Fernando Alonso, los bares y la hora

  • El cambio horario provoca una bajísima participación a primera hora, rota al mediodía, tras la retransmisión de la carrera de Fórmula 1. El buen tiempo llevó a cientos de onubenses a la calle, a llenar los veladores.

Una casualidad fortuita llevó a las elecciones andaluzas a coincidir con el cambio horario primaveral. El peor para este caso. Para la participación y para la constitución de las mesas. Porque más de un responsable gubernativo temía que algún presidente y vocal se despistase con la hora, en un adelanto mortal para el sueño y la puntualidad. Pero no fue así. No hubo ningún incidente en ese sentido. 

Donde sí afectó el reajuste horario fue en la participación. La apertura de los colegios fue seguida, en la mayoría de los casos, de tres horas de soledad. Votantes, pero a cuentagotas. Se ve que más fueron los que prefirieron recuperar la hora perdida en cama y salir de casa no antes de las 12:00 e incluso de las 13:00.

Para algunos, los más veteranos, la afluencia creció alrededor de la misa de mediodía. Bien antes, o bien después, más relajados, antes del paseo dominical. Se pudo ver, sobre todo, en el centro de la capital, en los colegios de La Merced, junto a la Catedral, y de Mora Claros, cercano a la Iglesia de la Concepción. También allí se notó el fin del pregón de Semana Santa que plagó de trajes los alrededores del Colegio de Aparejadores.

En otras mesas, la llegada de votantes la marcó algo más terrenal: Fernando Alonso y su victoria en el Gran Premio de Malasia de Fórmula 1. Entre interventores y apoderados, más de un aficionado al automovilismo sufrió por no poder estar frente a un televisor. Los smartphones suplieron esa ausencia, y los progresos del piloto asturiano a lo largo de la carrera corrieron entre las mesas en todo momento.

Fue uno de los comentarios del día en los colegios. Sobre todo antes del almuerzo, cuando llegaban votantes que informaban con más detalle del "carrerón de Alonso".

También estuvo en boca de muchos Onofre López, cuya muerte sorprendió a más de un conocido suyo en los colegios electorales, por donde se extendió la noticia de su fallecimiento rápidamente.

Distinto fue el caso de un joven lepero, que al tratar de votar en su colegio de La Antilla comprobó que no aparecía en las listas porque se le daba por muerto. Deshecho el entuerto a lo largo del día, a las seis de la tarde, resucitado, pudo por fin ejercer su derecho.

En los colegios se produjeron anécdotas ya clásicas en cada cita electoral. Una señora mayor trataba, sin éxito, de votar en una mesa identificándose con una tarjeta de crédito, extrañada, además, por el impedimento de la presidenta. El DNI la sacó del aprieto.

También un conocido político onubense del Partido Popular tuvo un despiste mayúsculo al acudir a votar a un colegio que no le correspondía. Eso sí, la confusión fue de apenas cien metros.

En otro barrio de la capital, una madre salía del colegio con sus dos hijos y el más pequeño le preguntaba: "¿A quién has votado? ¿A Zapatero?". Parece que no fue así.

Con un nuevo descenso de la participación tras la hora del almuerzo, y una tarde también muy floja en la capital, los claros vencedores de la jornada parece que fueron los bares, restaurantes y cafeterías de la ciudad. El buen tiempo acompañó, después de un sábado lluvioso, y la gente se echó a la calle a consumir. Fue su manera de votar contra la crisis. Y en la hostelería, claro, encantados.

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