El 'harakiri' suave de la vieja guardia

Alo mejor hasta han asumido lo de la renovación, que es ese decapado que siempre se le exige al partido contrincante. El óxido en el ojo ajeno. El 18 de noviembre de 1976 fue el día del suspiro de Adolfo Suárez, quizás el hito más trascendental de la Transición española. Suárez, con el fondo azul del banco de sus torturas, inclinó la cabeza, cerró los ojos como esperando la guillotina, y, al oír el resultado de la votación, miró y suspiró hacia arriba: las Cortes franquistas habían aprobado la Ley de Reforma Política por mayoría absoluta. Fue el harakiri del régimen, su autodisolución contenida en cinco breves artículos que prologaban una Constitución democrática, la ruptura con el pasado protagonizada por sus propios actores: sólo 59 procuradores votaron en contra.

Las renovaciones casi siempre se han producido a base de rempujones, pero es mejor pilotarlas desde dentro, quizás por aquel aserto del joven sobrino del Príncipe de Salina cuando le alumbró a su tío: "Es necesario que todo cambie para que todo siga igual". Que todo siga igual no significa ahora el estancamiento de un régimen ni la eternización de una clase, sino que el PSOE andaluz siga ganando las elecciones. Pues aunque no se lo terminen de creer, en eso andan los socialistas andaluces: en el harakiri suave, la renovación entreverada.

Hace menos de un año, Luis Pizarro, hoy vicesecretario general del PSOE y consejero de Gobernación, se reunía en un reservado del Hotel Inglaterra de Sevilla con tres periodistas. Discreto, como el que deja el comentario al albur de la astucia de sus interlocutores, les dijo: "Griñán es el hombre". Hoy, en la entrevista que Francisco Sánchez Zambrano publica en este diario, Pizarro revela: "Yo ya sabía hace un año que Manuel Chaves no sería candidato". Las piezas del puzzle con las que se pronostica el futuro político nunca encajan, pero el mecanismo que entonces puso en marcha Pizarro y José Antonio Griñán, con el apoyo claro de Manuel Chaves, ha concluido con éxito. Pero esto no finaliza aquí: posiblemente, Manuel Chaves no se vuelva a presentar a la Secretaría General del PSOE andaluz en 2012 y Pizarro lo acompañará en su retirada. Otro alto dirigente socialista lo comentó bajo un telón de discreción que hoy puede levantarse: "Nosotros nos vamos marchando". Quizás haya sido eso lo que realmente haya determinado la salida de Gaspar Zarrías del Gobierno andaluz: que Gaspar, que no llega a los 60 años, como Griñán, Pizarro y Chaves, no asumió que lo del cambio también iba por él. Fue consejero de la Presidencia en tiempos de Rodríguez de la Borbolla. "Cuando nosotros llegamos, él ya estaba allí", comentó un dirigente a este medio.

Pero el verdadero promotor del cambio no es andaluz, es José Luis Rodríguez Zapatero. Pizarro y Griñán son los pilotos, y Chaves, el sacrificado. Un vicepresidente con cartera pero con los bolsillos vacíos con un mandato presidencial: "Manolo, arregla España". Y nombrar a España en España siempre significa lo mismo: el laberinto territorial.

El flamante presidente de la Junta también presentará su candidatura en las autonómicas del año 2012, con la intención de ganarlas, claro, pero la impronta del cambio ya la ha dejado en su Gobierno. Y no es que haya delfines oficiales -en esto, no hay nada mejor como mostrar cierto desinterés, como hizo Griñán en el último año-, pero ahí están los Martín Soler, Juan Espadas, Mar Moreno y María Jesús Montero. Y en el partido los Rafael Velasco, Pilar Navarro, Verónica Pérez.

Éste es el puzzle, aunque, como siempre en política, las piezas terminan dibujando futuros diferentes. Pero a veces, y sólo a veces, no.

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