Crisis latente, política ausente

  • La gente está preocupada por el bolsillo, por el fin de mes, más que por los mítines, "descafeinados" desde que el mundo es global y no se fragua en la plaza del barrio

Uno de tomates, dos de manzanas, unas fresas, que ya empiezan a tener gusto. La primavera electoral tiene muchos matices y donde no han llegado los grandes líderes sigue pesando el día a día y los cinco euros que Margarita Ruiz se ha gastado en la frutería de confianza de la calle Infanta Doña María, frente al Mercadona. "Soy socialista de toda la vida pero hemos perdido la ilusión por las votaciones", afirma esta señora de 72 años, que habita en Ciudad Jardín desde que llegó a Córdoba hace 50 años procedente de Baños de la Encina (Jaén) "huyendo de la miseria y del hambre". Para ella los políticos se han convertido en entonaciones que le martillean la cabeza en las distintas ediciones del telediario y quizá por la monotonía del soniquete considera que "son todos iguales". Ésta última es la frase del barrio: "Son todos iguales, pero seguramente volveré a votar al PSOE". El mundo se ha globalizado y frente a los tiempos de Margarita, que confiesa que acudió a ver a Felipe González a un mitin a Andújar allá por los primeros 80, se encuentran los de Esteban Sanz, quien no había nacido cuando el líder socialista aparecía sonriente pidiendo el cambio -igual que ahora Arenas- en los carteles aquellos que ilustraba José Ramón Sánchez después de la transición. "A mi la política me interesa, y confieso que leo artículos a través de las redes sociales, pero no me gusta el radicalismo", explica Esteban, quien matiza además que "cuiando hablo de radicalismo, hablo de ideas fijas, de esa gente que vota siempre lo mismo. A sus 25 años, confiesa que en las generales votó a UpyD y en las municipales al PP, aunque "eso no quiere decir que vaya a repetir porque me ha decepcionado un poco siendo tan sumiso a Europa". No obstante, también asegura que no votará al PSOE.

Frente a este perfil de votante, que vive la política a través del caudal de información que recibe por la red, existe el fijo, el de toda la vida. El que pese a todo no se ha desencantado. Es lo que le ocurre a Claudia Ortega, vecina de Fleming. Acaba de tomar café en la cafetería Turín y tiene claro su voto a lo populares. De hecho ni se ha planteado otra opción. No por nada, se presenta como fiel a sus principios y además "ahora mismo no le pongo cara a Griñán, se lo aseguro". Sabe que ya no está Chaves, pero hay que avanzarle el nombre del candidato socialista porque aunque le suena no lo dice a la primera. Cosas de la globalización. mientras millones de personas reciben mensajes de todo tipo de forma constante, la brecha digital ha dejado casi aisladas a personas como Claudia, que a sus muy bien llevados 75 años apenas sabe algo del candidato socialista. Es evidente que no le interesa.

En general, en la calle, no se habla de política. Quizá motivado por 40 años de dictadura, la gente de más de 35 años sigue teniendo cierto reparo a hablar de la cosa pública y salvo los muy convencidos son pocos los que te dicen "yo, PSOE" o "yo, IU". A Magdalena Martín le saben a poco programas como 59 segundos. "Veo todo lo que puedo cuando se trata de debates, aunque me aburre un poco el monotema de la crisis, creo que genera ansiedad y la falta de optimismo hace que personas como yo retraigamos el bolsillo", explica. Y es que Martín es empresaria de hostelería y afirma que las cosas le van "moderadamente bien", pero a la vez expresa que conoce a gente que "mantiene el sueldo y ha recortado su nivel de vida cuando ahora todo es más barato, por qué", se pregunta junto a una terraza del Paseo de la Victoria.

Las ideas políticas, el perfil de cada persona puede ser de catálogo desde el punto de vista sociológico y los partidos los saben, saben que necesitan el cara a cara con la gente. Necesitan palpar al elector. Es como un termómetro de cómo van a ir las cosas, aunque los políticos suelen verse bien en todas las campañas. No falla. Hasta que no pasa el día señalado, todo suele ser de color de rosa en cuanto al contacto con el personal.

Y he aquí la necesidad del mitin. Plácido Antúnez sostiene que lleva sin pisar un mitin "más de 30 años". Tiene 60, no dice a quien votará y asegura que "ahora sólo me preocupan mis nietos". "La crisis es de lo que se habla, pero la política siempre está ahí, que si es culpa de uno, que si es culpa del otro... nada, no tiene arreglo. La situación económica se ha convertido en una cosa ya latente, mientras que la política es una cosa ausente", explica meditando mucho cada oración. Ha hecho bien. Nos da el titular.

Antúnez trabajó durante años como empleado de banca hasta que montó su propia asesoría que ahora lleva un sobrino suyo. "Sigo ayudándole, pero me pego mis escapadas", señala este hombre de entradas pronunciadas y reservado para las ideas. Es curioso cómo en la calle, en las distancias cortas y ante un periodista desconocido, la mayoría de la gente, que suele ser reservada, tiene claro que la política no es lo que era y que las redes sociales son tan grandes que las cosas ya no se cocinan, como antes, en el mitin al que todo el mundo acudía en la plaza del barrio. Es la política ausente mientras la crisis se hace permanente.

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