El PP vence en Granada pero no se distancia de su adversario

  • Populares y socialistas empatan a seis e IU mantiene su diputado · La coalición de izquierdas aprovecha el desgaste del PSOE y es la única que gana votos

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El vuelco que se preveía no llegó a producirse. El PP fue el partido más votado en la provincia pero pese a eso no consiguió más diputados que su principal adversario. Populares y socialistas empataron a seis escaños y el restante se lo llevó Izquierda Unida, formación que sale indudablemente reforzada tras estos comicios.

Había no sólo indicios y sondeos, sino datos concretos para presagiar que el PP alcanzaría el séptimo diputado en la circunscripción granadina. En las autonómicas de 2008, los socialistas les aventajaron en 22.000 votos, pero en las municipales de 2011 se convirtieron ya en la fuerza más apoyada, con una diferencia de 25.000 sufragios. El 20 de noviembre, fecha de las últimas elecciones generales, esa brecha se abrió hasta los 52.000 votos. Si continuaba esa tendencia, el baño estaba asegurado.

Pero no fue así. Por un lado, la marea azul no ha seguido avanzando, no aumenta sustancialmente su respaldo. De hecho, pierde votos respecto a las autonómicas de 2008, pero eso se deriva, fundamentalmente, de que en esta ocasión el número de votantes decreció en un 9% respecto a aquella cita.

Por otro, el PSOE, que también bajó en votos, ha sufrido un cierto castigo, pero no ha habido un trasvase de sufragios hacia la derecha (algo que sí se produjo en las elecciones al Congreso de Diputados) y el partido que se aprovecha claramente de ese desgaste es Izquierda Unida.

Durante todo el escrutinio, IU se movió en un porcentaje de votos bastante cercano al 10%, lo que le garantizaba, por supuesto, mantener a su representante granadino en Sevilla.  Pese a que la afluencia a las urnas fue menor, consiguió 5.000 votos más que en 2008. Eso es crecer.

Pero lo suyo tuvo mucho más mérito que eso. IU tiene sobrados motivos para sentirse el vencedor moral de estas elecciones. El PSOE estará muy contento porque es muy probable que continúe gobernando, pero quien realmente ha impedido la mayoría absoluta es la coalición de izquierdas.

Ahora casi todos dan por hecho que IU pactará, pero no es lo mismo hacerlo con un número exiguo de diputados que aportando doce, lo cual se asemeja bastante a tener la sartén por el mango. Y a nadie se le escapa lo que pasó en Extremadura.

El recuento, mucho más ágil y rápido que en anteriores ocasiones, servía para constatar, minuto a minuto, que el PP no se destacaba. Que no demarraba del pelotón, por utilizar un término ciclístico. Conforme pasaba el tiempo iba subiendo ligeramente en votos, sacándole a su rival una ventaja de 3.000, luego de 5.000 y más tarde de 10.000, pero no pasó mucho de ahí y, lo que es más determinante, no subía en ningún momento de los seis diputados.  Como mal menor, su cabeza de lista, Carlos Rojas, se imponía con claridad en Motril, su feudo.

Un consuelo insuficiente, como que los populares prácticamente doblaran en porcentaje de votos a su oponente en la capital o que se impusieran en Armilla, bastión tradicional del socialismo.  Lograron mantener a duras penas la plaza de Guadix y perdieron Baza, Alfacar o Loja, tres de sus principales conquistas en las consultas más recientes. Y quedaron bastante lejos en Maracena, Salobreña y un buen número de pueblos de las comarcas de Baza y la Alpujarra, fieles a las siglas del PSOE.

También desde el principio, el escrutinio le otorgó seis diputados al partido de Teresa Jiménez. Se desinfló algo, pero ni mucho menos lo que presagiaban las encuestas. Perdió votos por la izquierda, pero mantuvo una base firme. Ni una lista con poco espacio para la renovación y sí mucho para la continuidad, ni el escándalo de los ERE,  ni el creciente desempleo. Nada de eso ha jugado en su contra tanto como se había augurado.

Habrá que analizar, en cambio, si al PP le ha pasado factura la reforma laboral o la convocatoria de una huelga general, pero si hay que dar un veredicto rápido, parece que así ha sido.

En cuanto al resto del pelotón, lo de UPyD no se puede calificar de pinchazo, pero tampoco deben sentirse demasiado satisfechos porque aspiraban a seguir creciendo y no lo han logrado. En las municipales obtuvieron en la provincia un porcentaje del 2,13%, en las generales situaron su techo en el 5,16% y ahora deben contentarse con menos del 4% de los votos, lo que les deja muy lejos del diputado que anhelaban.  En la capital, eso sí, tienen un electorado fiel.

Al Partido Andalucista le fueron las cosas aún peor que hace cuatro años, cuando se presentó en coalición con el PSA. Apenas sobrepasa el 1% de los sufragios, continúa siendo una fuerza extraparlamentaria y, en consecuencia, su travesía del desierto continúa. Por tiempo indefinido, por lo que parece.

Equo obtuvo un resultado relativamente digno en Granada capital, donde superó al PA, y en feudos donde el ecologismo está más arraigado, como Órgiva, pero en el conjunto de la provincia no llega a los 3.000 votos, un resultado bastante pobre.

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