Y un buen día no regresó

  • La historia que hay detrás de algunas de las desapariciones más enigmáticas en la comunidad · La Policía desconoce el paradero de más de mil personas a las que se vio por última vez en Andalucía

Nada volvió a crecer en la tierra cuando Demeter perdió a su hija, Perséfone, la diosa del inframundo. Demeter buscó y buscó y en su desolación creció el invierno. Perséfone, la primera desaparición.

Un adolescente mira desde la pantalla de la web sosdesaparecidos.com. El adolescente tiene ahora 47 años y la foto es la última que le tomaron en Los Barrios, su pueblo, en 1977. Luego se marchó. Es Francisco Román, uno de los desaparecidos que está en el banco de datos de la asociación de familiares de desaparecidos Inter SOS. Hasta hace poco, en un listado policial también estaba el nombre de Jenaro Jiménez, un gaditano que debió pensar que todo había salido mal y que lo mejor era empezar de nuevo. Jenaro apareció hace diez días en Barajas. Su fuga acabó. La de Francisco Román, no.

Su hermana pequeña, Milagros, prefiere no fabular teorías. Sabe lo que sabe, que en 1977 su familia de ocho hermanos vivía una época difícil, que Francisco intentó fugarse varias veces, que una de esas veces un coche lo atropelló y que, con la cojera de ese accidente, un día desapareció. "Era travieso, inquieto y sí, quería marcharse, pero cuesta entender... Sólo una vez recibimos una carta, no mucho después de su fuga. Decía que estaba bien".

El peregrinaje de su madre empieza ahí. La foto de Francisco aparece en todos los medios, cuando la televisión no era una traca de disparates. Reciben decenas de pistas falsas y la madre de Milagros acude a cada uno de los sitios donde dicen haberle visto. No está en ninguno. Por supuesto, va al programa de Paco Lobatón, Quién sabe dónde, el gran pelotazo televisivo de los 90. Nada. Milagros no se resigna. "Aún confiamos en que aparezca y nos cuente su historia".

Otras familias prefieren dejar que el destino decida. La madre de un joven barbateño de 30 años desaparecido hace cinco años no quiere ni que aparezca el nombre ni la foto de su hijo. "Es algo que forma parte de nuestra vida privada y de la de mi hijo". Como ellos, muchos otros huyen de la voracidad de los medios, no quieren exponerse en los escaparates.

Un hombre de El Puerto, Celestino, de 56 años, fue a trabajar por última vez en junio del año 2000. Cuando terminó su jornada laboral cogió su coche, pero nunca llegó a casa. Su familia aún le busca, pero no hay números de teléfono en la página de Inter SOS, que gestionaría cualquier dato sobre su paradero. Es de suponer que han intentado rehacer su vida, en la medida de lo posible, sin él.

Sus historias están ahí, como otras 9.000, que son el número de personas 'evaporadas' en nuestro país y cuyas denuncias siguen vivas, 1.700 de ellas en Andalucía. Esta cifra, ofrecida por Inter SOS, es engañosa, ya que casi 900 en Andalucía son denuncias sobre extranjeros que huyen de centros donde esperaban la repatriación. Los que preocupan a la brigada especial de personas desaparecidas son un centenar, desapariciones extrañas e injustificadas detrás de las cuales puede haber un crimen. De esos cien casos, quince tienen su origen en Andalucía.

A cualquier policía relacionado con estos casos que se le pregunte cuál es la gran historia, qué desaparición ha desconcertado más, rápidamente se menciona la del niño pintor de Málaga, David Guerrero. "Se esfumó, se lo tragó la tierra". Un niño de trece años con gran talento para la pintura acude el 6 de abril de 1987 a un momento especial: la exposición de su primera obra en una galería de renombre en Málaga. Ya está, ahí se acaba la historia. Nadie le vio, nadie supo lo que pasó. Su madre, en el veinte aniversario, parecía agotada. "Ya no confío en que nos vea, no me imagino lo grande que es el mundo". El niño pintor tendría hoy 37 años. ¿Habrá seguido pintando? "Una desaparición limpia, muy limpia", resume la Policía.

Luego está el caso de Josue Monge, de Dos Hermanas, también de 13 años. Desapareció con una mochila cuando iba a jugar a la Play con un amigo en abril de 2006. Sería una desaparición como muchas otras si no fuera porque su padre desapareció catorce días después. Dijo que iba a buscarlo, llamó los siguientes días y luego no llamó más. Podría ser una de las numerosas "desapariciones parentales", padres y madres que se llevan hijos para no litigar. Sea lo que sea, no hay rastro ni del padre ni del hijo. A la madre le estremece todavía el encuentro con un niño desconocido que decía ser Josue. "Mamá, ¿no me reconoces?". "Tú no eres Josue". "Es que he cambiado un poco". Era un chico que se había escapado de un centro de menores de Málaga. Quiso ser Josue.

Con un círculo rojo en la comisaría central de Madrid está el rostro de una chiquilla que hoy no sería tan chiquilla. María Teresa Fernández desapareció en Motril en 2000. Poco después fueron asesinadas Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes. El detenido por el caso, Tony Alexander King, señaló a su compinche como autor de un crimen no catalogado porque no existe el cuerpo. Los padres de Maritere esperan que algún día aparezca viva, como lo piensan los familiares de Amy Fitzpatrick, una irlandesa de 15 años desaparecida en Mijas el primer día de 2008.

Juan Bergua, un linense que reside en Barcelona, no ve a su hija desde hace quince años, cuando ella tenía 17. Salió de casa y no volvió. Bergua es uno de los fundadores de Inter SOS. Se le quiebra la voz cuando habla de su hija. "A mi hija también la buscaron en los vertederos, como a Marta del Castillo". Bergua cuenta la sensación de quienes pierden a un ser querido sin rendirle duelo. "Siempre queda la esperanza, por débil que ésta sea. No puedes rehacerte porque ella siempre está presente".

Desde que empezó a funcionar Inter SOS, en 1995, han pasado por la asociación 205 familias. Sólo se aceptan casos inexplicables. "Ancianos con Alzheimer o mujeres maltratadas que escapan, que son casos relativamente comunes, tienen otros cauces". En la actualidad Inter SOS tiene 57 casos inexplicables. Hasta llegar a los 205, hay 148 que han encontrado explicación, la mayoría de ellos la muerte. Otros 35 han tenido 'apariciones'. El último ha sido el de una chica de Medina Sidonia, cuyo paradero se descubrió al irse a renovar el DNI en Gran Canaria. Se fue, simplemente, y no quiso mirar atrás.

Ahora las fuerzas de seguridad trabajan con una única base de datos y un registro del ADN de desaparecidos. Las renovaciones de DNI, como el caso de la chica de Medina, son la fórmula habitual con la que se da con "los que se fueron a por tabaco". Desgraciadamente, 'los que se fueron a por tabaco', como lo define un policía, son los menos. Cada año en España se denuncian 13.000 desapariciones. La mayoría se resuelve. Son adolescentes que pegan el portazo, como el último caso que ha generado alarma en Algeciras, un joven de 22 años que apareció a la semana en una piscina municipal; o ancianos con Alzheimer que se pierden y aparecen desorientados, o no aparecen, como Lucía, una mujer de Sanlúcar de 75 años, a la que se vio por última vez en marzo de 2008. Está en ese extraño agujero negro donde entran los viajeros hacia el silencio, hacia el inframundo de Perséfone.

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