirtió en capital del país, y todos los protagonistas de esta campaña electoral -casi todos- asistieron a esta conmemoración, en la que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quiso establecer un paralelismo entre las reformas de los doceañistas, que acabaron ni más ni menos que con el Antiguo Régimen, con las que él viene tomando desde que accedió a la Moncloa. "Los constitucionalistas gaditanos nos enseñaron que en tiempos de crisis no hay que tener miedo a las reformas", aseguró Rajoy ante los Reyes. Y subrayó: "La reforma trajo el cambio y hoy el cambio es la reforma". El cambio también es el lema de su partido en Andalucía, y en el auditorio se encontraba su aspirante, Javier Arenas, el líder del PP.

El resumen de este encuentro electoral es ése: si las reformas que ha adoptado Rajoy, básicamente de índole económica, y muy contestadas por el electorado progresista, sobre todo la laboral, frenarán la pulsión de cambio que había en Andalucía antes del 20 de noviembre. Por eso, los socialistas llevan la palabra seguridad en su eslogan de campaña, y Arenas, la del cambio con apellidos: el cambio andaluz.

19 de marzo, día del Bicentenario de las Cortes. El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, contaba con dos fechas para celebrar estas elecciones: la del 18 de marzo o la del 25, pero la primera se retiró por su cercanía con el acto que iban a protagonizar los Reyes en Cádiz. ¿Se imaginan que las elecciones andaluzas hubieran sido ayer y que ahora ya supiéramos quién presidirá la Junta durante los próximos cuatro años? Uno de los dos, o Griñán o Arenas, tendrían una cara trastocada.

José Antonio Griñán, al que le gusta que le llamen Pepe y con tal nombre aparece en los carteles electorales, asistió desde la mesa presidencial del Oratorio de San Felipe a los discursos de los jefes del legislativo -los presidentes del Senado y del Congreso- y del Ejecutivo -Mariano Rajoy-. También habló el Rey, y no la Reina. Ni Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno y sentada en la mesa por su condición de responsable política del Consorcio del Bicentenario. Pero Griñán no habló, lo que provocó el malestar en el PSOE y en el Gobierno andaluz.

La Vicepresidencia del Gobierno, como responsable del Consorcio del Bicentenario, fue la organizadora del acto y desde donde se enviaron las invitaciones. No estaba previsto que hablase Griñán; es más, en las primeras reuniones que las administraciones tuvieron para preparar el acto el presidente de la Junta no estaba ni siquiera en la mesa. Razones hay para lo uno y lo otro. Por ejemplo: en la Constitución del Doce no había, ni por asomo, comunidades autónomas, pero, como ayer se explicó desde fuentes cercanas a la Presidencia de la Junta, "¿alguien se imagina que si la Constitución de Cádiz hubiera sido la de Valladolid o la de Barcelona no habrían hablado De Cospedal o Artur Mas?". Peliagudo: con unas elecciones a menos de una semana, hasta el aleteo de una mariposa se puede interpretar como un intento de volcar el sentido de las urnas.

Pepe (Griñán) se marchó por la tarde a Olvera, el pueblo de Javier Arenas, donde gobierna IU en minoría porque fue imposible el pacto con los socialistas. En muchos pueblos de la Sierra de Cádiz ha pasado eso, la imposibilidad del pacto entre IU y PSOE, que, por otra parte, es al día de hoy la única fórmula que Griñán podría utilizar para seguir gobernando en Andalucía. En una entrevista en Onda Cero, Griñán se refirió ayer a ello, y dijo que tal pacto "no es ni la mejor ni la peor solución, sino una de las soluciones", a lo que el candidato de IU, Diego Valderas, contestó que "la aritmética parlamentaria hace milagros". En un encuentro en Sevilla con una organización de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales aseguró que él no quiere ejercer "el papel de Rappel", aunque intuye cómo Griñán se acercará a IU con un espíritu de negociación si se da eso: una aritmética que permita gobernar a ambos. Griñán, de hecho, no lo negó, pero sí afirmó que iría con "un programa claro". Pero, para eso, es necesario que el PP pierda la mayoría absoluta que le otorgan todas las encuestas y que a Valderas, además, le dejen pactar los suyos. Y si gobierna Arenas, Griñán -lo dijo- no se irá de la política.

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