Diluvio universalCreerse lo justito

NI equivocados, ni engañados. Los andaluces han votado en todas las elecciones pasadas lo que han querido, decía ayer mi compañero de columna Juan Ojeda, un hombre noble, donde los haya. De acuerdo totalmente con él. Pero es que la derecha andaluza -y más aún la española- han venido negando esa obviedad desde siempre, hablando en cada convocatoria del voto cautivo andaluz y denigrando a los andaluces por votar socialista hasta hace nada. Parece que en esta campaña las instrucciones para que ni enseñen ni metan la pata han tenido efecto y ya ni denigrarán ni venderán estereotipos desfasados de una Andalucía que no existe, salvo en la copla. Tampoco existió en el acto de La Pepa. Ni por el forro. Ni la bandera andaluza. Y su presidente obligado a ser mudo. Arenas dijo preferir TVE a RTVA para el debate electoral. Está disculpado porque la cosa tenía truco: no era para hacerlo, era para no hacerlo. Se cree ganador y no quiere arriesgar un triunfo que cree ya seguro, como verbalizó Rajoy. ¡Albricias! La derecha española nos perdona, pero con la condición de ganar. Y la que nos puede caer si vuelven a perder será de las lluvias que hacen época. El diluvio universal.

EN este fin de semana, último en que se podían publicar encuestas, y parece que precisamente por culpa de eso, se ha notado una cierta sensación de desánimo entre las filas socialistas. En los tres sondeos conocidos entre sábado y domingo, dos de ellos le daban una holgada mayoría absoluta al PP, mientras que otro lo situaba en esa franja diabólica de entre 54 y 56 escaños. Así que el desánimo debe de venir porque no parecen capaces de encontrar argumentos sólidos que, traducidos en mensajes electorales, sirvan para acortar distancias con lo populares. La reforma laboral ha tenido el efecto que ha tenido, a la espera de la huelga general, pero eso parece que poco o nada tiene que ver con los resultados de las autonómicas. Mientras que el copago sanitario y el anuncio de posibles rebajas en el antiguo PER, que ahora se llama Profea, han sido rechazados con rotundidad, en el primer caso, por Arenas y el mismo Rajoy y, en el segundo, por la ministra de Trabajo, Fátima Báñez. Total, que como decía un candidato del PSOE "to pa ná". Y es que el personal, harto ya de malas noticias y peores augurios, sólo está dispuesto a creerse lo justito.

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