Un homenaje a la Constitución, a la Nación y al Rey

  • La apertura oficial del Bicentenario se transforma en un acto de reconocimiento a la labor de don Juan Carlos · Las más altas instituciones del Estado, presentes en el Oratorio de San Felipe.

El acto celebrado ayer en el Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz iba a ser un homenaje a la Constitución de 1812. Lo fue, pero también se convirtió en un homenaje a España como Nación y, sobre todo, a la figura del rey Juan Carlos que ayer, tras terminar sus palabras en el templo donde se aprobó hace 200 años la primera Constitución liberal española, recibió no un aplauso sino una ovación por parte de todos los que estaban presentes en el templo, representantes de todos los estamentos de la sociedad española. Fue una ovación larga, muy larga, que hizo levantar en dos ocasiones a Su Majestad para agradecer las muestras de cariño. Se vio la emoción en su cara. "Muchas gracias", dijo.

Don Juan Carlos y doña Sofía habían llegado a la plaza de San Felipe Neri al filo de las doce y cuarto de la tarde. Los cerca de trescientos invitados al acto ya ocupaban sus sillas en el Oratorio. En el exterior, esperando a los Reyes, se encontraban el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el presidente del Congreso, Jesús Posada; el presidente del Senado, Pío García-Escudero; el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán; el presidente del Tribunal Constitucional, Pascual Sala; el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar; Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno y presidenta de la Comisión Nacional del Bicentenario; y la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, afectuosamente saludada por don Juan Carlos. En la puerta del Oratorio, el Rey fue saludado por el obispo de la Diócesis, Rafael Zornoza, y el vicario general, Guillermo Domínguez.

La estrechez de las calles de Santa Inés y San José y de la propia plaza de San Felipe Neri y las obligadas medidas de seguridad que acompañan siempre a los representantes de la Casa Real impidieron la presencia de ciudadanos en las inmediaciones del Oratorio, lo que restó calidez a la llegada de los monarcas que sólo pudieron saludar a los vecinos que se encontraban asomados a los balcones de las fincas de la zona.

En el interior del templo, la espera se había cubierto con la muestra de la proyección que forma parte del recorrido museístico que se podrá ver cuando abra el Centro de Interpretación instalado en el edificio anexo. Junto a la entrada a esta finca, el Rey descubrió una placa en homenaje a los diputados doceañistas.

En la planta elíptica del Oratorio se encontraban representantes de todos los estamentos de la Nación. Allí estaba buena parte del Gobierno de Rajoy: los titulares de Exteriores, Justicia, Defensa, Hacienda, Interior, Fomento, Educación, Empleo, Industria, Economía y Sanidad; una amplia presencia de diputados y senadores, entre ellos los gaditanos, así como vicepresidentes y secretarios de ambas cámaras, junto a los portavoces de los principales grupos (rechazaron la invitación representantes de los grupos nacionalistas catalanes y vascos, siempre críticos con la celebración del Bicentenario); el gaditano José Pedro Pérez-Llorca, ponente de la Constitución de 1978; consejeros de la Junta; el presidente del PP-Andaluz, Javier Arenas; magistrados del Tribunal Constitucional; los gaditanos Ramón Vargas Machuca y Alberto Ramos, miembros de la Comisión Nacional del Doce, junto al presidente del Consorcio y miembros de las empresas patrocinadoras; el presidente del Tribunal de Cuentas, Fiscal General del Estado, rector de la Universidad de Cádiz, presidente de la Diputación, Delegada del Gobierno en Andalucía, Defensora del Pueblo, concejales del Ayuntamiento de Cádiz. Aceptaron también la invitación al acto los embajadores de Andorra, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Venezuela, Uruguay, Filipinas y Perú, acudiendo con otra representación consular Nicaragua y México. De este estado centroamericano también estuvieron en el Oratorio miembros de su parlamento; presidente de varias comunidades autónomas; el presidente de la FEMP; el presidente de Grupo Joly, José Joly, junto al director general del Grupo, Tomás Valiente, y el director de Diario de Cádiz, Rafael Navas. Igualmente acudieron al Oratorio el jefe del Estado Mayor de la Defensa y los jefes de estado mayor del Ejército de Tierra, la Armada y Aire, entre otros.

En su discurso en el Oratorio de San Felipe Neri, don Juan Carlos recordó que se rendía tributo "a Cádiz y a sus Cortes, eslabón decisivo en el esfuerzo por la liberación de la Patria y símbolo de una empresa colectiva que benefició a España, a Iberoamérica y también al resto de Europa. Es mucho lo que la causa de la libertad debe a un pueblo que decidió ser dueño de su destino y que no se doblegó ante las dificultades. Fueron tiempos de lucha para nuestra Nación, una Nación que estuvo muy por encima de sus máximas autoridades y que destacó por su dignidad, su heroísmo y su generosidad".

El Monarca destacó la fuerza de los ciudadanos y la capacidad de éstos de aportar "lo mejor de sí mismo" para transformar una realidad difícil "en una fecunda tarea cuyas lecciones políticas y sociales llegan hasta nuestros días", afirmando que los diputados de 1812 "se guiaron por el más alto grado de patriotismo y de compromiso cívico. Se afirmó la soberanía en torno a la unidad de la Nación y se reconocieron los derechos y las libertades individuales".

Se refirió también al otro gran protagonista de estos momentos históricos: la sociedad gaditana "donde se mantuvo viva la llama de la libertad. La sociedad gaditana animó y acompañó a estos hombres de Estado con su apoyo y colaboración", comparando este esfuerzo de diálogo con el que décadas más tarde, en 1978, otro grupo de españoles realizaron para confeccionar la Carta Magna hoy aún vigente.

Una mención de la historia reciente que el Rey enlazó con los tiempos actuales, tan complicados por la crisis: "En la labor de Cádiz, realizada en un difícil trance histórico, podemos encontrar la referencia y la inspiración necesaria para afrontar las serias dificultades por las que nuestro país atraviesa en la actualidad".

En su discurso el Rey no dejó pasar "la dimensión y la vocación iberoamericana" de la Constitución, que fue elaborada por diputados de ambos hemisferios. "Fue un referente clave y de gran influencia para los nuevos estados independientes iberoamericanos. Una familia de pueblos que comparte un rico acervo de vínculos históricos, de idiomas, afinidades culturales y, sobre todo, de principios y valores entre los que destacan aquellos que comenzaron a forjarse en 1812".

Y concluyó: "En esta bella ciudad se abrió la puerta de la España moderna y democrática. Aquí se situó el punto de arranque del largo recorrido hacia nuestro Estado de Derecho. En este primer Parlamento nacional, que el ilustrado Jovellanos calificó como "el Congreso más grande, libre y respetable que pudo concebirse. Sepamos seguir avanzando, con la inspiración de los grandes logros del pasado, a favor de la unidad, la libertad y el bienestar de todos los españoles".

Antes de las palabras del Rey intervino el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien no dudó en trasladar a la situación política y económica de la España de 2012, la realidad de 1812: "Los constitucionalistas gaditanos nos enseñaron que en tiempos de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas, sino la dimensión y la valentía para hacerlas. Los españoles siempre hemos sabido reaccionar con admirable fortaleza y determinación, apartando nuestras diferencias y fusionando nuestros talentos y virtudes".

Destacó de los diputados que se reunieron en San Fernando y Cádiz la capacidad "para dar lo mejor de sí mismo, dando forma a la causa de la libertad", convirtiendo a Cádiz en la ciudad de la utopía y vanguardia del conocimiento. "Cádiz creció a lo alto y se convirtió en la brújula de la Europa liberal", afirmó el jefe del Ejecutivo.

Habló también de la vocación atlántica de la Carta Magna, destacando que su texto tuvo un alcance "verdaderamente global y redactado en lengua española". Y en cuanto a la visión española del mismo, aunque asumió que los doceañistas no inventaron la Nación sí alentaron el significado contemporáneo del término. "A partir de ella, la libertad asumió el papel reformista y los españoles pasaron a convertirse en verdaderos ciudadanos".

En el solemne acto, celebrado en un esplendoroso Oratorio con una profusa representación de banderas de los estados americanos, también intervinieron los presidentes del Congreso y el Senado.

Jesús Posada, presidente de la Cámara Baja, afirmó que en 1812 "España inició el camino hacia la instauración del Estado de Derecho, simbolizando también nuestra identidad nacional, con una profunda transformación social y política". Consideró que esta celebración suponía el momento oportuno para reafirmar valores inspirados en el Cádiz de 1812: la nueva concepción del orden político, la apuesta firme por el Estado de Derecho como imperio de las ideas y el marco estable de la convivencia de todos los españoles.

Junto a todo ello, Posada concluyó ensalzando la figura de don Juan Carlos. Le agradeció su "dedicación y entrega al servicio de España", posibilitando "en los últimos 36 años el funcionamiento democrático de nuestras instituciones".

Finalmente, el presidente del Senado, Pío García Escudero, afirmó que "somos lo que somos gracias a que nuestros antepasados jamás desfallecieron en sus propósitos, a pesar de las dificultades", destacando que la Constitución de Cádiz "será siempre un mito porque sentó las bases para un futuro de libertad, paz y prosperidad", considerando que "lo esencial de 1812 está en la Constitución de 1978" y que ahora, en estos tiempos difíciles, "hay que renovar el firme compromiso con estos valores".

Las palabras del Rey cerraron un acto que apenas se alargó durante media hora.

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